Los cinco pilares de la maquinara de guerra del imperialismo

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Rodrigue Tremblay

En la década de los años veinte del pasado siglo, el Presidente Calvin Coolidge dijo: “El negocio de Estados Unidos consiste en hacer negocios”. En la actualidad, puede decirse que la industria de armas y la guerra permanente se han convertido en una gran parte del negocio estadounidense, conformándose como una especie de filial de un complejo industrial militar bien arraigado. Anteriores hombres estadounidenses con visión de alcance hicieron advertencias contra esta deriva, hombres como el Presidente George Washington y el Presidente Dwight Eisenhower, al ser intrínsicamente contrapuesta a la democracia y la libertad. Sin embargo, en la actual administración Bush-Cheney sus principales miembros fueron parte de ellas y, precisamente, estuvieron muy ocupados promocionándolas.

Las guerras, especialmente las guerras electrónicas modernas, provocan unas masacres terribles, pero son también sinónimo de grandes contratos que suponen costes altísimos, grandes beneficios y grandes posibilidades de empleo para todos aquellos que conforman el necesario engranaje militar. Las guerras son el paraíso de los carroñeros.

Las guerras son también una vía para que políticos mediocres monopolicen las noticias y los medios de comunicación en su favor de forma partisana avivando el fervor patriótico y presionando por un nacionalismo de vía estrecha. Efectivamente, inflamar el patriotismo y el nacionalismo es un viejo truco demagógico que se utilizó siempre para dominar las naciones. Cuando eso sucede, hay un claro riesgo de que la democracia y la libertad se lleguen a erosionar, e incluso que desaparezcan si esos desarrollos conducen a una concentración exacerbada de poder y de corrupción política.

Los ataques terroristas del 11-S de 2001 supusieron una bonanza para el complejo industrial militar estadounidense. Fue un acontecimiento, un “Nuevo Pearl Harbor”, por el que algunos habían estado abiertamente esperando. ¿La razón? Esos ataques dieron el pretexto perfecto para desarrollar gastos militares, que se habían estado en gran medida anhelando tras la desaparición del antiguo Imperio Soviético. Y, además, proporcionaron el fundamento para aumentarlos de modo espectacular, sustituyendo la “guerra contra el comunismo” y la “Guerra Fría contra la URSS” por una “guerra antiterrorista” y una “guerra contra los islamistas”. En esta nueva perspectiva, las puertas del gasto militar podían abrirse y éste fluir de nuevo. El desarrollo del cada vez más sofisticado armamento podría continuar y miles de monopolios y cientos de distritos políticos podrían seguir llevándose los beneficios. Los costes serían asumidos por los contribuyentes, por los hombres y mujeres jóvenes que morirían en combate y por las remotas poblaciones que yacerían bajo la lluvia de bombas que caerían sobre ellos y sus hogares.

Efectivamente, en septiembre de 2000, cuando el Pentágono emitió su famoso documento estratégico titulado “Reconstruir la Defensa de Estados Unidos”, se expresaba la creencia en que el tipo de transformación militar que los planificadores estaban considerando requeriría de algún “suceso catastrófico y catalizador”, como un Nuevo Pearl Harbor, para que fuera posible venderle el plan al pueblo estadounidense. Fueron o intuitivos o afortunados porque, un año más tarde, ya tenían el “Nuevo Pearl Harbor” que estaban esperando.

El complejo industrial militar necesita guerras, muchas y sucesivas guerras, para prosperar. El equipamiento militar viejo tiene que ser reparado y reemplazado cada determinado tiempo si hay una guerra en marcha. Pero para justificar el enorme coste que supone tener que desarrollar armas cada vez más mortíferas, se necesita que haya un clima constante de temor y vulnerabilidad. Por ejemplo, durante el verano de 2006 los ataques israelíes contra el Líbano y Gaza facilitaron el uso de  nuevas armas fabricadas en Estados Unidos. Esas armas incluían bombas de uranio empobrecido, armas de “energía directa” y armas nuevas químicas y biológicas. Estas armas no sólo logran que el acto de matar sea más fácil sino que también dejarán contaminado el medio ambiente con partículas de uranio empobrecido radioactivo durante las próximas décadas.

Pero, para construir un pacto suficientemente fuerte como para llevar a un país democrático por la senda de una permanente economía de guerra, se necesita una alianza de intereses entre militaristas, industriales, políticos, aduladores y propagandistas. Estos son los cinco pilares del complejo industrial militar que pueden encontrarse en los Estados Unidos.

El sistema militar estadounidense

En 1991, al final de la Guerra Fría, el presupuesto de defensa de Estados Unidos era de 298.900 millones de dólares. En 2006, ese presupuesto había aumentado hasta alcanzar la cifra de 447.400 millones de dólares, y esa cifra no incluía los 100.000 millones de más gastados en las guerras de Irak y Afganistán. Se ha estimado que los gastos militares estadounidenses, sin necesidad de exagerar, se aproximan a la mitad de los desembolsos militares mundiales (48 por ciento del total mundial en 2005, según cifras oficiales), a pesar de que la población estadounidense representa menos del 5 por ciento de la población mundial y alrededor del 25 por ciento de la producción mundial total. Como porcentaje, los gastos militares estadounidenses se engullen un mínimo de un 21 por ciento del presupuesto federal total estadounidense (2006 = 2.500 billones de dólares). Un presupuesto militar tal es mayor que el productor interior bruto (PIB) de algunos países, como Bélgica o Suecia. Es una especie de gobierno dentro de otro gobierno.

En 2006 el Departamento de Defensa de Estados Unidos empleó a 2.143.000 personas, mientras que los contratistas de defensa privada emplean a 3.600.000 trabajadores, lo que supone un total de 5.743.000 puestos de trabajo en Estados Unidos relacionados con el sector de la defensa, o el 3,8 por ciento del total de la fuerza laboral. Además, hay casi 25 millones de veteranos en Estados Unidos. Por tanto, se puede decir que más de 30 millones de estadounidenses reciben cheques que tienen su origen directa o indirectamente en el presupuesto militar de Estados Unidos. Suponiendo con cautela que sólo dos personas mayores de edad votan por hogar, esto se traduce en un bloque de unos 60 millones de votantes estadounidenses que tienen intereses financieros en el sistema militar estadounidense. Así pues, nos encontramos con el peligro de una sociedad militarizada que se perpetua a sí misma políticamente.

Los contratistas de la defensa privada

Los cinco contratistas más importnates de la Defensa estadounidense son Lockheed Martin, Boeing, NorthropGrumman, Raytheon y General Dynamics. Van seguidos de Honeywell, Halliburton, BAE System y miles de compañías y subcontratas de defensa más pequeñas. Algunas, como Lockeheed Martin en Bethesda (Maryland) y Raytheon en Waltham (Massachussets) obtienen cerca del 100 por ciento de sus negocios de los contratos de defensa. Otras, como Honeywell en Morristown (Nueva Jersey), tienen importantes divisiones de productos de consumo.

Sin embargo, todas están preparadas para sacar provecho en cuanto los gastos de suministros de armas aumentan. De hecho, los contratistas de defensa estadounidenses han estado disfrutando de los grandes presupuestos del Pentágono desde marzo de 2003, i.e., desde el comienzo de la guerra de Irak. Como consecuencia, han contabilizado aumentos considerables en los rendimientos totales de sus acciones, yendo desde el 68 por ciento (NorthropGrumman) hasta el 164 por ciento (General Dynamics) desde marzo de 2006 a septiembre de 2006.

También se ha señalado que los contratistas de la defensa privada juegan otro papel social: son grandes empleadores de antiguos generales y antiguos almirantes del sistema militar de Estados Unidos.

El sistema político

En Estados Unidos, el Presidente George W. Bush, un antiguo petrolero, y el Vicepresidente Dick Cheney, como antiguo presidente y director ejecutivo de la gran compañía de servicios petrolíferos Halliburton en Houston (Texas), personifican la imagen de políticos consagrados al crecimiento y desarrollo del complejo industrial militar. Su administración ha extendido el sistema militar y ha adoptado una política exterior militarista a una escala nunca vista desde el final de la Guerra Fría e incluso desde el final de la II Guerra Mundial. Efectivamente, bajo la administración Bush-Cheney, la industria armamentística se ha vuelto extremadamente rentable. Contratos por miles de millones de dólares van a toda marcha vendiendo aviones y tanques a diversos países en un mundo que evoluciona cada vez más de espaldas al derecho. Casi las dos terceras partes de todas las armas exportadas en el mundo salen de Norteamérica.

El Congreso, por su parte, está en deuda con las monopolios de defensa que operan en las plantas militares existentes es cada uno de los distritos de los congresistas o en los estados de los senadores, además de ciertas gratitudes a los lobbys que les proporcionan fondos y apoyos en los medios en épocas electorales.

Los ‘thinktanks’ del sistema

Los asesores y los aduladores que se hallan detrás de la economía orientada hacia la guerra forman un red entrelazada de los denominados “thinktanks” con sede en Washington, financiados por ricas fundaciones que están exentas de impuestos y que tienen miles de millones de dólares de activos, como, por ejemplo, la Fundación John M. Olin, la Fundación Scaife o la Fundación Coors, etc.

Entre los “thinktanks” más influyentes y representativos, cuya misión es orientar la política exterior estadounidense, se encuentra el American Enterprise Institute (AEI), la HeritageFundation, el Middle East Media ResearchInstitute, el neoconservador Washington InstituteforNear Eastern Policy, el Center for Security Policy, el JewishInstituteforNational Security Affaire, el Project forthe New American Century (PNAC) y el Hudson Institute.

Todos esos “thinktanks” sirven para un doble objetivo: proporcionan funcionarios gubernamentales para realizar informes políticos sobre diversos temas, normalmente con una visión muy conservadora; y sirven como incubadoras de los departamentos gubernamentales, suministrándoles personal que ya ha sido formado y proporcionando puestos de trabajo para funcionarios que están fuera del poder.

Se observa que la misma puerta giratoria que existe entre el sistema militar y los contratistas de defensa, también se mueve entre los  “thinktank” con sede en Washington y los departamentos del gobierno de Estados Unidos.

El aparato de  propaganda

Los propagandistas de la economía a favor de la guerra se pueden fundamentalmente encontrar en la derechista industria de los medios de comunicación estadounidenses. Esto se debe a que la venta de políticas orientadas hacia la guerra requiere la pericia que sólo una bien engrasada máquina de propaganda puede proporcionar.

La herramienta propagandística más potente es la televisión. Y ahí, la Red Fox de Noticias de Rupert Murdoch es invencible. No hay un medio de comunicación estadounidense más abiertamente devoto de la ideología neocon y más comprometido en el apoyo de las nuevas guerras estadounidenses que la Fox News. La CNN o la MSNBC pueden intentar algunas veces emularla, pero su profesionalismo les impide acercarse demasiado a Fox News, que está demasiado predispuesta a favor de la guerra y promueve sin pudor alguno la dominación global de Estados Unidos.

Los esfuerzos de propaganda de Fox están estrechamente coordinados con otro medio escrito propiedad de Murdoch, como es el Weekly Standard y el New York Post. El Washington Times, que está controlado por el Reverendo de la Iglesia de la Unificación SunMyung Moon, el neoconservador New York Sun y otras publicaciones neocon, como el NationalReview, The New Republic, The American Spectator, the Wall Street Journal, completan la infraestructura más importante de propagandistas a favor de la guerra.

En conclusión, esa conjunción de cinco maquinarias para la guerra, i.e., el inflado aparato militar, la gran industria armamentística estadounidense, la administración neocon favorable a las guerras, con el Congreso de rodillas ante los lobbys militaristas, la red de “thinktanks” favorables a la guerra y los belicosos propagandistas de los medios constituyen el marco del complejo industrial militar, del cual el Presidente Dwight Eisenhower, en 1961, hace ya 45 años, ya temía sabiamente que pudiera ejercer una influencia corrosiva sobre la sociedad estadounidense.

Fuente: Resistencia Popular 

Posible desmembramiento de Irak el 25 de septiembre

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Según lo prometido por el presidente del Kurdistán iraquí, un referéndum sobre la independencia de un Estado denominado «Kurdistán» tendrá lugar el lunes 25 de septiembre de 2017.

Ese «Kurdistán» abarcaría la actual región del Kurdistán iraquí así como los territorios que esa región anexó en 2014, en coordinación con el Emirato Islámico (Daesh), y de los cuales expulsó a los grupos étnicos no kurdos para garantizar que los pobladores kurdos fuesen mayoría, como actualmente ocurre.

En el momento de la caída del Imperio Otomano, Estados Unidos consideraba que esas regiones podrían unirse al “Kurdistán” cuya creación habían proclamada mediante el Tratado de Sevres –en 1920. Pero este fue posteriormente disuelto –en 1923– durante la Conferencia de Lausana. La Comisión King-Craine determinó en aquel momento que los kurdos eran minoría en el actual Kurdistán autónomo iraquí así como en los territorios anexados por esa entidad.

En el referéndum, los electores iraquíes tendrán que responder a la pregunta:

«¿Quiere usted que la Región del Kurdistán y las zonas del Kurdistán fuera de la competencia de la Región se conviertan en un Estado independiente?»

Para la realización de ese referéndum serán considerados como electores los pobladores actuales de la región del Kurdistán iraquí y los de los territorios anexados por esa región que cumplan las siguientes condiciones:

  • tener más de 18 años;
  • haberse registrado como elector antes del 7 de septiembre;
  • también podrán participar las personas originarias de las regiones incluidas en el referendo que se hayan inscrito previamente para votar electrónicamente.

Los demás iraquíes no podrán participar en el referéndum.

El jefe del clan Barzani y presidente del actual Kurdistán iraquí, MassudBarzani, se comprometió a que su prensa y su partido no acusen de «traición» a los electores que se pronuncien a favor de seguir siendo parte de Irak.

Las elecciones realizadas anteriormente en el Kurdistán iraquí y su actual presidencia no responden a los criterios democráticos reconocidos internacionalmente. Por ejemplo:

  • En 1992 esa región contaba 971 953 votantes, que en un solo decenio se convirtieron en 2 129 846.
  • En 1991, después de intervención militar internacional contra la invasión iraquí en Kuwait, Estados Unidos y el Reino Unido ocuparon militarmente el Kurdistán iraquí, donde se constituyó entonces un gobierno conformado simultáneamente por el pro-occidental MassudBarzani y el pro-iraní JalalTalabani. Pero Barzani solicitó al entonces presidente de Irak, Saddam Hussein, que combatiera a los hombres de Talabani, lo cual hizo Saddam Hussein –bajo la atenta mirada de los anglosajones. Finalmente, en 1998, se firmó en Washington un acuerdo de paz que dividía la región en dos partes. En 2003, después de la invasión contra Irak y del derrocamiento de Saddam Hussein, los occidentales impusieron a MassudBarzani como presidente (otra vez sin elecciones) de toda la región, con la condición de que incorporara a Talabani en su gobierno. Barzani fue finalmente electo presidente de la región, en junio de 2005, y posteriormente reelecto, en junio de 2010. Aunque su mandato expiró en junio de 2015, MassudBarzani se mantiene aún en el poder, y ya cuenta 26 años seguidos como presidente del Kurdistán iraquí.
  • El parlamento regional kurdo, contrario a la ausencia de elección presidencial, dejó de reunirse.

La Comisión Electoral aplicará una regla muy particular al conteo de votos en las zonas anexadas:

  • si los «electores» votan mayoritariamente «», serán integrados al nuevo Estado independiente;
  • si votan «No», seguirán siendo parte de Irak, pero sus votos serán descontados del conjunto de votos para que los electores del actual Kurdistán iraquí puedan obtener la independencia de todas maneras.

El proyecto de creación de un Kurdistán independiente en Irak fue presentado, en 2004, por el entonces senador –y posteriormente vicepresidente de Estados Unidos– JoeBiden. En el plano internacional solo ha logrado respaldo oficial de Israel.

ELESPIADIGITAL.COM

EE.UU. anuncia patrullaje militar cotidiano en el Mar de China Meridional

La medida dictada por Washington busca previsiblemente enfrentar las reivindicaciones chinas en esas aguas.

 

EE.UU. anuncia patrullaje militar cotidiano en el Mar de China Meridional

Reuters

El Departamento de Defensa de EE.UU. fijó un calendario para el patrullaje regular de sus navíos en el Mar de China Meridional, con el fin de establecer una posición más consistente ante las reivindicaciones territoriales de China, informa el periódico ‘The Wall Street Journal’, que cita sus propias fuentes en el Pentágono.

Según el informe, el Comando del Pacífico de las Fuerzas Armadas de EE.UU. emitió un plan de operaciones de patrullaje en esa zona marítima, que se cumplirán dos o tres veces en los próximos meses. La disposición puede ser vista como una respuesta de Washington a las acusaciones de Pekín, cuyas autoridades han manifestado que cada incursión de buques de guerra estadounidenses desestabiliza la región.

Las fuentes citadas en la publicación se negaron a revelar cuándo comenzará y en qué fechas estiman que se cumplirá el patrullaje.

Pekín viene discutiendo con los países de la región, desde hace décadas, acerca de la posesión de ciertas islas situadas en el Mar de China Meridional, en cuyas aguas han sido descubiertas importantes reservas de hidrocarburos. Se trata principalmente de las islas Paracel, Spratly y Scarborough. En mayor o menor medida, Vietnam, Brunei, Malasia y Filipinas están involucradas en la disputa.

actualidad.rt.com