El narco después de ‘El Chapo’ Guzmán

La detención del capo desata la guerra entre sus hijos y sus socios. De los seis cárteles de México, dos luchan por el poder, el de Sinaloa y el de Jalisco

Soldados patrullan la ruta que conduce a la localidad de Sierra Madre del Sur, en el estado mexicano de Guerrero. CARLOS JASSO

La caída de Joaquín Guzmán Loera desembocó en una guerra por el poder entre sus antiguos socios, sus hijos y otras cédulas del crimen organizado que, a día de hoy, siguen librando a espaldas de lo que ocurre en un tribunal de Nueva York.

El Chapo Guzmán pasará, probablemente, el resto de su vida en una prisión de máxima seguridad en Estados Unidosrecordando los viejos tiempos en los que consiguió destacarse como uno de los narcotraficantes más importantes de la historia. Su detención, y posterior extradición, dejaron un considerable vacío de poder que hoy aspiran a ocupar varios candidatos, en una guerra sin cuartel que convirtió el pasado 2018 en el año más violento desde que se tienen registros en México. La llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia anticipa un cambio en las reglas del juego que, sin duda alguna, afectará de lleno a los seis cárteles y 80 cédulas delictivas que siguen actuando con impunidad en el país.

El pasado 15 de febrero, tres días después de que la corte de Nueva York declarara culpable a El Chapo, López Obrador se desplazó a Badiraguato, tierra natal del caído capo, para exigir que se deje de “estigmatizar” a esta región por el narcotráfico. Días antes, en su intervención diaria ante los medios en el Palacio Nacional de la capital mexicana, un periodista preguntó al presidente mexicano si la guerra contra el narco había terminado, la respuesta sorprendió a todos:

Oficialmente ya no hay guerra, nosotros queremos la paz”. Para el doctor Javier Oliva, experto en temas de Seguridad Nacional: “Es falso que haya terminado la guerra, lo que hay es un cambio de retórica pero se le sigue haciendo frente al narcotráfico”. De los seis cárteles que operan en todo el país, actualmente hay dos que luchan por la hegemonía: el cártel de Sinaloa y el de Jalisco Nueva Generación.

El cártel de Sinaloa, o cártel del Pacífico, ha sido lógicamente el más afectado por la caída de El Chapo. Según confirmó en una entrevista Mike Vigil, antiguo jefe de operaciones internacionales de la DEA, el cártel pasó entonces a funcionar “como una federación con 120 clanes que se mueven con mucha autonomía y son difíciles de rastrear”. Por encima de todos ellos, como jefe supremo, se encuentra, Ismael El MayoZambada, antiguo socio de El Chapo que a sus 70 años sigue sin haber puesto nunca un pie en la cárcel. En un segundo nivel, el poder está repartido entre Iván y Alfredo Guzmán, hijos de El Chapo y conocidos popularmente como Los Chapitos, encargados de controlar la venta de droga y organizar la logística de defensa de el grupo. Ésta es la realidad hoy en día, pero pudo haber sido diferente si alguno de los aspirantes al trono hubiera logrado su objetivo.

Dámaso López, alias El Licenciado, era uno de los hombres de más confianza para El Chapo. Se conocieron en el año 2001 en la cárcel de Puente Grande, cuando López era el jefe de seguridad y Guzmán Loera su preso más reconocido. Ambos idearon un plan para sacar al capo de la prisión escondido en un carrito de lavandería y desde entonces se hicieron inseparables. López, apodado El Licenciado por ser uno de los pocos capos con estudios superiores, fue clave para levantar el imperio de la droga del cártel de Sinaloa. Un imperio del que trató de adueñarse tras la detención de El Chapo.

En las últimas semanas ambos volvieron a verse las caras cuando El Licenciado, capturado por las fuerzas de seguridad mexicanas en el 2017, testificó en la corte de Nueva York contra su antiguo socio. También lo hizo su hijo, Dámaso López Serrano, el cual decidió entregarse a la Justicia en Estados Unidos tras la detención de su padre. Ambos habían protagonizado, durante casi dos años, una guerra sin cuartel contra Los Chapitos por el control del cártel de Sinaloa que dejó miles de muertos.

A pesar de las guerras intestinas, y de la caída de su antiguo jefe, esta organización sigue siendo, según confirmó Mike Vigil “la más poderosa organización de narcotráfico en el mundo”. Su principal actividad pasa por la distribución de metanfetamina, marihuana, cocaína y heroína a Estados Unidos, concretamente a Phoenix, Los Ángeles, Denver y Chicago.

AUGE DEL CÁRTEL JALISCO NUEVA GENERACIÓN

Su máximo rival en este mercado siempre fueron Los Zetas, una organización venida a menos por el auge, en parte, de otro grupo que se ha convertido ahora en su principal amenaza: el cártel de Jalisco Nueva Generación. Hace años eran conocidos como Los Matazetas, y trabajaban como el brazo armado del cártel de Sinaloa hasta que, en el 2014, decidieron empezar a operar por su cuenta. Su líder es Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, un antiguo jefe de policía por el que las autoridades ofrecen una recompensa de 10 millones de dólares y al que se acusa de haber secuestrado, durante una semana, a Los Chapitos.

Según datos oficiales de Estados Unidos, esta organización “controla 100 laboratorios clandestinos en México y envía mensualmente a EEUU cinco toneladas de cocaína y otras cinco toneladas de metanfetamina”. Sus principales plazas en territorio americano son Los Ángeles, Nueva York y Atlanta.

Al margen de estas dos grandes organizaciones hay otras, más fragmentadas y menos influyentes, que siguen operando en territorio mexicano: cártel de Juárez, cártel del Golfo, cártel de los Beltrán Leyva y los Zetas. Ya en un escalón inferior, cientos de cédulas criminales pelean a diario por el control de plazas importantes, entre ellas la Ciudad de México, que ya está perdiendo la neutralidad que en el pasado la aisló de esta guerra. Una guerra fragmentada, tras la caída de El Chapo, que se ha traducido en una espiral de violencia que ubicó el año 2018 como el más violento desde que se tienen registros, con más de 34.000 asesinatos.

El nuevo presidente del país, López Obrador, aspira a cambiar esta triste realidad. Entre otras medidas, se ha comprometido a legalizar ciertas sustancias (como la marihuana y la amapola), a crear la Guardia Nacional (una fuerza mixta con la que retirar al Ejército de las calles) o la posible amnistía a líderes del narcotráfico. Se avecinan tiempos de cambio para el narco mexicano que sigue operando a espaldas del juicio que se celebra en Estados Unidos contra su máximo exponente.

elmundo.es

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