Geopolítica de la seguridad: las fronteras, donde empieza y termina el Estado

Publicado: julio 26, 2017 en 1- NEWS

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Miguel Ángel Barrios y Norberto Emmerich

Argentina tiene 156 pasos fronterizos repartidos en 7.000 kilómetros de fronteras terrestres, una superficie lo suficientemente desafiante como para transformar a las fronteras en una problemática central de la geopolítica de la seguridad.

En tiempos de globalización el incremento de los flujos comerciales, económicos y financieros avalan las afirmaciones que hablan del fin del Estado-nación y del nacimiento de un mundo sin fronteras. En esta concepción el mundo tiende a convertirse en una superficie lisa y uniforme, donde la distinción entre lo interior y exterior carece de relevancia, derrumbando una característica fundacional del pensamiento moderno.

Al mismo tiempo y contradictoriamente, asistimos a la reafirmación estridente de la frontera como instrumento de preservación frente al descomunal desplazamiento de población de la periferia al centro. Esgrimiendo un discurso opuesto a la retórica trasnacional de la globalización asistimos al fin de la tolerancia y a la construcción de nuevos muros que reviven la vieja tentación de tener paredes de segregación o protección. Si los viejos muros de la Guerra Fría eran para no salir, los de ahora son para no dejar entrar.

Ahora, con la asunción de Donald Trump a la presidencia americana y sus promesas de aislacionismo, proteccionismo y desglobalización, la construcción de muros en vez de fronteras parece tener mejor futuro. Sin embargo, el viejo mundo globalizador y engañoso se resiste y el Congreso americano no aprobó la partida presupuestaria necesaria para construir la promesa “estrella” de la campaña electoral.

Sin estrategia y sin decisiones, la Argentina sigue sin saber qué hacer con sus fronteras. Mientras muchos quieren construir muros que nos separen de nosotros mismos, en la Villa 31 o en Rosario, todos se desentienden de la frontera con Bolivia, de la Hidrovía, el puerto de Buenos Aires o la Triple Frontera.

En Argentina la frontera no es un tema de seguridad ni de defensa. Es responsabilidad institucional del ministerio de Seguridad que suele solicitar la ayuda del ministerio de Defensa o de cuerpos de seguridad militarizados como Gendarmería o Prefectura.

La creación de la Comisión Nacional de Fronteras en la órbita de la Jefatura de Gabinete y donde participan varios organismos entre ellos el Ministerio de Seguridad, con funciones de control migratorio, aduanero y fitozoosanitario, trata las problemáticas de seguridad como derivadas o conexas a las actividades migratorias, securitizando la movilidad humana en el marco de la marea antinmigrante del gobierno de Cambiemos.

El ministerio de Seguridad puso en marcha el plan de “fronteras seguras”, coordinado por Seguridad e Interior, la Cancillería y la Jefatura de Gabinete, buscando combatir el narcotráfico, la trata de personas y eventuales casos de terrorismo, también dentro del marco del fortalecimiento de los controles migratorios. La desarticulación de los programas de seguridad “Cinturón Sur” y “Centinela” permite disponer de 6000 miembros de Gendarmería de “Cinturón Sur” y 2500 miembros de Gendarmería y Prefectura de “Centinela” para tareas de control de fronteras.

La ministra de Seguridad manifestó que es necesario “ordenar las relaciones con Paraguay, Bolivia y Perú porque el 33% de los presos por narcotráfico son extranjeros”, cuando en realidad apenas llegan al 18%.

Aeropuertos: en todos los aeropuertos del país rige un sistema de seguridad informática integrado con Interpol para detectar a personas con pedido de captura internacional.

Se instrumentará un sistema de información anticipada de pasajeros mediante un acuerdo con las compañías aéreas para que informen la identidad de los pasajeros que viajen al país. El sistema permite chequear 32 horas antes no sólo la identidad de los pasajeros, sino también con quiénes viajan, qué tipo de comida piden en el vuelo y otras características del pasajero.

Frontera norte: el Ministerio de Seguridad de la Nación pretende ordenar la frontera entre Bolivia y la provincia de Salta. Luis Green, secretario de Fronteras anunció el cierre de 25 pasos ilegales, en un trabajo coordinado con las provincias.

En Salvador Mazza el “bagayeo” dejó de ser un rebusque y se transformó en una mafia. En julio de 2016 fue detenido Delfín Castedo, el principal narco de la región, cuyos intereses eran protegidos por el fallecido diputado peronista Ernesto Aparicio y el detenido ex juez federal de Orán, Raúl Reynoso. Sin embargo, aún con Castedo preso, la actividad narco sigue totalmente vigente.

A pesar de tratarse de las fronteras del país, lo que invita a una esencialidad geopolítica en el tratamiento de las problemáticas de seguridad, la política del gobierno argentino está completamente descontextualizada y desterritorializada.

1.      La frontera no es una línea demarcatoria sino un espacio físico humanamente definido por las comunidades que la habitan. Contiene ingredientes políticos, sociales, económicos y criminales.

2.      El control fronterizo y el control migratorio se refieren a dos problemáticas distintas, con distinto tratamiento y distinto objetivo. El control migratorio se realiza en un punto fijo, con técnicas de registro y comparación de datos, centrado en datos personales y antecedentes criminales (limes). El control fronterizo no se realiza sobre personas sino sobre un territorio móvil y ambiguo, que funciona como umbral (limen).

3.      Al control de fronteras le importa la forma de acumulación de riqueza, el entramado urbano de la zona, las fuerzas y dirigencias políticas actuantes, el trazado topográfico. Toda la información relacionada con el territorio y la territorialidad de la frontera completa, lo cual incluye el estudio y diseño de escenarios de las mismas características en el otro país.

4.      En la frontera argentina, sobre todo entre Salta y Bolivia, se puede hablar propiamente de comunidades transnacionales, al tratarse en algunos casos de ciudades conurbanadas, económica, social y políticamente integradas.

5.      Las zonas fronterizas productoras de soja, probables protagonistas de procesos de sojización, son proclives a la abundancia de dinero líquido, la expansión del juego, el consumo de drogas y el sicariato. Algunas de estas características y este escenario pueden trasladarse a la hidrovía, la ciudad de Rosario y los puertos aledaños, en virtud de su salida al mercado mundial atlántico.

6.      En la triple frontera (Paraguay, Brasil, Argentina) son influyentes las problemáticas de crimen organizado de Brasil y la geopolítica del Comando Sur, sin menospreciar las implicancias locales. El narcotráfico con mayor frecuencia en circuitos de franquicias, donde las bandas locales operan en nombre de grandes agrupamientos criminales extraregionales (PCC de San Pablo, Comando Vermelho de Río de Janeiro, Cartel de los Soles de Venezuela).

El tratamiento que hace el gobierno argentino de la frontera como una línea demarcatoria le permitirá ver, en el mejor de los casos, los resultados finales de los procesos criminales que se desarrollen en la frontera vista como umbral. Si la preocupación de seguridad sobre la frontera es además de carácter migratorio, no habrá repercusiones positivas de la exacerbación del control.

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