China disputa la hegemonía del oro a EU

Publicado: julio 13, 2017 en 1- NEWS

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Alfredo Jalife

Entre las causales de la inevitabilidad de la próxima guerra de Estados Unidos y China, según la visión americanocentrista del controvertido politólogo Graham Allison, de Harvard, en su polémico, sesgado y fatalista libro Destinados a la guerra: ¿pueden Estados Unidos y China escapar a la trampa de Tucídides? (https://goo.gl/bSyEvf)?, no viene citada la guerra geofinanciera ya desatada entre ambas superpotencias, en la que el oro juega un papel relevante para desbancar al dólar de su tambaleante trono.

No es novedad alguna la guerra aurífera de la dupla anglosajona de Estados Unidos y Gran Bretaña contra China y Rusia, la cual se subsume en la guerra geofinanciera global en la que las plazas de Wall Street y la City todavía presumen la otrora hegemonía unipolar financierista de Estados Unidos, a quien le queda su dólar como arma de disuasión masiva, más por ausencia de válidos competidores que por virtudes propias.

Estados Unidos y Gran Bretaña (ésta en particular) han intensificado su guerra aurífera mediante la abrupta liquidación de sus reservas, con el fin de apuntalar al dólar estadunidense y a la libra esterlina (caso perdido con el Brexit y su terrorismo doméstico). La liquidación de las reservas de oro de Gran Bretaña en plena crisis de 2008 por el ex primer ministro –fundamentalista neoliberal con máscara socialista– Gordon Brown, fue un tremendo desastre.

Cuando las sociedades de Estados Unidos y Gran Bretaña implosionan debido a los estragos, entre otras variantes, de la cataclísmica globalización financierista, China se pertrecha con mayores reservas de oro, que se prepara a descolgar en el trayecto (literal) de su mirífico proyecto de la nueva Ruta de la Seda (OBOR, por sus siglas en inglés), a juicio de Zi Yang, consultor chino educado en universidades de Estados Unidos (https://goo.gl/RMFBTq).

La conexión de OBOR no es sólo textil, geoeconómica y geopolítica, sino también comporta un relevante vector geofinanciero que le procura su divisa cada vez más internacionalizada, el renminbi, y las exploraciones por las gigantes mineras chinas que ayudarán a Pekín a cerrar la brecha con las supuestas reservas de Estados Unidos en Fort Knox, cuya existencia ha sido puesta en duda por el ex congresista texano Ron Paul, quien desde hace mucho exige una auditoría para conocer con certeza las tenencias de la Reserva Federal.

La nueva Ruta de la Seda puede representar el equivalente histórico de la cruzada por el oro en 1848 en California; por cierto, arrebatada a México por Estados Unidos, de lo cual ni siquiera han de estar enterados los itamitas que lo han despedazado deliberadamente y que, apuesto, no han visitado el Museo de las Intervenciones en Churubusco.

El oro de la Ruta de la Seda tiene menor costo que las inmensas reservas de China. Yang aduce que es difícil señalar con precisión las reservas exactas (sic) de China, que considera el oro activo estratégico, por lo que el gobierno no publica los datos de su comercio aurífero. No sólo la Reserva Federal de Estados Unidos engaña con sus supuestas tenencias de oro, sino que también el banco central chino lo imita en sus ocultaciones en el póquer de cartas cerradas del inasible mercado aurífero.

Según las estimaciones del Consejo Mundial del Oro en 2016, China detenta mil 843 toneladas y tiene como objetivo rebasar las de Estados Unidos, que se encuentran en 8 mil 133.46 toneladas. A ese ritmo gradual y prudente –quizá para no disparar su precio en el mercado manipulado por la banca Rothschild en la City– le tomará muchos años a China rebasar a Estados Unidos. En forma impactante, en 2016 China importó más de mil 300 toneladas, mientras su producción doméstica fue de 453 toneladas. Cualquiera que haya viajado a China, India e Irán se habrá percatado del culto icónico de sus poblaciones por el oro y la plata.

En China el año pasado la demanda de los consumidores fue por 975 toneladas, mientras la demanda institucional fue de 778 toneladas. Más allá de sus reservas, esta nación ostenta sustanciales depósitos auríferos –alrededor de 11 mil 563.46 toneladas, en 2015–, pero sus mineras alegan que su extracción será muy costosa. De todas maneras, llama la atención que más de la mitad de su consumo aurífero provenga de sus importaciones, que quizá consideren se encuentra muy accesible antes de que se detone su precio. Lo relevante hoy radica en que las mineras chinas estén dispuestas a sacar provecho del proyecto y trayecto de la nueva Ruta de la Seda, que derrumbará barreras y expandirá las zonas libres comerciales.

Según la Asociación de Oro de China, los países que forman parte de la nueva Ruta de la Seda detentan reservas por 23 mil 600 toneladas: ¡42 por ciento del total mundial! Más aún: los países del OBOR producen mil 150 toneladas al año: ¡36 por ciento del total global! A ese ritmo, sólo fuera de China se calcula que los países del OBOR rebasarán a Estados Unidos de cinco a 10 años, lo cual provocará un choque monetario global y el inicio del fin del caduco sistema dolarcéntrico, que correrá la misma triste suerte que su progenitora: la libra esterlina.

Yang expone la penetración de la principal minera china Zijin, que ha invertido hasta ahora cerca de 2 mil millones de dólares en varios países: Tajikistán, Kirguistán, en Tuva (Rusia), Sudáfrica, República Democrática del Congo, Australia, Papúa Nueva Guinea y Perú (sic). En forma anómala, Yang no toma en cuenta a Rusia ni a India, no se diga a Sudáfrica, quienes tampoco se encuentran con los brazos cruzados. A juicio de Yang, la demanda aurífera china, como inversión, seguirá viento en popa. Al primer trimestre de este año incrementó su demanda de barras físicas de oro en 60.2 por ciento, comparado con 22.4 por ciento del mismo periodo del año pasado.

Las plazas de Wall Street y la City venden papel oro mediante sus especulativos cuan etéreos ETF ( exchange traded funds: fondos de intercambio bursátil), que no tienen ninguna garantía de entrega real a su vencimiento, mientras en China, India, Rusia e Irán procuran mayores transacciones con barras físicas. Mediante la plaza de Hong Kong se espera que este año China supere la barrera de las mil toneladas de importaciones auríferas, comparadas con las 771 toneladas del año pasado.

Un motivo adicional por el tropismo de China por el oro es la reciente incorporación del renminbi como divisa de reserva del Fondo Monetario Internacional, que así es más apuntalado con mayor reserva aurífera. Además, el oro se ha vuelto un refugio seguro (sic) de los inversionistas chinos, debido a la desaceleración económica, la depreciación del renminbi y la preocupación por las burbujas especulativas de las acciones y los bienes raíces.

Según Yang, la cruzada multivectorial aurífera de China no debe causar sorpresa alguna, ya que está interesada en acumular oro para diversificar sus activos y reducir su dependencia del dólar estadunidense. Todo lo contrario que ha hecho el México neoliberal itamita con su plata, que también regaló, como su petróleo.

Mi humilde apreciación sobre la compraventa del oro por China es que si se deprecia la cotización, compran mucho, y si sube, pues compran más: se trata de una decisión de carácter estratégico para rediseñar el nuevo orden monetario internacional, como reflejo del nuevo orden global multipolar, que por la naturaleza de las cosas, como hubieran descrito los clásicos helénicos, será tripolar o no lo será.

Las 3 veces que EU intentó descarrilar la nueva ruta de la seda

No hay que subestimar la gira triunfal del atribulado Trump a Israel (su aliado predilecto, emocional y familiar) y a Arabia Saudita: su financiero que realizó la mayor compra de armas de la historia por 110 mil millones de dólares, afianzó su alianza militar y petrolera con EU, y encabezó dos relevantes cumbres con el polémico Trump: 1) la de las seis petromonarquías del Consejo de Cooperación del Golfo, y 2) la “Árabe-Islámico-Estadunidense” de 55 países de carácter sunnita que puso en jaque a la teocracia chiíta excluida de las dos cumbres.

La santa alianza de Trump con Israel y Arabia Saudita pretende horadar el flanco sur de la “nueva ruta de la seda (B&R)” del binomio China/Rusia (http://goo.gl/RHPZLc).

Sería grave error de juicio geoestratégico cesar de vislumbrar el cronograma competitivo de la cumbre B&R en Pekín, el 14 de mayo, con el inicio de la gira acrobática de Trump a Arabia Saudita e Israel, seis días después.

No es la primera vez que Estados Unidos (EU), antes y después de Trump, intenta descarrilar el B&R.

Ya el politólogo ruso Rostislav Ishenko había advertido que B&R representa “una amenaza directa al bienestar de EU, que tratará de frenarla a todo coste (http://goo.gl/8iaw5T)”.

Ishenko arguye que los proyectos de binomio China/Rusia y el de EU chocarán (sic) en Europa, “la región que lo decidirá todo”, ya que “todos los escenarios del comercio euroasiático suponen la presencia de un socio grande: la Unión Eu­ropea (UE). Es un enorme mercado para Rusia y China y también propietaria de altas tecnologías. El tránsito euroasiático de las mercancías sólo tiene sentido si las compra y las vende Europa.

A EU le queda todavía la posibilidad de “eliminar a la UE como socio del proyecto ruso-chino”.

El descuartizamiento de Europa, escenario de las rutas comerciales terminales de Rusia y China, harían más fuerte a Washington, según Ishenko, ya que “la posibilidad de una comunidad euroasiática con la alianza ruso-china en su núcleo atemoriza enormemente a EU” y, en caso de formarse, “Washington perdería el control de las rutas comerciales mundiales, que se trasladarán de las vías oceánicas a las estepas de Eurasia”.

Así, “EU se encontraría en la periferia del comercio mundial […], y su capacidad de dar un impulso a su propia economía disminuiría considerablemente”.

Que ni duda quepa que EU, antes o después de Trump –porque se trata de un asunto geoestratégico de vida y muerte para EU– intentará descarrilar a la Unión Económica Euroasiática apadrinada por el zar Vlady Putin, quien busca crear desde hace siete años “un espacio económico compartido desde Lisboa hasta Vladivostok” que se empata con el esquema B&R que lanzó el mandarín Xi 3 años más tarde”.

Ishenko devela “el plan desestabilizador” de EU que “alrededor de 2015 realizó tres (¡supersic!) intentos coordinados de perjudicar el proyecto de una Eurasia integrada”.

Evoca los tres intentos fallidos de EU con Obama: 1) la Primavera Árabe; 2) la crisis ucraniana, y 3) los tratados mercantilistas globales de EU: TPP y TTIP. Le faltó agregar el más pernicioso de todos: TISA (http://goo.gl/2H94DS).

La Primavera Árabe –que la prensa saudita acusa a Obama y Hillary Clinton de haber fomentado mediante la carta de los “Hermanos Musulmanes”–, según Ishenko, “tuvo como objetivo desestabilizar Oriente Próximo por décadas, con islamitas radicales que desatan guerras contra cualquier manifestación de civilización”. Y “el desmantelamiento del norte africano –de Túnez a Egipto–, de Siria y, finalmente, de Turquía, bloquearía por completo el flanco sureño (sic) de la nueva ruta de la seda”.

La crisis ucraniana tenía el propósito de “empantanar” a Rusia y “paralizar sus recursos, limitando la capacidad de Moscú de operar en las regiones de importancia para EU”. Además, busca (ba) “enemistar a Rusia y a la UE, bajando la rentabilidad del enorme proyecto logístico euroasiático”.

Como tercer esquema del torpedeo a Eurasia, EU buscó operar “los tratados comerciales globales –TTIP y TPP–”, mediante los cuales “EU planeaba ofrecer una ‘alternativa real’ a las rutas comerciales euroasiáticas destrozadas y asegurar su dominio económico y político a largo plazo”.

Pero, en los tres intentos de descarrilamiento del B&R por la dupla Obama/Hillary Clinton, EU no contó con la astucia y la réplica de sus dos adversarios geoestratégicos: Rusia y China.

El idílico plan de la dupla Obama/Hillary “se desmoronó cuando Rusia no cayó en la trampa ucraniana”, según RI quien aduce que “la nueva Ucrania fue diseñada como un agujero negro para recursos”.

Ucrania ha sido despojada de sus recursos primarios y de sus reservas internacionales que ya no le pertenecen y que ahora han sido prácticamente embargadas por el FMI, cuando su divisa, grivna, ha perdido sustancialmente su valor (http://goo.gl/ytuZPk).

La trampa era doblemente económica y financiera en Ucrania, “destrozada deliberadamente por sus socios occidentales”. Cuando Rusia no acudió al rescate de Ucrania, diseñado como trampa, entonces “EU y la UE perdieron su interés hacia Kiev”.

La astucia rusa “le permitió llevar una política exterior activa en Oriente Próximo” y, “con un esfuerzo mínimo, Moscú cambió por completo la situación en Siria” donde “la guerra civil continúa todavía, pero los islamitas radicales ya no pueden ganarla”.

Además, “en 2013 Egipto rechazó la Primavera Árabe” y ahora goza de “estrechas relaciones con Rusia”, mientras Turquía, a pesar de un periodo político turbulento, se encuentra estable”.

Desde Siria pasando por Egipto hasta Turquía, y a partir de haber eludido la trampa ucraniana, “las acciones de Rusia protegieron el flanco sureño (sic) de la nueva ruta de la seda que la hicieron garante de la estabilidad de la región”.

Ishenko juzga que EU todavía tiene su “último as bajo la manga” y “nunca aceptará una derrota estratégica que lo ponga en la periferia del comercio mundial” cuando “aún tiene opciones para detenerla, menos sofisticadas y confortables, pero eficaces”.

¿La triunfal gira de Trump a Arabia Saudita e Israel constituye su “último as bajo la manga”?

Una de las medidas de EU consiste en “contraponer a Rusia y a China”, ofreciendo ventajas y trueques a cada uno para que rompan su alianza, pero “las dos potencias se dan cuenta de que tras derrotar a uno de los oponentes, Occidente se alzará inmediatamente contra el segundo”.

Una de las fortalezas de EU consiste en exacerbar la “presión mediática” para amarrar navajas entre Rusia y China.

A juicio de Ishenko, “al integrar a los países de Oriente Próximo en los grandes proyectos logísticos –el gasoducto Turk Stream con Turquía y el fortalecimiento de la presencia de Egipto en el mar Rojo–, Rusia controla directa o indirectamente todas las rutas comerciales del Ártico al golfo Pérsico, mientras sus socios voluntariamente abogan por la cooperación con el Kremlin”.

Suena impactante el concepto marítimo que conecta el océano Ártico al golfo Pérsico y al mar Rojo.

Trump todavía no expone su política sobre el océano Ártico.

Sea cual fuere su causal, el “cambio climático” deshielará el océano Ártico que conectará China y Rusia con los mercados de la UE, si es que EU no la despedaza antes.

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