La nueva Europa oriental: El proyecto atlantista

Publicado: mayo 28, 2016 en 1- NEWS

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Por Alexandr Bovdunov

Todos los proyectos dirigidos a integrar a los países de la CEI en estructuras atlantistas puede generalizarse bajo la categoría del meta-proyecto para la “nueva Europa oriental”. La conceptualización más completa de esta “nueva Europa oriental” se presentó en la colección publicada por el Centro para las Relaciones Transatlánticas en Washington. El título completo de esta colección es, La nueva Europa oriental: Ucrania, Bielorrusia y Moldavia, por si misma especifica la zona para expandir el discurso sobre “Europa oriental”, que está ensanchado para incluir el flanco occidental de la CEI, esto es, los países que Rusia considera que están tradicionalmente en su propia zona de influencia ya que esta área afecta seriamente a sus intereses nacionales. Estos países, junto con otros miembros de la CEI, son considerados como los “extranjeros cercanos” y según los instrumentos fundamentales de política exterior indicadas en el Concepto de Política Exterior Rusa (2008 y 2013) y la Estrategia de Seguridad Nacional hasta 2020 (2009), estas son de la más alta prioridad para la Federación de Rusia.

Los editores de cabecera de La Nueva Europa Oriental: Ucrania, Bielorrusia y Moldavia, D.Hamilton y G.Mangott, apuntan que estos “nuevos países de Europa oriental” carecen de una identidad nacional estable (un tema en el que no hay consenso en estos estados) y ninguna tradición de estatalidad propia que podría afectar negativamente los procesos de construcción del estado en esta región. [i] G.Mangott de forma muy importante declara que: “La nueva Europa oriental no existe – es lo que hagan de ella los actores externos”. [ii] En su opinión, la superación de la actual inestabilidad de estos estados requiere que la “nueva Europa oriental” siga el mismo camino que los “originales” estados europeos del este siguieron hace algún tiempo, esto es, la adopción de los valores liberales occidentales como suyos, institucionalizando plenamente el típico sistema legal y político europeo, y adaptar sus economías a los principios del libre mercado. En esta perspectiva, ucranianos, bielorrusos y moldavos deberían convertirse en europeos ejemplares en un sentido socio-cultural, legal, político y económico.

El hecho de que cada uno de estos estados (excepto Bielorrusia) se hayan trasladado claramente hacia esta dirección desde las declaraciones de independencia en 1991 sin lograr cualquier éxito importante, es ignorado por los expertos occidentales. Mangott urge a los países de la CEI para proceder con el copiado de las normas e instituciones occidentales e incluso sin esperar unirse a la Unión Europea en virtud del simple “hecho” de que estas instituciones son más efectivas [iii]. No es necesario decir que, esta posición es extremadamente ideológica desde el punto de vista geopolítico dado que la geopolítica considera que la exportación de valores ha de ser uno de los métodos de establecimiento de control geopolítico [iv]. Efectivamente, esta posición apunta al establecimiento del control atlantista sobre aquellos países del mismo modo y bajo los mismos lemas que aquello que se realizó en Europa oriental. Desde un punto de vista sociológico, A.Dugin apunta que, “Atlantismo significa valores occidentales, modernización, la occidentalización de la cultura, el liberalismo, la democracia (o dictadura liberal si hay riesgo de que esto conduzca hacia un modelo no-occidental de sociedad), el mercado libre, individualismo, tolerancia, el individuo sobre el ciudadano, cosmopolitanismo, cambios sexuales, y libertad de movimiento, prensa, reunión y manifestación” [v].

Desde el punto de vista de los autores del informe, la expansión de la OTAN en la “nueva Europa oriental” beneficia a la seguridad de aquellos países y consolida su elección civilizacional. La única excepción es la de incluir a Ucrania en la OTAN ya que, como apuntan los autores, la mayoría de la población está en contra de tal posibilidad a pesar de los esfuerzos de la élite gobernante. La inclusión de Ucrania en la OTAN es vista como problemática por Occidente dada la actitud negativa de Rusia hacia semejante posibilidad y la necesidad de resolver el problema de la flota del mar negro en Sebastopol [vi]. Al mismo tiempo, ellos insisten que “la puerta de la OTAN debería mantenerse abierta para Ucrania, y Kiev debería esforzarse por emprender las reformas necesarias para habilitar su membresía”. Los autores mantienen al mismo tiempo que la “nueva Europa oriental” no debería “convertirse en las nuevas fronteras orientales de instituciones euroatlánticas o la frontera occidental de una renovada área hegemónica rusa”. En vez de una elección única entre una identidad oriental u occidental, la postmodernidad permite que la región sea entendida como una que tiene “múltiples identidades, representadas por amplias mayorías de aquellas sociedades, [que] son más bien la norma en esta región que una orientación exclusiva hacia occidente u oriente [vii].

Por un lado, tal posición puede parecer aceptable tanto para los países de Europa oriental como para Rusia. Sin embargo, no deberíamos olvidar que esta posición se basa en la presupuesta infalibilidad y absoluta verdad de las normas occidentales y el sistema socio-cultural occidental que Rusia se cuestiona adoptar. Tal movimiento está cargado con la pérdida de la soberanía geopolítica según confirma la evaluación de la política exterior de Rusia en la década de 1990, especialmente durante la administración de A. Kozyrev como ministro de asuntos exteriores. La misma cosa puede decirse sobre las experiencias de política exterior de la mayoría de países de Europa oriental tras 1989. La posición de los autores es de facto atlantista, aunque suavizada por reservas sobre “la toma en consideración de los intereses rusos”. La retórica pro-OTAN de los textos es la prueba adicional de esto, dado que la Organización del Tratado del Atlántico Norte es una de las organizaciones atlantistas más importantes. Es más, los autores de la “nueva Europa oriental” están poco dispuestos a aceptar constructivamente cualquier intento de Rusia para representarse a sí misma como un poder de cabecera en el espacio post-soviético.

El director del Instituto para las Democracias Transicionales, Bruce Jackson, mantiene una posición más estricta, considerando al territorio de la antigua Unión Soviética como un área de lucha entre las fuerzas de Rusia por un lado, y las “democracias occidentales” por otro. En la evaluación de Jackson, esta es una lucha por la orientación política de los países en el este de Europa, por la influencia económica en estas regiones, y por la extensión de sus respectivos sistemas de alianzas e instituciones multilaterales [viii]. Según él, es una lucha por la democracia contra el “eterno autoritarismo ruso”, Jackson incluso apela a cierto “revisionismo geopolítico”, que significa la represión de Rusia y la reducción fundamental de su presencia militar en la región [ix]. Así es que no sorprende que Jackson y su Instituto de las Democracias Transicionales haya promovido la idea de crear un bloque de estados hostiles confrontándose a Rusia, y confiando principalmente en Europa del este (encabezada por Polonia) y el Cáucaso. Además, según analistas occidentales, Turquía debería unirse también a este bloque [x].

Teniendo esto en mente, también es necesaria la revisión atenta al programa de colaboración oriental de la UE como un proyecto que de forma similar apunta a expandir el discurso a Europa oriental. El partidario más constante de la “colaboración oriental” en relación a los países de la CEI es Polonia (pero sin Rusia). La especialista de cabecera del RISS, E.Jotkova, ha indicado una división peculiar de las responsabilidades apreciables entre los países de Europa oriental: “Polonia está apuntada, ante todo, hacia Ucrania; la república Checa está apuntada hacia los Balcanes occidentales; y Lituania hacia Bielorrusia [xi]”. Debe reconocerse que el programa de colaboración oriental no incluye el acceso total a la UE para los países participantes. Sin embargo, esto implica la institucionalización de la ley de la UE (comunitaria) que incluye numerosas regulaciones concernientes a cosas tales como los tipos de productos para ser producidos, que afectan directamente a los intereses económicos de los países participantes, así como a la reducción de la soberanía de sus sistemas sociales y políticos de acuerdo con la “buena gobernanza”. A cambio de semejante cumplimiento, a los países miembros de la colaboración oriental se les ofreció la inclusión en las “cuatro zonas de libertad” (bienes, servicios, personas y capital [xii]). En esta nota, el anterior presidente de la comisión europea, Romano Prodi, de forma bastante oportuna enfatizó el carácter de esta colaboración como relativa a “todo salvo instituciones” [xiii]. Así, los estados miembros de la colaboración oriental están incluidos de facto en el sistema económico, legal, político, y social de la UE, pero tienen menos derechos que los estados miembros de la UE. A ellos se les exige que institucionalicen las normas de la UE, pero no pueden controlar legalmente su implementación puesto que la UE siempre actúa como “perro de guardia” y “autoridad supervisora” criticando las acciones de estos países. Hay muchos otros factor que dejan la percepción de la “colaboración oriental” como un proyecto imperialista que en efecto hace que los países occidentales de la CEI, dependan directamente del nuevo imperio y no solamente en términos regionales, sino también dentro del rango de sus ambiciones globales [xiv].

La expansión de la UE se correlaciona con el su uso de la retórica anti-rusa en el discurso de política exterior. Las políticas interior y exterior de la Federación de Rusia “se las entiende en el mismo discurso diseñado para crear una imagen de Rusia como anti-Europa, como la parte principal de la presentación que estructura el espacio de expansión de la UE” [xv].

En estricta evaluación de la implementación geopolítica de este proyecto y sus dificultades prácticas, deberíamos considerar la posición del atlantismo en el actual liderazgo de la UE. Incluso antes de la firma de la declaración transatlántica entre la Comunidad Europea y los Estados Unidos en 1990 [xvi], la posición de los partidarios del euro-atlantismo en Europa, esto es, la filosofía geopolítica construida sobre la idea de una reaproximación basada en los valores comunes de la democracia liberal y el reconocimiento de la unidad histórica y cultural de los dos lados del atlántico norte, fue bastante fuerte, y permanece así hasta este día [xvii]. La orientación atlantista de la moderna burocracia europea puede reconocerse en el análisis del discurso del entonces presidente de la comisión europea, J.Barroso, en el foro de Bruselas, el 26 de marzo de 2011 titulada: “Un nuevo atlantismo para el siglo 21” [xviii]. Como apuntó el erudito ruso, L.Savin, el discurso del señor Barroso evidenció su oposición al concepto de un mundo multipolar, pues criticó la visión de que las relaciones transatlánticas de Europa y los EEUU no deberían considerarse como excepcionales por Europa sobre el terreno de los nuevos centros de poder que han aparecido en el mundo. Según el concepto de multipolaridad, esta relación debería considerarse ciertamenet, como algo que no es nada más que una relación entre dos polos de un sistema multipolar. Sin embargo, el director de la comisión europea rechazó tal asignación, y se refirió a la unidad de los valores de la UE y los EEUU, en los motivos que propone desarrollar en la política exterior de la UE. La los EEUU, Europa y Barroso son motores de globalización, con los que se debería cooperar. El director de la comisión europea enfatizó la necesidad de una cooperación transatlántica más dinámica y propuso en un resumen de 6 puntos, la acción conjunta UE-EEUU que enfatiza, ante todo, los esfuerzos conjuntos para cambiar la arquitectura de la cooperación internacional y la creación de un espacio común de seguridad transatlántica [xix].

En comparación, deberíamos apuntar que la colaboración oriental de la UE, ha sido más exitosa que los propios intentos de los Estados Unidos para involucrar directamente a la “nueva Europa oriental” en las estructuras atlantistas. El conflicto irresuelto en transdnistria, la oposición activa a la unión en la OTAN encontrada en Ucrania, y la existencia de un régimen autoritario con política exterior independiente en Bielorrusia han hecho que sea bastante improbable la perspectiva de que estos países se unan a la OTAN en el futuro próximo. E.Jotkova apunta que el fracaso de la política de los EEUU para incluir a los países post-soviéticos en el grupo de Visegrad. El primero de tales fracasos que puede considerarse, es la ralentización del proyecto GUAM (Georgia, Ucrania, Azerbaiyán, Moldavia). En este sentido, el establecimiento de la “Commonwealth de Elección de Democrática” debería considerarse como un intento para integrar a varios países de la CEI y Europa oriental en una organización. Establecidas inmediatamente tras la revolución naranja en Ucrania por iniciativa de los presidentes Viktor Yushchenko y Mikhail Saakashvili, esta organización tuvo su primer congreso en Kiev (2005). Su propósito original fue incitar a la revolución tulipán en Kirguistán después de que tomaran la decisión, basada en los acontecimientos de Ucrania y Georgia, para apoyar a la oposición liberal y otros países de la CEI [xx]. Aunque Kirguistán pronto salió de la lista de potenciales candidatos para la membresía, el foco atlantista en la expansión de las revoluciones democráticas vía “revoluciones de colores” en los países de la CEI, permaneció como la razón de estado de la organización. Al congreso fundacional de la Commonwealth acudieron antiguos funcionarios de Ucrania, Georgia, Estonia, Eslovenia, Macedonia, Letonia, Moldavia, Lituania, Rumanía, Bulgaria, y Polonia. La agenda de las organizaciones participantes declaró que “la Commonwealth apunta a crear una poderosa herramienta para liberar la región mar báltico, mar negro y mar caspio de la confrontación, los conflictos congelados y las violaciones de derechos humanos, que iniciará una nueva era de democracia, seguridad, estabilidad y paz en Europa, desde el atlántico al mar caspio”. Se tomó atención particular a los problemas de la “integración de la región mar báltico-negro-caspio y los Balcanes en las estructuras euro-atlánticas” [xxi]. Desde su fundación, ha habido tres congresos de la Commonwealth, el último se mantuvo en Vilnius en 2006. La organización está actualmente inactiva.

Después de cesar la actividad de la GUAM, así como la actividad de la Commonwealth de la Elección Democrática, cada estado de Europa oriental empezó a jugar su propio papel en la correa de transmisión de la política de los EEUU en la región a nivel individual. Así, en la república checa, se creó en 2004, el departamento de derechos humanos y política de promoción de la transición en el ministerio de asuntos exteriores. En coordinación con la Agencia para el desarrollo internacional de los EEUU (USAID en inglés), el ministro checo de asuntos exteriores ha estado trabajando en la promoción de la democracia en Bosnia y Herzegovina, Moldavia, Serbia, Montenegro y Bielorrusia [xxii]. En Serbia, está activo el centro para la aplicación de acciones y estrategias no violentas (CANVAS en inglés), cuyos fundadores incluyen a antiguos líderes de la organización juvenil serbia, Otpor, que inició la primera revolución de color que condujo al derrocamiento del presidente Yugoslavo, Slobodan Milosevic. CANVAS preparó a activistas de diferentes movimientos juveniles para que desempeñaran tareas en la revolución naranja de Ucrania, y la revolución de las rosas en Georgia [xxiii], los acontecimientos en febrero de 2011 en Egipto, y ahora están trabajando para la preparación de “revolucionarios” para Bielorrusia, Rusia, Myanmar, Venezuela, y Zimbabwe, mientras interactúan activamente con activistas de más de 50 países en todo el mundo. Así, CANVAS, se está convirtiendo en el centro global para la exportación de revoluciones de color [xxiv].

En cuanto a Hungría, el Centro Internacional para la Transición Democrática, fue fundado en la capital, Budapest, con la asistencia del anterior embajador de los EEUU en ese país, M.Palmer. Las actividades de la organización se extendieron no solamente por Europa, sino también por Asia, Iberoamérica, y África [xxv]. Budapest es también la sede de la Universidad Europea Central, del famoso financiador americano y globalista, George Soros, que está involucrado en la preparación de una élite intelectual para Europa oriental y los países de la CEI, incluyendo Rusia [xxvi].

Al mismo tiempo, la escala de los proyectos atlantistas para la reorganización geopolítica de Europa oriental, incluyendo la expansión de la imagen geográfica y política de “Europa oriental” y el acompañamiento de las prácticas gubernamentales de los países de la CEI, involucra fuertemente a los dos países más grandes en la región, con las fronteras más extensas con estados de la CEI y las ambiciones geopolíticas más grandes respaldadas por experiencias históricas específicas: Polonia y Rumanía.

Estos proyectos atlantistas se esfuerzan en la creación de una imagen caricaturizada de Europa oriental en muchas maneras basada de forma declarada en “política de memoria” y “política histórica” que, una vez más, nos retrotrae al problema de las imágenes políticas y geográficas, los discursos relacionados, su contenido, y prácticas discursivas. Por otro lado, se exige que usemos las herramientas del análisis geopolítico tradicional. Así, estos proyectos, así como su implementación, necesitan ser examinadas en otro espacio separado.

Notas:

[i] Hamilton D., Mangott G. The New Eastern Europe: Ukraine, Belarus, Moldova. Baltimore, Maryland: Center for Transatlantic Relations, 2007. P. 1.

[ii] Mangott G.  Deconstructing a Region // Hamilton D., Mangott G. The New Eastern Europe: Ukraine, Belarus, Moldova. Baltimore, Maryland: Center for Transatlantic Relations, 2007. P. 261.

[iii] Ibid. P. 262-265

[iv] Дугин А.Г. Неоатлантизм как концепт / Дугин А.Г. (ред.) Левиафан. Материалы семинара «Геополитика/ Геостратегия». М., 2011. С. 67; См. также: Dima N. Culture, Religion, and Geopolitics. N.Y., 2010. P. 61.

[v] Дугин А.Г. Неоатлантизм как концепт / Дугин А.Г. (ред.) Левиафан. Материалы семинара «Геополитика/ Геостратегия». М., 2011. С. 67.

[vi] Larrabee F.S. Ukraine and NATO / Hamilton D., Mangott G. The New Eastern Europe: Ukraine, Belarus, Moldova. Baltimore, Maryland: Center for Transatlantic Relations, 2007. P. 239-260.

[vii] Mangott G.  Deconstructing a Region / Hamilton D., Mangott G. The New Eastern Europe: Ukraine, Belarus, Moldova. Baltimore, Maryland: Center for Transatlantic Relations, 2007. P. 276.

[viii] Jackson B. The Soft War for Europe’s East  / Ronald D. Asmus, Next Steps in Forging a Euroatlantic Strategy for the Wider Black Sea. Washington, DC: The German Marshall Fund of the United States, 2006. P. 101–11.

[ix] Ibid.

[x] Хотькова Э.С. Эволюция отношений США со странами Центральной и Восточной Европы // Проблемы национальной стратегии. 2009. №1. С. 24.

[xi] Ibid. P. 13

[xii] European Union. External Action. Eastern Parthnership. [Электронный ресурс] URL: http://www.eeas.europa.eu/eastern/index_en.htm (дата обращения – 02.10.2011).

[xiii] Chilos  А. The European Union and its neighbors: “Everything but institutions” [Электронный ресурс]URL: http://mpra.ub.uni-muenchen.de/925/1/MPRA_paper_925.pdf (дата обращения – 20.08.2011).

[xiv] See: Engel-Di Mauro S. The European’s burden: global imperialism in EU expansion. N.Y.: Peter Lang, 2006.

[xv] Фоминых Ф.И. Расширение ЕС на восток: стратегия, проблемы, последствия для России. Диссер. на соиск. уч. степени кандидата полит. наук. М., 2008. С.178.

[xvi] United States Mission to the European Union. Transatlantic declaration of 1990. [Электронный ресурс]URL: http://useu.usmission.gov/ta_declaration.html (дата обращения – 20.08.2011).

[xvii] Савин Л.В. Неоатлантизм в Европе / Дугин А.Г. Лефиафан. Материалы семинара «Геополитика/ Геостратегия». М., 2011. С. 81-90.

[xviii] José Manuel Durão Barroso President of the European Commission . A NEW ATLANTICISM FOR THE 21ST CENTURY Brussels Forum 2010 Brussels, 26 March 2010. [Электронный ресурс] URL: http://europa.eu/rapid/pressReleasesAction.do?reference=SPEECH/10/135&format=HTML&aged=0&language=EN&guiLanguage=en (дата доступа  – 19.08.2011).

[xix] Савин Л.В. Неоатлантизм в Европе / Дугин А.Г. Лефиафан. Материалы семинара «Геополитика/ Геостратегия». М., 2011. С. 89.

[xx] РИА-Новости: Украина и Грузия предложили Киргизии присоединиться к своей коалиции. [Электронный ресурс]. URL: http://www.rian.ru/politics/20050331/39600139-print.html (дата обращения – 21.09. 2010).

[xxi] Цит. по  Станет ли Содружество демократического выбора альтернативой СНГ: Портал социально-демократической политики. [Электронный ресурс] URL: http://www.psdp.ru/problem/104628679 (дата доступа –  19.08.2011)

[xxii] Хотькова Э.С. Эволюция отношений США со странами Центральной и Восточной Европы // Проблемы национальной стратегии. 2009. №1. С.16

[xxiii] См.: Терновая Л.О., Николаев К.В. Студенческие революции: социально-инновационный прорыв. М.: Интердиалект+, 2009. С. 239-259.

[xxiv] Rosenberg T. Revolution-U. What Egipt learned from the students, who overthrew Milosevic. Foreign Policy. Electronic Issue [Электронный ресурс] URL: http://www.foreignpolicy.com/articles/2011/02/16/revolution_u?page=0,0 (дата доступа – 17.08.2011).

[xxv] Хотькова Э.С. Эволюция отношений США со странами Центральной и Восточной Европы // Проблемы национальной стратегии. 2009. №1. С. 16.

[xxvi] Central European University. About. [Электронный ресурс] URL: http://www.ceu.hu/about (дата доступа – 15.08 2011)

Fuente: Katehon

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