Elementos intangibles: un nuevo método para proteger las naves espaciales

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Los físicos de la Universidad Nacional de Investigaciones Nucleares (MEPhI) de Rusia (Moscú) y sus colegas del Instituto de Investigaciones Sistémicas de la Academia de Ciencias de Rusia (NIISI) desarrollaron elementos para diseñar microesquemas no sincronizados resistentes a fallos.

Dichos sistemas son especialmente eficaces para emplearse en naves espaciales, comunicó el servicio de prensa de la MEPhI.

Los microesquemas que se usan en equipos ordinarios, como vehículos u ordenadores, no son muy eficaces para el uso en naves espaciales, porque su seguridad es baja cuando se exponen a la radiación cósmica. Los iones de alta energía emitidos en el espacio provocan fallos de equipos y averías. Por eso es necesario aplicar métodos especiales para incrementar la seguridad del proyecto ASIC (esquema integral de uso especial) para naves espaciales.

“Los microesquemas sincronizados se hacen cada día más complicados y crece el número de elementos en los cristales de tales esquemas. La frecuencia de reloj —la cantidad de operaciones que un procesador es capaz de realizar en un segundo— de los sectores de tales esquemas ubicados a una gran distancia debe sincronizarse. Es decir, si una señal emitida por el generador de la frecuencia de reloj no se recibe en determinados períodos el esquema, deja de funcionar”, explica el investigador de la MEPhI Maxim Gorbunov.

Se trata de un problema complicado en el ámbito de la ingeniería relacionado con el empeoramiento de las características del microesquema. Así las cosas, se consideran hoy como prometedores los esquemas no sincronizados que, a diferencia de los sincronizados, no necesitan la sincronización de la frecuencia de reloj.

“El cambio de descargas en un dispositivo no sincronizado se realiza paralelamente sin demora, lo que lo hace más eficaz e intensivo en energía que un dispositivo similar con esquemas sincronizados. La información llega a la unidad de procesamiento tan rápidamente como lo permite el bus de datos en el procesador y se procesa cuando las respectivas unidades de microesquemas estén listos para hacerlo”, señala Maxim Gorbunov.

Es más complicada la situación con el método de construcción de tales esquemas. No hay una forma típica para diseñarlo. A pesar de que la lógica de construcción de microesquemas no sincronizados se propuso ya en los años 70 del siglo ХХ, la atención principal se presta al trabajo con esquemas sincronizados.

“Las capacidades tecnológicas de microesquemas sincronizados han alcanzado su límite. Ahora los parámetros de proyecto —el tamaño mínimo de un elemento del microesquema— son menos de 10 nanómetros. Y con los mismos parámetros los esquemas no sincronizados pueden trabajar más rápidamente que los sincronizados porque no necesitan que se sincronicen varias partes de un cristal”, destaca el experto.

Por eso los científicos rusos propusieron usar nuevos elementos para un funcionamiento rápido y seguro de miscroesquemas no sincronizados. Su artículo, publicado en la revista científica Acta Astronáutica, está dedicado a los C-elementos resistentes a fallos especificados por David Muller —dispositivos lógicos usados en el diseño de esquemas no sincronizados—.

Un C-elemento es un dispositivo lógico con un elemento de memoria integrado. De hecho, es un elemento básico con dos entradas: si coinciden la señal se transmite y si no coinciden el elemento guarda el valor anterior.

“Al aplicar el método DICE (Dual Interlocked Cell), bien conocido en la lógica de sincronización a tres modos de realización del C-elemento, obtuvimos tres nuevos esquemas DICE del C-elemento con una mejor resistencia a fallos”, señala otro autor, el director del área de topología de esquemas de integración ultragrandes resistentes a la radiación del NIISI, Ígor Danílov.

Según los científicos, con el uso de esquemas desarrollados se podrán diseñar microesquemas no sincronizados con alta resistencia a fallos que se podrán implementar en las naves espaciales de nueva generación.

ELESPIADIGITAL.COM

Rusia: viejas y nuevas realidades geopolíticas

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Alberto Hutschenreuter

En sus diferentes formas de ser definida, la geopolítica siempre ha sido una cuestión altamente concerniente para Rusia. Tanto como disciplina que asocia interés político con geografía con propósitos relacionados con la afirmación del poder nacional, o bien como disciplina que implica una percepción nacional de peligro ante mbiciones externas, la geopolítica es una disciplina latente y predominante en Rusia.

Más todavía, acaso la propia historia de este país podría ser contada en clave geopolítica: solo considérese que los principales acontecimientos desde el siglo XVIII implican a dicha disciplina, y en la mayoría de los casos a la misma supervivencia del país.

Si Pedro el Grande no hubiera derrotado a Suecia en Poltava, posiblemente la configuración actual del territorio ruso no sería la de hoy; lo mismo podríamos decir si Catalina la Grande no hubiera predominado sobre los turcos. En el siglo XIX, la derrota o impotencia de Napoleón en territorio ruso supuso la afirmación de Rusia como gran poder en Europa y en el mundo. Hacia mediados de la centuria, la intervención y victoria externa en Crimea puso una vez más en peligro al país. Finalmente, en el siglo XX Rusia no solo supo de retos externos, sino que incluso sufrió las tremendas consecuencias de “la ambición geopolítica de la centuria”, es decir, el propósito de Hitler de convertir a Rusia “en un lejano país del Asia”, mientras la “Rusia valiosa”, esto es, la zona rica en recursos, permitía la viabilidad y la predominancia del Tercer Reich. El mundo de la guerra fría implicó una dinámica actividad geopolítica global. Finalmente, la Unión Soviética cayó, en parte, debido a la “sobre-extensión imperial”, para utilizar los términos de Paul Kennedy.

El denominado “Estado continuador” de la URSS, la Federación Rusa, pronto comprobó que “el mundo continuaba siendo un sitio peligroso para Rusia”, pues la OTAN, en una decisión que desde Moscú se consideró un incumplimiento de promesas hechas por Occidente sobre las que se pactó el final de la contienda bipolar, inició su ampliación al este, un nuevo “DrangnachOsten”, es decir, una nueva marcha hacia el este. Entonces, en la segunda mitad de los años noventa, Rusia solo pudo manifestar su aprensión geopolítica desde lo retórico porque, como advirtió el presidente Clinton, “la posibilidad que tenía Rusia de influir en la política internacional era la misma que tenía el hombre para vencer la ley de gravedad”.

Con Putin como “re-concentrador” de la política rusa, el enfoque exterior pasó a ser más activo. El país logró ordenarse hacia dentro y el alto precio de las materias primas devolvió a Rusia a la normalidad económica. En este marco, la apreciación geopolítica de Rusia implicó no solo ideas, como la “enunciación” de una suerte de “doctrina Monroe” rusa (“las zonas adyacentes de Rusia son de interés de Rusia”), sino prevención y acción. En 2008, Rusia llevó adelante una movilización militar de carácter preventivo en Georgia (“medidas
contraofensivas de defensa”, según la misma terminología rusa). Entonces, una activa OTAN amenazaba asentarse en el mismo territorio del Cáucaso, y para
Moscú ello implicaba una “línea roja”, es decir, un “seísmo geopolítico” inaceptable.

Pero no se trataba de ninguna novedad: desde su mismo nacimiento, Rusia nunca dejó de lado el interés por lo que sucediera en las ex repúblicas soviéticas, sobre todo en aquellas altamente sensibles en relación con el bien geopolítico mayor y protohistórico de Rusia, la profundidad estratégica, y también la identidad geográfica. En este sentido, la frágil y trastornada Rusia de los años noventa mantuvo una extraña concepción: mientras en su relación con Estados Unidos sostuvo un patrón basado en la “emoción” y la cooperación casi irrestricta, en el espacio ex soviético desplegó políticas o técnicas de poder.

Georgia anticipó que Rusia podría ir más allá incluso de la movilización militar. Cuando en 2013-2014 Ucrania se mostró dispuesta a deslizarse hacia las estructuras de la Unión Europea y avanzar hasta el umbral de ingreso a la Alianza Atlántica, la pronta respuesta de Rusia fue anexarse (o “reincorporar”) parte del territorio ucraniano.

No solo quedó en claro que Rusia ya no toleraría nuevos impactos geopolíticos en sus adyacencias, sino que, como advirtieron expertos, podrían surgir “nuevas Crimeas” en Ucrania y también más allá. La nueva situación implicó una enorme inquietud en Occidente y en las ex repúblicas soviéticas, pues se replantearon escenarios de crisis mayor, por caso, en Estonia o Letonia, donde las minorías rusas representaban (y continúan representando) el 25 y 27 por ciento de la población, respectivamente.

La sensibilidad geopolítica de Rusia es extrema en su frontera occidental, pero no menos importante es su inquietud en relación con eventuales acontecimientos que puedan implicar “nuevas disrupciones geopolíticas”, por ejemplo, en las repúblicas centroasiáticas, las que podrían sufrir consecuencias, entre otras, derivadas del accionar de la insurgencia en Afganistán.

La inclusión de los países del Báltico en las estructuras occidentales ha privado a Rusia de la salida a mares exteriores por esa zona, y aunque mantiene conexión directa con el Mar Báltico a través de Kaliningrado, donde posee una importante base naval y un puerto (Baltiysk) cuyas aguas no se congelan, dicho mar es “zona militar de la OTAN”. No obstante, la disrupción geopolítica que implica la pérdida del Báltico y el aislamiento de Kaliningrado (“un pedazo de territorio ruso en la Europa de la OTAN”) podría activar conflictos que busquen la reparación geopolítica, por caso, con Suecia, país que pasó a considerar un choque o querella militar con Rusia como principal hipótesis de defensa (cabe recordar que Moscú mantiene en Kaliningrado sistemas de misiles S-400 y misiles Iskander-M con capacidad nuclear).

En los últimos años se han sumado otras realidades o dinámicas geopolíticas, que hasta podrían pluralizar la misma condición terrestre de Rusia como categoría geopolítica nacional.
En efecto, tanto la orientación geopolítica de Rusia hacia el Ártico como así la afirmación naval en el Mar Negro y la proyección de poder naval hacia el Mediterráneo oriental, implican nuevas realidades geopolíticas, las que de consolidarse podrían significar que Rusia sumará a su condición de potencia terrestre la de potencia marítima.

Por supuesto que siempre primará su condición de actor terrestre: su ubicación en el sitio que el geógrafo británico HalfordMackinder denominó “Tierra corazón” hace de Rusia el poder terrestre mundial por antonomasia; pero las exigencias que implican asumir mayores responsabilidades derivadas de su “ampliación estratégica” han recentrado la necesidad de potenciar el poder marítimo.

Desde estos términos, acaso Rusia se encuentra “ad portas” de un segundo ciclo de despliegue de poder marítimo, tal como sucedió en los años sesenta y setenta,
cuando la entonces Unión Soviética, siguiendo los métodos y objetivos desarrollados y destacados por el Almirante Serguéi Gorshkov, proyectó poder a escala oceánica global.

En relación con el Ártico, los observadores sostienen que así como en el siglo XIX su condición de actor terrestre empujó a Rusia a consolidar sus dominios en
Siberia, hoy es la necesidad de afirmar sus intereses en el Ártico la que la empuja hacia esta zona sensible del globo. Activos estratégicos, población, pretensiones
jurídicas, tránsito, amparo militar, ambiciones de terceros, etc., han hecho del Ártico un área de interés vital para Rusia.

Ello, no obstante, no implica abandonar el territorio profundo de Rusia; de hecho, actualmente tienen lugar en Siberia oriental y en Extremo Oriente ruso los mayores ejercicios militares: con la denominación “Bostok-2018” (“Este-2018”), 300.000 efectivos rusos, 36.000 vehículos, 1000 aviones y 80 navíos, a los que se suman soldados y equipos de China y Mongolia, Rusia realiza las maniobras militares más grandes de su historia.

En relación con el Mar Negro, la afirmación de poder naval por parte de Rusia no es solo una respuesta a la creciente presencia de la OTAN en lo que otrora fue considerado un “lago ruso”, sino que representa la antesala de proyección al Mediterráneo oriental, objetivo que necesariamente debe ser alcanzado para, en alguna medida, evitar que en el flanco sur-oeste de Rusia se establezca una nueva oclusión estratégica como ha sucedido en el Báltico.
En cuanto al Mediterráneo oriental, la intervención rusa en Siria no solo obedeció a proveer asistencia a un “Estado cliente” de Oriente Próximo en dificultades, sino a re-geopolitizar una región en la que el ascendente de Rusia casi había desaparecido. El contraste entre el acompañamiento (por no decir la sumisión) de Gorbachov a la política estadounidense para punir a Irak (un viejo “Estado cliente” de la entonces URSS) en 1990-1991 por la invasión a Kuwait, y la obtención de ganancias de poder por parte de la Rusia de Putin tras su apoyo a Damasco, es notable.

Actualmente, si bien posiblemente la predominancia occidental se mantiene en cuanto a medios desplegados, el número de activos navales rusos (que incluye al menos dos submarinos) ha aumentado significativamente frente a las costas sirias. Considerando que Rusia ha logrado ganancias de poder en relación con la guerra en Siria, si por ello entendemos que el régimen ha recuperado gran parte de su territorio, se ha diezmado a la insurgencia y Bachar el Asad continuará al frente de Siria, Rusia mantendrá en Siria importantes capacidades aéreas y navales (Mig-31 K, Su-27, 30, 35, buques antimisiles, submarinos equipados con misiles Kalibr, sistemas S-300 y S-400, etc.).

Finalmente, Rusia ha retornado a considerar el espacio ultraterrestre como “territorio” que exige despliegue y predominancia. Como ha sucedido con el Ártico, no se trata de exploraciones espaciales sino de retomar la iniciativa que básicamente por cuestiones económicas se había resentido desde tiempos soviéticos.

Rusia es, junto a Estados Unidos y China, uno de los poderes espaciales, es decir, poderes que per se han llevado un hombre al espacio; de modo que ello implica capacidades tecnológicas independientes.
En términos geopolíticos, el espacio no es un sitio de interés o “global común” para la humanidad: es un sitio pasible de ser controlado por aquellos con capacidad de proyectar poder. En su reciente obra “Así se domina el mundo. Desvelando las claves del poder mundial”, el analista Pedro Baños nos proporciona valiosas apreciaciones sobre esta cuarta dimensión de la geopolítica.

“Para entender dónde se producirán algunos de los principales duelos por los recursos naturales hay que analizar el actual interés de las grandes potencias,
como China, Estados Unidos, Rusia e India, por conquistar planetas. Esta nueva era de colonización está encaminada no solo a instalar en el futuro asentamientos
humanos, sino también a acceder a recursos estratégicos escasos en la Tierra […] Además, poner pie en otros planetas proporciona un indudable prestigio
internacional y es un muestrario de potencial tecnológico y de la capacidad de influencia geopolítica de un Estado. Para ciertos países también se convierte en
una cuestión de supervivencia. Es el caso de China […] A menos de 400.000 kilómetros y tres días de viaje, el suelo selenita es rico en aluminio, titanio, neón,
hierro, silicio, magnesio, carbono y nitrógeno. Pero quizá su valor más destacable sea la confirmada presencia de ingentes cantidades de helio-3 a ras del suelo.

Este isótopo no radioactivo, rarísimo en la Tierra, está considerado como la futura principal fuente de energía mediante la fusión nuclear”.

En breve, la geopolítica nunca se fue. Solo fue despreciada por una globalización ilusionista durante los años noventa. Los poderes “que cuentan” se están posicionando en términos geopolíticos y ninguno de ellos honra el “pluralismo geopolítico”, es decir, el respeto a la soberanía de otros que afecten sus intereses o el sacrificio por otros o por los “bienes comunes”. Las “nuevas realidades”.

Cómo EEUU desmanteló Brasil

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Vicky Peláez

“Solamente los muertos están contentos en Brasil”.

(dicho popular)

Sin embargo, en el caso de Brasil, que siempre ocupó un lugar privilegiado como aliado incondicional de Washington, se le terminó toda ventaja cuando llegaron al poder los gobiernos populistas de Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Rousseff.

Desde el día que Lula da Silva asumió la presidencia, los ‘grandes manipuladores’ de la democracia: la CIA, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), Soros Quantum Hedge Fund y el Grupo Stonebridge (ASG) de la ex secretaria de Estado norteamericano, Madeleine Albright, promovieron una guerra mediática contra el populismo brasileño a nivel mundial y nacional.

En Brasil, 551 medios de comunicación pertenecientes a seis familias que controlan el 98% de la información divulgada en el país escribieron miles de artículos y presentaron un sinnúmero de informes de TV en los que acusaban al gobierno populista de ser corrupto, ineficiente, incapaz de terminar con la violencia, vendido a los chinos, etc.

De acuerdo con el periodista norteamericano y exempleado de la NSA, Wayne Madsen, la lucha contra el populismo se intensificó después de asumir Dilma Rousseff su segundo mandato en 2014. La Fundación Soros, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés), la Fundación Nacional para la Democracia (NED) y cientos de ONG usaron organizaciones como Vem Pra Rua, el Movimiento Brasil Libre para desatar protestas callejeras y tratar de convertirlas en un tipo de Revolución de Colores. No lograron ‘crear’ una ‘revolución’, pero sí desestabilizaron al país.

La CIA y la NSA infiltraron, de acuerdo con The Real Agenda News, no solamente instituciones judiciales, legislativas y al propio Gobierno sino que reclutaron a varios líderes de movimientos sociales, inclusive penetraron el Partido de los Trabajadores (PT) en el Gobierno, se contactaron con servicios de inteligencia militar, con los directivos del Banco Central y con ejecutivos de Petrobras.

Lo interesante fue que después de comprobarse por varios estudios geofísicos que frente a Río de Janeiro, en el mar a una profundidad de 2.000 metros, hay más de 100.000 millones de barriles de petróleo, en mayo de 2013 el vicepresidente de EEUU en aquel entonces, Joe Biden, fue a Brasil para convencer a Dilma Rousseff de dar permiso a las corporaciones energéticas norteamericanas y participar en la explotación de aquel yacimiento de oro negro.

El representante norteamericano recibió una respuesta negativa y desde que Biden regresó a su país con las ‘manos vacías’, las protestas contra el Gobierno de Rousseff se intensificaron y la aceptación de la presidenta bajó estrepitosamente del 70 al 30%, según los medios de comunicación. Inmediatamente a Dilma Rousseff la implicaron en el escándalo de Petrobras por recibir aparentemente de esta corporación estatal dinero usado para ‘comprar’ votos en el Congreso. Nada de esto fue probado pero el proceso de ‘impeachment’ contra la presidenta arrancó.

Los impulsores de la destitución de Dilma Rousseff, el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, y el presidente del Senado, Renan Calheiros, después de hacer varias consultas con el Departamento de Estado norteamericano promovieron la acusación contra la presidenta de violar normas fiscales para maquillar las finanzas del país. En Brasil, estas decisiones fiscales se conocen como ‘pedaladas fiscales’ y consisten en usar fondos de bancos públicos para cubrir gastos de programas que están bajo la responsabilidad del Gobierno. No había ningún gobierno brasileño que no recurriera a esta práctica. En realidad, este método lo han estado utilizando prácticamente todos los gobiernos del mundo en el transcurso de la historia para cubrir gastos urgentes.

Sin embargo, el ‘impeachment’ de Dilma Rousseff fue sancionado en Washington y el 31 de agosto de 2016 después del voto en el Senado, la primera mujer presidenta en la historia del país fue destituida. Dos horas después, Michel Temer, que hasta aquel momento era el presidente interino, se transformó en seguida de vicepresidente y aliado de Dilma en su enemigo y el nuevo presidente de Brasil después de jurar apresuradamente el cargo.

Poco tiempo después, uno de los principales autores de la destitución de Dilma Rousseff, Eduardo Cunha, fue condenado a 15 años de prisión por tener en Suiza cinco millones de dólares provenientes de sobornos por un contrato de Petrobras. El presidente del Senado, Roman Calheiros, tuvo que pasar por 11 investigaciones en la corte suprema por corrupción, lavado de activos, desvío de dinero y fraude público, pero el Tribunal Supremo de Justicia lo absolvió milagrosamente de todas las acusaciones. A la vez, 34 legisladores que votaron por el ‘impeachment’ de la presidenta terminaron en la cárcel junto con 51 políticos acusados de corrupción y lavado de dinero.

Así, después de una larga ‘labor’ encubierta, Washington logró terminar con el populismo en Brasil e instalar a un presidente a su gusto, Michel Temer, que en seguida promovió un proyecto elaborado por el Fondo Monetario Internacional, que él mismo bautizó como el ‘Plan Puente al Futuro’.

Este plan incluye el recorte de gasto público para los programas sociales de vivienda, educación y combate de la pobreza; reforma del sistema jubilatorio y flexibilización de las leyes laborales y aprobación de un ‘contrato intermitente’, que se caracteriza por ausencia de jornadas fijas regulares sino esporádicas, de acuerdo a la necesidad del empleador; cierre del programa ‘Mi Casa — Mi Vida’, que permitía a los trabajadores adquirir su casa propia; revisión del Sistema universal de Salud Pública; privatización de aeropuertos, carreteras, ferrocarriles y empresas energéticas estatales al estilo de Alberto Fujimori en Perú o Mauricio Macri en Argentina. Hace poco el Gobierno anunció 34 licitaciones y subastas de bienes públicos.

Desde la llegada de Temer al poder en 2016, Brasil va camino a su peor ciclo de crecimientos de los últimos 100 años. La expansión del Producto Interno Bruto (PIB) en 2017 era solo de 1% y para 2018 los economistas pronostican un crecimiento del 1,47%, según el Instituto de Investigación Económica Aplicada. Tal es la situación en el país que el 70% de los brasileños considera a Michel Temer como el peor presidente desde el retorno del país a la democracia en 1985.

Los únicos contentos con su llegada al poder son los oligarcas nacionales y los dueños de las transnacionales energéticas y militar-industriales, pues Temer les está ofreciendo las riquezas nacionales a cambio de una simple promesa de inversiones e interés en una cooperación militar. También está feliz el Pentágono que por fin se acerca a su meta de instalarse en la Amazonía brasileña, algo que no logró ni con el Gobierno militar.

Para alcanzar todo esto, los norteamericanos no escatimaron dinero para sus operaciones abiertas y en especial, encubiertas. Según documentos de Edward Snowden, desde 2002 la CIA y la NSA instalaron en conjunto dos estaciones de espionaje y de interceptación de la comunicación electrónica SCS (Special Collection Service) llamado en privado ‘College Park’. Precisamente sus datos fueron usados tanto en la Operación Lava Jato, como en la destitución de Dilma Rousseff y el encarcelamiento de Lula da Silva.

Las mismas estaciones conectadas al sistema Primary Fornsat Collection Information (La Red de Interceptación Global de la NSA) fueron instaladas en la Ciudad de Panamá, Ciudad de México, Bogotá y Caracas, de acuerdo a la información revelada por Snowden (estas estaciones están operando actualmente en 88 países, según Electroslaces.net). Precisamente, estos sistemas SCS permitieron a Estados Unidos interferir en las elecciones de 41 países de 1946 a 2000, de acuerdo al estudio de Carnegie Mellon University. Tras analizar los últimos acontecimientos en el mundo, podríamos decir sin equivocarnos que estas interferencias ya pasaron para 2018 el número 50 de lejos.

A pesar de que los fallidos regímenes populistas representados por Cristina Fernández en Argentina, Dilma Rousseff en Brasil, Rafael Correa traicionado en Ecuador por su aliado, Lenín Moreno, todos estos líderes populistas proclamaron una política de ‘Equilibrio y Reconciliación’ entre pobres y ricos. No obstante, las élites nacionales toleraron esta política mientras no interfería seriamente con sus ganancias y la rechazaron inmediatamente cuando las condiciones económicas ya no les convenían. Al mismo tiempo, EEUU ha percibido desde el principio que el populismo sería aprovechado en términos geoeconómicos por China y Rusia. En el caso de Brasil, a Washington le irritó inmediatamente la membresía del país en BRICS y el apoyo de Dilma Rousseff a la creación de una nueva moneda de reserva.

Después, cuando el Gobierno brasileño inició la colocación de cables de fibra óptica a través del Atlántico hacia Europa para lograr su propio sistema de telecomunicación independiente de EEUU, inclusive su internet para evitar la interceptación por la NSA, la Casa Blanca se puso en alerta.

Finalmente, todos estos hechos colmaron la paciencia norteamericana y aceleraron el golpe judicial legislativo contra Dilma Rousseff y de paso contra Lula da Silva que se proyectaba como un favorito para las elecciones presidenciales programadas para el próximo 7 de octubre. El candidato de la CIA, NSA y Soros para las elecciones de 2014, Aecio Neves, no está participando en esta contienda electoral, pero la otra favorita del trío, mencionado para las elecciones anteriores, Marina Silva, se está presentando como candidata aunque está bastante ‘quemada’.

Para la agencia Bloomberg News, los más visibles candidatos a la Presidencia actualmente son Jair Bolsonaro, un excapitán de las Fuerzas Armadas que representa a la extrema derecha del Partido Social Liberal (PSL), cuyo índice de aceptación aumentó después de sufrir un atentado; lo sigue Marina Silva de Unidas para Transformar Brasil (REDE); y el heredero político de Lula da Silva, Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT) quien es doctor en filosofía. Ultimamente está creciendo la aceptación de Geraldo Alckmin del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) debido al apoyo de los empresarios. En fin, nada está claro y todo indica que habrá una segunda vuelta el próximo 28 de octubre. Se espera también que un 20% de los votantes se abstenga de dar su voto.

En todo caso, será el pueblo quien decida, como dijo alguna vez Lula da Silva, si seguirán a “los críticos del PT que piensan que debemos empezar el día pidiendo a EEUU permiso a estornudar o a Europa, permiso dee toser” o ser un país orgulloso, independiente y soberano.

Canciller iraní: “Israel es el único país en la región con un programa de armas nucleares secreto”

“Es hora de que Israel confiese y abra su programa ilegal de armas nucleares a los inspectores internacionales”, ha declarado el ministro de Asuntos Exteriores de Irán.

 

Canciller iraní: "Israel es el único país en la región con un programa de armas nucleares secreto"

El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Javad Zarif.
Feline Lim / Reuters

El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Javad Zarif, ha acusado en su cuenta de Twitter a Israel de ser el único país en la región que cuenta con un programa secreto de armas nucleares.

“Ningún espectáculo de arte y artesanía jamás ofuscará que Israel sea el único régimen en nuestra región con un programa de armas nucleares secreto y no declarado, incluido un arsenal atómico real“, escribió el ministro. “Es hora de que Israel confiese y abra su programa ilegal de armas nucleares a los inspectores internacionales”, añadió.

Javad Zarif

@JZarif

No arts & craft show will ever obfuscate that Israel is only regime in our region with a *secret* and *undeclared* nuclear weapons program – including an *actual atomic arsenal*. Time for Israel to fess up and open its illegal nuclear weapons program to international inspectors.

La publicación de Zarif se produce después de la declaración, hecha este jueves, por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, de que Irán cuenta con un objeto nuclear secreto oculto en un “territorio de apariencia inocente” en la capital.

Hablando desde la tribuna de la Asamblea General de Naciones Unidas, Netanyahu precisó que la instalación clandestina en Teherán contenía 300 toneladas de material con propiedades nucleares.

En sus declaraciones, el jefe del Gobierno israelí se refirió al archivo sobre las investigaciones nucleares de Irán que los servicios de inteligencia habían obtenido de contrabando desde la República Islámica y que Israel supuestamente compartió con varios líderes mundiales este año.

Por su parte, las autoridades iraníes han sostenido en numerosas ocasiones que no desarrollan armas nucleares.

Además, el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Yukiya Amano, ha confirmadoque Irán cumple con sus obligaciones bajo el Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA, por sus siglas en inglés). El acuerdo fue firmado en el 2015 por Irán y el Grupo 5+1 (Reino Unido, China, Francia, Rusia, EE.UU. y Alemania) y estipuló el levantamiento de una serie de sanciones contra la República Islámica a cambio de su compromiso de no desarrollar ni adquirir armas nucleares.

actualidad.rt.com

El Ejército sirio lucha contra los terroristas en el desierto de Suwaida

El Ejército sirio reanudó su ofensiva contra las posiciones de los terroristas en el desierto de Suwaida, ubicado al sur del país. El corresponsal de Sputnik logró grabar las imágenes de los combates que los militares sirios libran en la región de Tulul al Safa.

Recientemente, el Ejército sirio tomó una pausa para poder elaborar una nueva táctica de combate, para que sus soldados descansen y para poder abastecerse con nuevos efectivos y municiones. El 26 de septiembre esta pequeña pausa terminó.

© Sputnik .

El Ejército sirio lucha contra los terroristas en el desierto de Suwaida

Durante tan solo 24 horas los soldados sirios lograron avanzar varias centenas de metros tras eliminar a decenas de terroristas de ISIS —Estado Islámico, grupo terrorista proscrito en Rusia y otros países- que disparaban contra ellos desde cuevas.

Aunque esta resistencia obstaculizó el avance del Ejército sirio, las tropas pudieron destruir muchas fortificaciones de los extremistas, comunicó el corresponsal de Sputnik que actualmente se encuentra en Suwaida.

El Ejército sirio persigue el objetivo de acabar con los grupos armados ilegales en esta región del país árabe antes de que llegue el invierno.

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Ray al Youm: Putin ha convertido a Siria en una fortaleza

El director del periódico Ray al Youm, Abdel Bari al Atwan, cree que el próximo discurso de Benyamin Netanyahu ante la Asamblea General de la ONU no será tan arrogante y desafiante como otros años tras el golpe recibido con la condena de Rusia por el derribo del avión de transporte ruso Il-20 y, en especial, por la entrega del S-300 y otros sistemas antiaéreos de corto alcance de Rusia.

Con todo el descaro y el cinismo posible, Netanyahu pretendió visitar Moscú con su ministro de Defensa, Avigdor Lieberman, para “explicar” el incidente de la aeronave rusa, pero encontró las puertas cerradas en su cara. No sólo los rusos, sino todo el mundo parece estar harto ya de la arrogancia del primer ministro israelí, que esta cosechando un fracaso tras otro, incluyendo las derrotas de sus peones en Siria, su incapacidad para impedir el reforzamiento balístico de Hezbolá y su enfrentamiento actual con Rusia.

El presidente ruso, Vladimir Putin, se negó a recibir a Netanyahu y a Lieberman y el jefe de la Fuerza Aérea rusa criticó duramente a su homólogo israelí, el general Amikan Norkin, durante una visita de este último a la capital rusa y se negó incluso a escuchar los argumentos “fabricados” que el israelí llevó consigo para intentar diluir la culpa de sus aparatos y pilotos. Norkin abandonó la reunión irritado y sin una despedida o un apretón de manos.

No es sorprendente que el presidente Putin utilizara el crimen del derribo del avión para reconsiderar de forma radical las relaciones ruso-israelíes después de haber sido apuñalado por la espalda por individuos de los que él creyó ingenuamente que respetaban sus compromisos. Existen informes de medios occidentales que apuntan a la implicación israelo-estadounidense en el apoyo a los grupos armados que han estado detrás de los ataques con drones a la base rusa de Hamaimim en las últimas semanas.

El viceministro de Exteriores sirio, Faisal Mekdad, lleva mucha razón cuando señala que la entrega del S-300 a su país obligará a Israel a pensarlo dos veces antes de contemplar un ataque contra Siria en un próximo futuro.

Rusia no solo proporcionará a Siria los misiles S-300, sino que también anulará por medios electrónicos y electromagnéticos los sistemas de navegación de cualquier avión de combate hostil que se aproxime al espacio aéreo sirio. También proporcionará a Siria sistemas sofisticados de control para impedir que un aparato amigo sea atacado por los misiles antiaéreos sirios. Todo ello convierte a Siria en una zona de exclusión aérea para los aparatos israelíes y estadounidenses. Esto alterará el curso de los acontecimientos en el territorio sirio y en toda la región de Oriente Medio.

Las últimas declaraciones del gabinete de seguridad israelí mantienen la misma arrogancia de siempre, pese a los graves reveses sufridos por la entidad sionista y afirman que “Israel continuará sus ataques con el fin de impedir la presencia de Irán en Siria”.

En realidad, los ataques llevados por Israel en los pasados 18 meses no han logrado poner fin a la presencia militar de Irán en Siria. ¿Se atreverá el gobierno israelí ahora a atacar Siria con los S-300 y los otros medios a disposición del Ejército sirio, que han convertido Siria en una auténtica fortaleza, y arriesgarse a sufrir una derrota humillante? Eso se verá pronto.