Mueren acribillados a balazos siete miembros de los Cascos Blancos

Publicado: agosto 13, 2017 en 1- NEWS
Un miembros de los Cascos Blancos White Helmets llora la muerte de uno de sus colegas, hoy, en Sarmín, en la ciudad de Idlib. OMAR HAJ KADOURAFP

Nadie ha identificado a los culpables del ataque y tampoco éste ha sido reivindicado

Cinco años salvando vidas en Siria

Siete miembros de las Fuerzas de Defensa Civil sirias -conocidos como los Cascos Blancos- han aparecido este sábado por la mañana muertos en su base de la localidad noroccidental de Sarmín. Según testigos, los cadáveres de los activistas, dedicados al rescate de víctimas de bombardeos, mostraban signos de haber sido ejecutados. Se desconoce el responsable, quien presuntamente se llevó equipamiento.

“Robaron dos minibuses, algunos cascos blancos y walkie talkies”, lamentaron los Cascos Blancos, cuyos voluntarios hallaron a sus colegas muertos al acudir para un cambio de guardia. Las imágenes del crimen que se han distribuido muestran los cuerpos ensangrentados extendidos en el salón de la oficina del grupo. El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos ha matizado que recibieron sendos tiros en la cabeza.

Entre los muertos, de acuerdo con varios activistas digitales, está Mohamed Deib Hir, apodado Abu Kifá. Su rostro, cubierto de lágrimas, se hizo famoso hace unos meses, cuando rompió a llorar al descubrir viva una niña entre los escombros de un edificio bombardeado. El vídeo circuló ampliamente por Internet y sirvió de apoyo a la candidatura de los Cascos Blancos para el Nobel de la Paz 2016, que no lograron ganar.

Hasta el momento, nadie ha identificado a los culpables del ataque y tampoco éste ha sido reivindicado. Sarmín está a nueve kilómetros de la capital de Idlib, una provincia fuera del control del Gobierno sirio que ha sufrido, durante el último mes, una lucha intestina enconada entre la Organización para la Liberación del Levante (HTS), brazo de Al Qaeda en Siria, y otros grupos también de corte islamista radical.

“Hasta ahora, se parece bastante a un crimen. Podría ser también un ataque dirigido a dañar la imagen del Frente Nusra para mostrar que Idlib no es seguro”, ha opinado a la agencia Associated Press Rami Abdurrahman, director del Observatorio. Un activista local, citado por la misma agencia, asegura que los atacantes usaron pistolas con silenciador, por lo que nadie alrededor de la sede notó lo sucedido.

Sarmín está bajo control de HTS, ex Frente Nusra, grupo que, a su vez, ha detectado recientemente células durmientes del autodenominado Estado Islámico (IS), grupo contra el que también lucha por el control del territorio pese a compartir ideología. En medio de estos enfrentamientos quedan los Cascos Blancos, que se declaran neutrales, y los civiles, la mayoría de los cuales rechaza tanto al Gobierno sirio como a los radicales.

Los Cascos Blancos nacieron en 2013 para asistir a las víctimas de ataques militares. Les financian países como el Reino Unido, Alemania y EEUU. Desde su inicio, según sus registros, sus cerca de 2.800 voluntarios en Siria han rescatado a más de 85.000 personas bajo los escombros. Muchas veces han pagado este esfuerzo con la muerte: más de 100 han fallecido en labores de rescate.

No obstante, la mayoría de muertes de Cascos Blancos se han producido o bien por bombardeos adrede sobre sus cuarteles, como ocurrió con una sede en la provincia central de Hama el octubre pasado, o por los ‘ataques trampa’, una segunda bomba aérea que golpea el mismo sitio que se había atacado minutos antes, a fin de acabar con quienes van a socorrer a las víctimas.

Esta vez, según varias fuentes, todo apunta a que los salvavidas han sido castigados como parte de un conflicto entre facciones alzadas. Sarmín, donde se hallaban, estuvo en el pasado bajo control de Yund al Aqsa, un grupo armado ultraconservador próximo al Estado Islámico. Sus milicianos se enfrentaron el año pasado a Al Qaeda, que les ganó la partida y les forzó a retirarse a zonas en manos del IS.

Este tipo de choques se han incrementado en los últimos meses, a medida que el frente alzado ha sufrido derrotas importantes como en Alepo, la segunda ciudad del país, y su presencia se ha reducido a las provincias de Idlib o, en el sur, Daraa, Quneitra y Suaida. Su fuerza se ha atomizado y los enfrentamientos entre facciones han aumentado. Otro ejemplo ha ocurrido en las últimas horas en la Siria meridional.

Un ataque suicida ha matado al menos a 23 personas y ha dejado 20 heridos en Daraa este viernes por la noche. El objetivo del golpe era un campo de entrenamiento del Ejército del Islam, una de las brigadas islamistas que lucha contra el ejecutivo de Bashar Asad. Según ha explicado Ahmad Masalmeh, un activista de la zona, el hombre bomba estalló cerca de la tienda donde los militantes cenaban.

ELMUNDO.ES

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