Marruecos construye un nuevo muro en el Sáhara Occidental para rodear El Aaiún

Publicado: abril 26, 2016 en 1- NEWS

(Equipe Média).- Del 17 de marzo al 13 de abril, una empresa marroquí vasalla de las autoridades de ocupación ha construido un muro de 4 km. de largo en El Aaiún, rodeando el barrio periférico del 25 de Marzo, al este de El Aaiún, desde una distancia de 500 m.

Según informaciones recogidas por Équipe Média (grupo de información saharaui), este tramo es el primero de un muro destinado a rodear toda la ciudad, que sería de 20 a 25 km. de perímetro.

El muro, de 1,70 m. de alto y 2 metros de ancho, va de la banda del Oued Essaguia hasta el punto de control situado en la carretera entre El Aaiún y Smara ocupadas. Ha sido construido con arena y rocas por la sociedad Omar Sbayou, que ha movilizado para las obras a 60 obreros, 4 bulldozers Poclain y 6 camiones.

El responsable, Omar Sbayou, es un antiguo elemento del ejército marroquí encargado de las detenciones de civiles saharauis, convertido en un hombre de negocios muy rico en el Sahara Occidental. Sus obreros son colonos marroquíes.

Las tierras por las que pasa el muro pertenecen a la comuna. Las autoridades de ocupación han decidido construir el muro sin ninguna consulta al pueblo saharaui, propietario legítimo de la tierra. Ninguna valla o cartel informa al público de la Wilaya, de la misma manera que los medios autorizados por el colonizador tampoco informan. Manteniéndose en el anonimato, algunos periodistas saharauis reconocidos por las autoridades de ocupación han admitido disponer de la información, pero con la prohibición de la Wilaya de difundirla.

El muro tiene consecuencias sobre la libre circulación de los ciudadanos saharauis y sujetos marroquíes, pero sobre todo va a obstaculizar el paso de las familias de beduinos saharauis con sus rebaños.

Es un muro similar al que el ejército marroquí construyó alrededor del campo de protesta de Gdeim Izik en 2010, para poder controlar a los veinte mil saharauis desplazados hasta allí en señal de protesta contra sus condiciones de vida tan mediocres.

En 1975 y en los siguientes años tras la invasión y la ocupación militar de una parte del Sahara Occidental, Marruecos construyó muros alrededor de todas las ciudades ocupadas para impedir a los ciudadanos saharauis que huyeran hacia los campos de refugiados, y también para proteger a sus colonos y los intereses de estos dentro de las ciudades. Estos muros no habían sido objeto de ningún mantenimiento tras la construcción de casas en barrios periféricos por colonos marroquíes, y fueron destruidos paulatinamente por el viento.

El muro actual, construido en un especial contexto internacional, levanta inquietud entre numerosos saharauis. Tras la anulación por la Corte Europea de Justicia, en diciembre de 2015, del Acuerdo agrícola de libre cambio UE-Marruecos por ser de aplicación en las zonas ocupadas, y la ruptura de relaciones diplomáticas entre estos dos protagonistas, más la visita del Secretario General de la ONU a los campamentos con la consecuencia de la expulsión por Marruecos de los agentes de la ONU para el mantenimiento de la paz en el territorio ocupado, el aislamiento de la región permite temer la multiplicación de la violencia en un espacio hermético.

Un muro de 2700 kilómetros divide el Sáhara Occidental

Marruecos construyó en el Sáhara Occidental en los años 80 un muro de más de 2700 kilómetros que divide en dos la excolonia española. Estos son algunos aspectos de esta construcción que separado al pueblo saharaui, según la Campaña internacional  contra el muro:

Con el objetivo de frenar los ataques del ejército saharaui, el Rey Hassan II de Marruecos, y con la ayuda–según varias fuentes–de consejeros militares franceses, estadounidenses e israelíes, ordenó construir una inmensa línea de muros defensivos cuya construcción duró siete años.

La construcción se llevó a cabo progresivamente en 6 fases, cada una de las cuales ampliaba el territorio ocupado por el ejército marroquí. Entre agosto de 1980 y abril de 1987 fueron construidos seis muros de diferentes longitudes. Con la construcción del 6º muro, se estableció una larga línea de fortificaciones que en total tiene una longitud de aproximadamente 2720 kilómetros y se extiende desde el sur de Marruecos hasta el extremo sur-occidental del Sahara Occidental. Se considera “el mayor obstáculo militar operativo del mundo” según algunos analistas internacionales.

El muro es un conjunto de muros de arena y piedra de entre dos y tres metros de altura, y se extiende a lo largo de puntos topográficos elevados (como picos y montes) en todo el territorio saharaui. Está protegido por bunkers, zanjas, parapetos, trincheras, alambradas, minas y sistemas electrónicos de detección y defendido por más de 160.000 soldados marroquíes. Cada 5 kilómetros del muro hay una base militar de alrededor de 100 soldados. Cerca de cuatro kilómetros detrás de cada punto de observación hay un puesto ocupado por una fuerza móvil de intervención rápida (con vehículos blindados, tanques, etc.) Distintos grupos de radares fijos y móviles, de un alcance de entre 60 y 80 kilómetros, están colocados a lo largo del muro. Según algunas fuentes, Marruecos gasta 2 millones de dólares diariamente para mantener el muro.

Desde que fue construido a partir de los años ochenta, el muro ha tenido muchas consecuencias adversas sobre varios aspectos de la vida del pueblo saharaui.

Respecto a sus consecuencias políticas y legales, el muro aísla y separa los territorios ocupados de las zonas liberadas y de todo el mundo. También sirve para consolidar la ocupación del territorio como un hecho irreversible y crear un “hecho consumado” sobre el terreno al mismo tiempo en el que Marruecos afirma que tiene el control completo sobre el Sáhara Occidental negando así la existencia de territorios liberados administrados por el Frente POLISARIO y la República Saharaui (RASD).

En cuanto a su impacto humanitario, social, cultural y psicológico, el muro marroquí es un muro de separación por excelencia porque daña el tejido social de la sociedad saharaui y divide las familias saharauis entre las zonas ocupadas y los campamentos de refugiados en el suroeste de Argelia. Las minas ponen en peligro el estilo de vida saharaui tradicional ligado al desierto e impiden que las familias saharauis separadas transmitan a sus hijos las tradiciones y los valores culturales propios de su sociedad. El muro también convierte las zonas ocupadas en una gran prisión en la que se practican de modo sistemático y con impunidad todas las formas de represión física y psicológica.

Respecto a su impacto sobre la seguridad, el muro representa una amenaza continua a la seguridad debido a los 7 millones de minas sembradas a lo largo del muro además de grandes cantidades de restos explosivos de guerra y municiones en racimo. Asimismo, la implicación de los militares marroquíes en el contrabando de mercancías prohibidas y tráfico de drogas así como la inmigración ilegal desde y hacia los territorios ocupados constituye una seria amenaza para la seguridad de toda la región.

En lo que se refiere a su impacto medioambiental, la construcción del muro y la infraestructura que contiene han llevado a profundas alteraciones en la superficie de la tierra que se ha hecho más vulnerable ante la erosión del viento y el estancamiento de agua. Debido a su estructura, el muro funciona como una gran barrera que impide el flujo de agua hacia las zonas que están al sureste del muro, como demuestra esta imagen de satélite. Esta situación ha aumentado la desertificación en la zona de modo que tendrá un impacto a largo plazo en el ecosistema de toda la región.

El muro marroquí en el Sáhara Occidental es claramente ilegal porque supone la anexión de facto del territorio saharaui por parte de la potencia ocupante, Marruecos, lo que está prohibido bajo las leyes del derecho internacional humanitario. Es también ilegal a causa de su devastador impacto político, legal, humanitario, social, cultural, económico y medioambiental sobre la población saharaui.

Según la ONG británica Action on Armed Violence, el Sáhara Occidental sigue siendo “uno de los territorios más minados del mundo”. Se calcula que hay más de 7 millones de minas en todo el territorio además de grandes cantidades de restos explosivos de guerra y municiones en racimo. La mayor parte de las minas están enterradas a lo largo del muro, sobre todo en la zona que está al sureste del muro, que se considera el campo de minas continuo más largo del mundo. La fuerza destructiva de las minas afecta directamente a la población civil, especialmente a los niños, que cada año sufren lesiones, amputaciones y muerte por accidentes relacionados con las minas y restos explosivos de guerra.

Frente Polisario pide mediación rusa en el conflicto del Sáhara Occidental

El Frente Polisario pidió a Rusia que se incorpore a las gestiones internacionales para poner fin al problema del Sáhara Occidental. “Hemos llegado a Moscú para exhortar a Rusia, miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, a que se sume a los esfuerzos internacionales para solucionar el problema saharaui”, dijo Emhammed Khaddad, representante del movimiento y coordinador para la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso).

El dirigente informó que se reunió en Moscú con el viceministro de Exteriores, Mijaíl Bogdánov, representante del presidente ruso para Oriente Medio y África.

El Sáhara Occidental es un territorio en el noreste de África, que fue una colonia española desde 1884. En 1973 en el territorio se formó el Frente Polisario.

En 1975, España, presionada por Marruecos y Mauritania, firmó un acuerdo para el traspaso de la parte norte del Sáhara Occidental a la jurisdicción de Marruecos y de la parte sur, a la de Mauritania.

Un año después, el Frente Polisario proclamó la creación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), que fue reconocida en diversas épocas por decenas de países, pero la ONU se niega a reconocerla como tampoco reconoce su anexión por Marruecos y exige celebrar un referendo de autodeterminación, también lo quiere el Frente Polisario, aunque Marruecos insiste en una autonomía.

El Consejo de Seguridad instituyó en 1991 la Misión de las Naciones Unidas para el Referendo del Sáhara Occidental, cuyo mandato se prorroga desde entonces y que está facultada para supervisar el acatamiento del alto del fuego en la región.

En marzo de este año el personal civil de la Misión abandonó la zona, a instancias del Gobierno de Marruecos, tras una escalada de la tensión entre Rabat y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

La situación se agudizó después de que Ban tachara de “ocupación” la presencia de Marruecos en el Sáhara Occidental durante una visita a un campo de refugiados saharauis en el norte de Argelia. Las declaraciones del secretario general de la ONU generaron la protesta enérgica de Marruecos y una manifestación multitudinaria en la capital del país.

ELESPIADIGITAL.COM

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