Situación en el sur de Asia después de los ataques terroristas en India e Irán

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Vladimir Terekhov*

El ataque terrorista, ocurrido el 14 de febrero cerca de la ciudad de Pulwama en el distrito con el mismo nombre del estado de Jammu y Cachemira, dio un duro golpe no solo a las tendencias positivas (también débiles) en la relación entre India y Pakistán y también a la situación que está evolucionando en la subregión del sur de Asia en su conjunto.

Nos gustaría recordarles a nuestros lectores que, como resultado del ataque de un atacante suicida que viajaba en un vehículo, que conducía un vehículo todo terreno con 300 kg de explosivos en un convoy de personal militar indio que se desplazaba por la principal autopista estatal, más de 40 personas murieron y un número aproximadamente equivalente sufrió lesiones. Y aunque en la parte india del antiguo estado principesco de Cachemira se libró una guerra de guerrillas sin parar (con víctimas prácticamente diarias), este acto de terror fue el más sangriento en las últimas décadas.

Un grupo militante Jaish-e-Mohammed, incluido en una lista de grupos terroristas de la ONU y designado como tal (que es importante destacar) en Pakistán, se responsabilizó del ataque.

En este punto, es esencial agregar algunos comentarios clave. Como sin ellos, no tiene sentido describir las palabras o acciones posteriores al ataque terrorista, que fueron habladas o iniciadas por los líderes no solo de India y Pakistán, sino también de las dos potencias mundiales, es decir, Estados Unidos y China.

En Pakistán, se cree que la organización mencionada anteriormente fue producto de los problemas notorios que enfrenta la sección india de Cachemira, donde se basa este grupo. Sin embargo, en la India existe la creencia generalizada de que el todopoderoso ISI (Inter-Services Intelligence en Pakistán) patrocina esta y otras organizaciones similares, y que los líderes y los campos de entrenamiento de Jaish-e-Mohammed están de hecho en Pakistán.

El autor de este artículo se abstendrá de expresar su propio punto de vista sobre este tema, así como el asunto mucho más amplio del conflicto de Cachemira, que, en general, es un tema delicado para dos de los socios clave de la Federación de Rusia. Sin embargo, nos tomaremos la libertad de abordar el tema de las relaciones existentes entre los participantes dentro del sistema “fuerzas especiales terroristas”. Hasta ahora, la mera existencia de tal acuerdo se discutió principalmente en relación con Pakistán. Sin embargo, en los últimos años se ha hecho bastante evidente que tales “sistemas” también están presentes en países “civilizados”.

Y no hay una necesidad real de hacer ninguna forma de juicios morales sobre este tema. Todos se enfrentan a problemas por los que no desean ensuciarse las manos (oficialmente). Desafortunadamente, nuestro mundo no es perfecto.

Durante un conocido discurso de Donald Trump a los europeos sobre sus propios ciudadanos que habían luchado para el ISIS, el autor discernió el siguiente mensaje: “¡Así está la cosa, mis queridos aliados! Recuperen a sus proscritos. Después de todo, ya han causado suficiente daño como resultado de su síndrome poscolonial”.

También nos gustaría agregar que un reconocimiento de la presencia de este síndrome es lo que obligó al ex Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Robert Gates, a objetar la participación estadounidense en la empresa libia en su época, que había comenzado, en primer lugar, con la ayuda de los “patrocinadores” anglo-franceses.

En cuanto a Pakistán, la situación extremadamente difícil en el país y sus alrededores exige (en los términos más estrictos) que las fuerzas especiales, responsables de garantizar la seguridad, mantengan algún tipo de contacto con organizaciones dudosas. Como resultado, naturalmente, se vuelve problemático monitorear de manera efectiva las actividades de dichas organizaciones. El acto de terror en Pulwama fue, aparentemente, una manifestación de este problema.

El lema “cero tolerancia al terrorismo” solo es bueno para ser expresado desde las plataformas de la ONU. Dado que los eventos son de naturaleza extremadamente variada, etiquetados con un término general (y absurdo) de “terrorismo”, provienen de fuentes muy diferentes. Y su existencia en la arena política global no es menos razonable que la de cada estado miembro de las Naciones Unidas. El uso del término “terrorismo” también permite evadir una pregunta clave: “¿Quién tiene derecho a usar la fuerza en los conflictos políticos y por qué motivos pueden hacerlo?” Es poco probable que la situación en la parte india de Cachemira mejore drásticamente si el ISI realiza esfuerzos serios para combatir a la organización Jaish-e-Mohammed. Es simplemente una cuestión de tiempo (aparentemente un período bastante corto) cuando en su lugar aparecerá una organización similar (pero que carece de cualquier apariencia de control) en el estado de Jammu y Cachemira.

Teniendo en cuenta la escala de lo que sucedió en Pulwama, vale la pena señalar que los líderes de India y Pakistán han podido mantener bajo control el estado de sus relaciones bilaterales. Aun así, naturalmente, la retórica apta para la ocasión siguió a Nueva Delhi.

Sin embargo, de todas las medidas de represalia expresadas por la India, las más mortales (como, por ejemplo, el uso de ataques aéreos para atacar con ” precisión la infraestructura terrorista en la Cachemira ocupada por Pakistán”  no se llevaron a cabo por el momento. La investigación, que comenzó, ha desenterrado algunas pistas importantes sobre el ataque terrorista .

Sin embargo, el regreso de la retórica agresiva (por ejemplo, una intención expresada de aislar a Pakistán económica y políticamente) en el marco de los lazos bilaterales indica que, después de Pulwama, esta relación prácticamente ha llegado al fondo. La última vez que se observaron desarrollos similares fue hace más de dos años, cuando, luego de los ataques de los militantes de los puestos de vigilancia y cuartel de la patrulla fronteriza india en la misma Cachemira, el Primer Ministro Narendra Modi amenazó con cortar el suministro de agua a Pakistán de los afluentes del río Indo. Los pakistaníes respondieron con sus propias contra amenazas de recurrir a las armas nucleares.

Desde el punto de vista del autor, el acto de terror en Pulwama no beneficia a ninguna de las dos potencias mundiales, y cada una juega su propio juego de ajedrez en la subregión del sur de Asia. Estados Unidos se vio obligado a reprender fuertemente a Pakistán, con quien el presidente Donald Trump recientemente expresó su intención de mejorar las relaciones como parte del plan para retirar las fuerzas estadounidenses de Afganistán.

En China, el trágico incidente en la parte india de Cachemira se vio claramente opacado por un evento más importante para Pekín: la visita del primer ministro Narendra Modi al estado de Arunachal Pradesh, que había tenido lugar 5 días antes como parte de su gira de campaña antes de las próximas elecciones parlamentarias. Nos gustaría recordarles a nuestros lectores que, en la República Popular China, los territorios del estado mencionado anteriormente se consideran pertenecientes a China y se les conoce como el sur del Tíbet. Por lo tanto, la visita del Primer Ministro de la India a Arunachal Pradesh dio lugar a un acto de protesta del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular de China.

El ataque terrorista en Pulwama resultó ser un incidente verdaderamente inoportuno, en primer lugar, para el liderazgo pakistaní por muchos motivos. Una de esas razones fue que solo un día antes uno de los grupos militantes baluchis llevó a cabo un acto de terror igualmente sangriento cerca de la frontera de Pakistán y la provincia iraní de Sistan y Baluchestán. El ataque estaba dirigido a la sede local del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC). Uno de los líderes de IRGC también amenazó a Pakistán con medidas de represalia durante su discurso en un servicio fúnebre para una de las víctimas de este ataque terrorista.

Cabe destacar que el gobierno pakistaní ha librado una guerra contra cualquier forma de separatismo, incluido un movimiento de ese tipo en su propia provincia de Balochistán. Lo que hace que estos esfuerzos estatales sean especialmente significativos es el hecho de que los militantes de Baloch apuntan cada vez más contra los sitios del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC), que son extremadamente importantes para los líderes paquistaníes, los trabajadores de la construcción chinos e incluso las misiones diplomáticas chinas.

En cualquier caso, tanto Irán como Afganistán han respaldado los llamamientos de Estados Unidos, dirigidos a Pakistán, para que dejen de apoyar el terrorismo.

Y todos estos problemas han caído sobre los hombros del recientemente electo Primer Ministro pakistaní, Imran Khan. Una de sus promesas clave, hecha durante la campaña del año pasado antes de las elecciones parlamentarias, fue su intención de mejorar las relaciones con la India. Y dado que el ejército paquistaní (y por defecto el ISI) está detrás de todos los eventos políticos importantes en esta nación, la única queja que se puede presentar contra el liderazgo actual del país es el hecho de que no ha tomado suficientes medidas para combatir el terrorismo, y no (incluso indirectamente) apoye tales organizaciones.

Es muy probable que tales críticas generen una respuesta, es decir, algo como lo siguiente: “Si tan solo tuviéramos estos problemas”.

Es extremadamente triste que una de las principales consecuencias de estos recientes actos de terror, de los cuales Pakistán ha sido acusado de una u otra manera, sea el hecho de que la situación en la subregión de Asia del Sur está entrando en un estado de caos con todo los terribles resultados que seguirán.

*experto en temas de la región de Asia y el Pacífico

El conflicto afgano y las relaciones de Afganistán con Pakistán

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Natalia Zamarayeva*

En el último año, Islamabad entró en diálogo con Kabul como parte de sus conversaciones con los Estados Unidos.

Esta área de la política exterior de Pakistán está dominada por los militares del país. La participación de las fuerzas armadas en la política exterior es un rasgo característico del desarrollo político interno del país. Otra característica clave de este desarrollo es el hecho de que ahora, en 2019, por varias razones diferentes, Islamabad ya no es intimidado por las sanciones y amenazas de los Estados Unidos. Sin embargo, esto no significa que haya dejado de escuchar a la Casa Blanca.

El objetivo principal de la administración de Donald Trump en Afganistán es poner fin al conflicto y lograr una retirada victoriosa de las tropas de los EE. UU. y la OTAN del país, al tiempo que evita el riesgo de ataques de grupos terroristas armados contra ciudadanos estadounidenses, es decir, para eliminar el riesgo de una repetición de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

Este período ha visto un cambio completo en el enfoque de Washington hacia Islamabad: en 2017-2018 Donald Trump acusó a Islamabad de albergar a los líderes de los talibanes afganos y amenazó con lanzar ataques militares de la coalición contra militantes afganos en Pakistán, pero en diciembre de 2018 escribió una carta a AImran Khan, el primer ministro pakistaní, solicitando su apoyo en la organización de conversaciones con los talibanes afganos.

Estados Unidos ha persuadido a Pakistán para que desempeñe un papel más activo en la lucha contra el terrorismo y ha presionado a su antiguo aliado para lograr este objetivo. Por ejemplo, la Casa Blanca ha vuelto a cumplir su promesa de proporcionar a Pakistán ayuda financiera y militar, ha aumentado la presión sobre el Fondo Monetario Internacional y, en agosto de 2018, se negó a permitir que los militares paquistaníes estudiaran en las academias militares de los Estados Unidos, aunque ya se había acordado un cupo para tales colocaciones. Pero Pakistán no cedió a la presión.

El cambio de curso en la política afgana de los EE. UU. fue una respuesta al fracaso de su estrategia anterior en Afganistán y el sur de Asia (agosto de 2017) que se centró en lograr una solución militar al conflicto civil afgano. La estrategia revisada (junio de 2018) hizo hincapié en promover las conversaciones para resolver la crisis a través de la negociación.

La campaña militar en curso, que comenzó en 2001, le ha costado a Washington más de un billón de dólares y miles de vidas. A pesar de estas pérdidas, Donald Trump ha declarado que los EE. UU. pondrán fin a la campaña antiterrorista. En vista del hecho de que solo le quedan dos años de su mandato presidencial, es probable que en 2019 se produzcan numerosos acontecimientos, tanto diplomáticos como militares, en la política de los Estados Unidos en relación con Pakistán y Afganistán.

Ahora, en 2019, el enfrentamiento militar entre la oposición armada y las fuerzas de la Coalición está tan arraigado que ni los talibanes ni el gobierno de Kabul, con su nivel actual de apoyo de las tropas de los EE. UU. y la OTAN, pueden lograr una victoria estratégica. La victoria militar de los talibanes se disolverá, ya que ni los Estados Unidos ni ninguno de los gobiernos nacionales de la región ven ningún futuro para los talibanes. En vista de este estancamiento, las partes en conflicto, así como las principales potencias regionales, han llegado a apreciar la necesidad de encontrar una solución negociada.

Las principales características de las negociaciones entre los EE. UU. y los talibanes afganos son las siguientes:

– EE. UU., a pesar de haberse negado a hacerlo durante muchos años, ha aceptado participar en conversaciones directas con los talibanes afganos;

– los talibanes afganos se niegan a participar en conversaciones directas con el Gobierno de Unidad Nacional de Afganistán;

– las partes en el conflicto han aceptado que las conversaciones entre los EE. UU. y los talibanes afganos son imposibles, a menos que también se invite a Pakistán a participar y sirva como garante de que las conversaciones continuarán.

Pakistán tiene dos objetivos estratégicos principales en las negociaciones para regular el conflicto afgano: un objetivo nacional y uno regional.

El principal motivo de Islamabad para apoyar las negociaciones entre los EE. UU. y los talibanes afganos es su temor a la inestabilidad regional que podría resultar de la salida de los EE. UU. de Afganistán (un gran número de refugiados y narcóticos afganos, un aumento en el número de organizaciones terroristas y la amplitud de sus actividades etc.).

La seguridad nacional de Pakistán está amenazada por las actividades de varios grupos, entre ellos el separatista Ejército de Liberación de Balochistán, y militantes de Lashkar-e-Jhangvi y los talibanes pakistaníes, que tienen su base en Afganistán pero realizan ataques en Pakistán. El Talibán pakistaní, tomado en conjunto con sus organizaciones aliadas, tiene un total de entre 3,350 y 4,200 militantes. Según informes de la prensa local, los talibanes paquistaníes están colaborando junto con DAESH. En Pakistán, estos militantes realizan ataques contra instalaciones y edificios del ejército, la policía y el gobierno, así como contra los pertenecientes a minorías religiosas y étnicas. Por ejemplo, ha habido un aumento en los ataques en áreas tribales en el sur del país, incluso en el puerto principal y la gran ciudad de Karachi.

Como parte del proceso de negociación, Kabul le prometió a Islamabad que trabajará junto con su vecino para repatriar a los militantes talibanes pakistaníes. Se teme que si el programa de desradicalización en Afganistán no tiene éxito, estos militantes pueden unirse a DAESH. Rawalpindi, la ciudad donde se encuentra la sede del ejército de Pakistán, ha estado liderando un programa para integrar a ex militantes de varios grupos armados de oposición en una sociedad pacífica desde 2009.

El Talibán paquistaní también le ha asegurado a Pakistán que romperá sus vínculos con otras organizaciones militantes, dejará de albergar a los militantes extranjeros y, lo más importante, acordó no hacer nada que interfiera con los intereses de Pakistán.

El éxito de las conversaciones en Afganistán entre los EE. UU. y los talibanes afganos es importante para Islamabad por otra razón: le ayudará a contrarrestar los nuevos desafíos que enfrenta, uno de los más importantes es neutralizar al grupo militante pastún Tehreek. i-Labbaik Pakistan. Este grupo surgió de manera espontánea durante las protestas masivas de los pashtunes tras el asesinato de un joven pastún en Karachi en enero de 2018, y en enero de 2019 el grupo aún se encontraba en el terreno, se había organizado y estaba formulando demandas en relación con los asuntos sociales, administrativos y políticos. Esta fue la primera vez en la historia de Pakistán que se formó un movimiento Pashtun, y su existencia es de gran preocupación para el gobierno nacional, ya que las manifestaciones masivas en una región podrían desencadenar movimientos separatistas en todo el país.

Aunque ha pasado muy poco tiempo desde la carta de Donald Trump a Imran Khan, el primer ministro pakistaní, ya se pueden ver mejoras en las relaciones entre los dos países. En diciembre de 2018, Pakistán abrió nuevamente el cruce de la frontera de Torkham que por varias razones, se cerró durante casi un mes cada año desde 2016. Torkham y Chaman son los principales cruces de frontera entre Afganistán y Pakistán, y su cierre tuvo lugar. Redujo drásticamente la cantidad de comercio entre los dos países. Este comercio, principalmente en frutas y hortalizas de temporada, había bajado de $ 2,3 mil millones en 2015 a $ 800 millones en septiembre de 2017. Según Islamabad, los cruces fronterizos se cerraron porque debían modernizarse, y también para que se pudieran construir 900 km de cercas erigidas a lo largo de tramos de la frontera de 2.500 km.

Las otras preguntas que siguen sin resolverse incluyen la repatriación de los refugiados afganos, la liberalización del régimen de visas entre los dos países, el problema de las personas que cruzan la frontera ilegalmente y la renovación de los contactos y visitas bilaterales comerciales. Es difícil resistirse a la conclusión de que encontrar una solución al conflicto civil afgano está en los intereses nacionales de Pakistán y es importante para su seguridad.

Algunos de los líderes de los talibanes afganos viven en Quetta, la capital de la provincia pakistaní de Balochistan, mientras que un número menor vive en Karachi. Y es un hecho bien conocido que mientras los líderes talibanes tengan su base en Pakistán, Islamabad tiene cierta influencia sobre ellos. Islamabad, en los últimos meses, ha estado presionando a estos líderes y a sus familiares, en un intento de persuadir a los militantes afganos para que dialoguen con los Estados Unidos.

Las fuerzas armadas de Pakistán también tienen interés en la resolución pacífica del conflicto civil afgano y, a través de intermediarios de líderes religiosos, han enviado mensajes a los militantes afganos que enfatizan lo esencial que es para ellos negociar con los Estados Unidos. Si los militantes se niegan, Pakistán ha amenazado con romper los vínculos con los talibanes afganos, incluso con la Quetta Shura, el consejo de líderes talibanes.

Pakistán coopera con Washington y cumple con sus requisitos para garantizar que las conversaciones entre los EE. UU. y los talibanes afganos se realicen con éxito. Por ejemplo, en octubre de 2018, Pakistán liberó a Mullah Abdul Ghani Baradar de la prisión. Baradar es un confidente cercano de Mullah Omar, el Emir del propio Emirato Islámico de Afganistán (1996 – 2001). Al arrestarlo en Karachi, en febrero de 2010, las autoridades paquistaníes probablemente le salvaron la vida y también obtuvieron un útil agente de negociación: su liberación ayudó a allanar el camino para las conversaciones entre los EE. UU. y los talibanes afganos. Y en la segunda etapa de las conversaciones, programada para el 25 de febrero de 2019, la delegación talibán afgana estará encabezada por Abdul Ghani Baradar, cuya principal lealtad es con el antiguo Emirato Islámico de Afganistán, y solo después de eso, a los talibanes afganos. Los asuntos que planteará incluyen cuestiones relacionadas con el establecimiento de relaciones entre Pakistán y Afganistán, incluido el reconocimiento de Kabul de la Línea Durand como la frontera entre los dos países.

La solución pacífica del conflicto civil afgano también tiene implicaciones internacionales para Islamabad, que espera que las conversaciones entre los EE. UU. y los talibanes afganos reduzcan la intensidad de la guerra híbrida de Kabul contra su vecino del sur. Pakistán está igualmente preocupado por reducir la influencia de la India en Afganistán, un tema que Islamabad ha mencionado a Washington en varias ocasiones.

Pakistán también está preocupado por su imagen: debe ser visto como un país seguro y próspero, particularmente porque su gobierno ha estado trabajando en el proyecto del Corredor Económico China-Pakistán, parte de la iniciativa OneBelt, One Road de China, desde marzo de 2015. Washington fue muy crítico con China durante los primeros años de la iniciativa OBOR, cuando se estaban construyendo las instalaciones necesarias: ve este proyecto de infraestructura como una señal del ascenso de Beijing a gran potencia económica. Más recientemente, los EE. UU. han entonado las críticas, pero Washington, no obstante, está planeando planes para “quedarse” en la región y bloquear las rutas de transporte de China, si es posible.

La participación de Pakistán en la organización de la segunda ronda de conversaciones entre los EE. UU. y los talibanes afganos se puede resumir simplemente: está tratando de persuadir a los talibanes para que participen en el diálogo con representantes del Gobierno de Unidad Nacional de Afganistán. Esto no es tarea fácil para Islamabad. Por ejemplo, a principios de febrero de 2019, Ashraf Ghani, el presidente afgano, expresó su apoyo a los manifestantes en las provincias de Khyber-Pakhtunkhwa y Balochistan en Pakistán. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Pakistán vio estos comentarios como una interferencia inaceptable en los asuntos internos de Pakistán.

Ahora solo faltan unos días para que comience la próxima ronda de conversaciones entre los talibanes afganos y estadounidenses. Pero ya estamos escuchando comentarios de ciertos sectores de que es probable que el proceso de negociación termine en un estancamiento. Estados Unidos considera que ya ha hecho demasiadas concesiones importantes a los talibanes afganos, no está preparado para cumplir con las condiciones sugeridas por el Mullah Baradar y está exigiendo un alto el fuego y un acuerdo de paz antes de retirar a las tropas de la Coalición de la República.

*Ph.D (Historia), investigadora principal, sección de Pakistán, Instituto de Estudios Orientales de la Academia de Ciencias de Rusia

El sistema defensivo del espacio aéreo de ‎la India presenta serios problemas

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Valentin Vasilescu

El especialista en temas militares ValentinVasilescu pasa revista a los errores tácticos ‎de la fuerza aérea india en el incidente de Balakot. Los analistas de Great Game ‎India ya mostraron que los aviones indios no alcanzaron los blancos en su misión ‎contra el grupo terrorista Yeish-e-Mohamed. Todo esto deja una impresión de falta de ‎profesionalidad y recuerda la visita secreta de Benyamin Netanyahu en Pakistán, ‎realizada el 25 de octubre de 2018. ‎

Después del episodio del derribo de un avión indio MiG-21 por Pakistán, el 27 de febrero ‎de 2019, los seudo expertos afirman que los aviones de la India son demasiado viejos y que tendría que ‎sustituirlos con aviones F-16. Mi opinión es que si la India hubiese utilizado aviones F-35 o Rafale ‎el resultado habría sido el mismo porque el error no es imputable a las capacidades de los ‎aviones, del armamento ni a la formación de los pilotos sino a los generales del estado mayor de ‎la fuerza aérea. ‎

Pakistán llevó a cabo una misión destinada a poner a prueba el nivel de preparación del ‎estado mayor de la fuerza aérea india y su grado de familiarización con las tácticas modernas. ‎Para ello envió una primera ola de aviones con capacidades menos importantes, como los ‎‎Mirage IIIy los JF-17, que debían servir de «carnada» para atraer los aviones interceptores ‎de la India. Tras esa primera ola, a unos 50 kilómetros, llegó una segunda ola que se componía ‎de F-16 Block 52, los mejores que posee Pakistán, equipados con misiles AIM-120 C5. ‎

Los aviones pakistaníes de la primera ola atrajeron 2 interceptores MiG-21 Bison a un combate ‎aéreo a corta distancia (dogfight). El primero de esos MiG-21 había despegado de un ‎aeródromo situado cerca de la frontera entre la India y Pakistán. Después, la primera ola regresó ‎a Pakistán. Las maniobras de los aviones de la primera ola estaban destinadas a ‎lograr que los F-16 pakistaníes se hallaran en la posición más óptima para utilizar sus ‎misiles aire-aire de largo alcance y derribar los interceptores indios. ¿Qué sucedió? ‎

Los generales del estado mayor de la fuerza aérea de la India están más que fascinados con las ‎‎«maravillas» que les proponen los estadounidenses, a golpe de publicidad sobre los F-16 que ‎quieren venderles. Pero si realmente quisieran aprender algo sobre su uso, deberían haber ‎seguido el escenario de la operación aérea que realizó Rusia durante los ejercicios aeroterrestres ‎‎Vostok-2017. El escenario planteado era exactamente el mismo que utilizó la aviación ‎pakistaní. ‎

Es probable que la India incluso haya tenido suerte de que el resultado del golpe aéreo del 27 de ‎febrero haya sido el que conocemos. Como todo se hizo en condiciones en que la India ‎no estaba preparada en lo absoluto, también todo se desarrolló de manera oscura para la ‎aviación india y Pakistán no tenía intenciones de poner fin a una acción en la que pudo haber ‎destruido decenas de aviones indios. El uso de «carnada» para atraer los interceptores indios ‎fue cosa nueva únicamente para los comandantes de la aviación india dado el hecho que la ‎aviación israelí utilizó el mismo truco, en 1982, durante la operación Mole Cricket 19, logrando ‎derribar entonces 80 MiG-21 y otros 23 aviones sirios. ‎

No logro entender el modo caótico del estado mayor indio al planificar los combates. El día ‎anterior –el 26 de febrero– ese mismo estado mayor había ejecutado a la perfección una misión ‎ofensiva. Comenzó neutralizando la red estadounidense de radar AN/TPS-77 en Pakistán. Y ‎después, aviones de combate Mirage 2000 equipados con misiles SPICE 2000 al parecer ‎golpearon objetivos del grupo terrorista Yeish-e-Mohammed en la regió de Balakot, bajo control ‎de Pakistán [1].‎

‎¿Qué fue lo que no funcionó en la aviación india el 27 de febrero? Una misión compleja de defensa ‎del territorio no se reduce al uso simultáneo de entre 1 y 4 grupos de 4 a 6 aviones ‎interceptores. También es necesario utilizar otros aviones con otro destino táctico para garantizar la ‎seguridad de los interceptores. Lo sorprendente es que la India tiene la superioridad sobre ‎Pakistán porque dispone de los medios más eficaces para garantizar la victoria en el combate. ‎

Desde el principio existía un panorama completo de la situación aérea gracias a los datos ‎proporcionados por 5 aviones radares volantes [de alerta temprana] Beriev A-50 y Netra/EMB-‎‎145 [2]. ‎Todos los datos se transmiten a los pilotos de los aviones interceptores a través de un canal ‎secreto. Los aviones de alerta temprana hacen además el papel de puestos de mando voladores. ‎Son de gran tamaño y disponen de equipos radioelectrónicos más poderosos y eficaces que los ‎que llevan los aviones interceptores. La colaboración entre un buen navegante de AWACS y los ‎pilotos de los interceptores permite a estos últimos utilizar rápidamente sus sistemas de ‎contramedidas ante los misiles aire-aire de gran alcance: se trata de contramedidas electrónicas e ‎infrarrojas que se combinan con la realización en vuelo de maniobras bruscas de máxima ‎sobrecarga. ‎

Otra manera de proteger los aviones interceptores es interfiriendo el radar de los F-16 y el radar ‎terrestre pakistaní mediante el uso de 3 aviones indios SRA/Gulfstream III. Si la India hubiese ‎utilizado algún avión de ese tipo el 27 de febrero, habría logrado crear interferencias en ‎los radares de los F-16 de Pakistán y estos no habrían podido disparar sus misiles AIM-120, o ‎los habrían lanzado inútilmente. Además, los F-16 de Pakistán habrían quedado ‎«cegados»‎ y ‎los cazas indios habrían podido interceptarlos. Estos últimos habrían sido dirigidos por los aviones ‎de alerta temprana para que se situaran a los lados de los F-16 y a distancias tales que habrían ‎quedado fuera del alcance visual de los pilotos pakistaníes y en condiciones óptimas ‎para utilizar sus propios misiles aire-aire. ‎

NOTAS

[1] «Análisis de las imágenes satelitales de los golpes aéreos contra Balakot», por Great Game IndiaRed Voltaire, 9 de marzo ‎de 2019.

[2] Se trata de aviones similares a los AWACS estadounidenses. Nota de la Red Voltaire.

Ejército yemení sigue eliminando a mercenarios en el suelo saudí

El Ejército yemení infligió grandes pérdidas entre las fuerzas agresoras saudíes y sus mercenarios en la región sureña de Arabia Saudí.

Las fuerzas yemeníes, apoyadas por el movimiento popular Ansarolá, atacaron las posiciones de los saudíes y sus aliados instaladas en varias partes de las provincias saudíes de Najran, Jizan y Asir, con artillería y varios misiles balísticos tipo Badr-P1, según explicó el martes un militar yemení a la agencia local de noticias Saba.

Decenas de las fuerzas agresoras, de acuerdo con el informante, murieron y resultaron heridas en la operación, en que también fue destruido un vehículo militar y se confiscó una gran cantidad de armas y municiones.

El militar yemení, que fue citado en anonimato por la fuente, añadió que la fuerte artillería, asimismo, impidió la infiltración de los mercenarios en el territorio yemení, que se iba a realizar con el apoyo de la aviación de las fuerzas aliadas de Riad.

“Decenas de mercenarios fueron aniquilados o resultaron heridos en una emboscada realizada mientras ellos estaban intentando, en vano, entrar” al suelo yemení, indicó el militar árabe.

¿Cómo se inició la guerra?

En marzo de 2015, Riad y sus aliados comenzaron una campaña de ataques aéreos contra Yemen con el propósito de restaurar en el poder al expresidente fugitivo yemení, AbduRabuMansurHadi, un estrecho aliado de Riad que apoya la intervención militar en su país.

Un informe publicado el pasado 11 de diciembre por el proyecto Datos sobre Localización y Acontecimientos de Conflictos Armados (Acled, por su acrónimo del inglés) precisa que la agresión iniciada en marzo de 2015 por Arabia Saudí y sus aliados contra Yemen ha dejado más de 60 000 civiles muertos.

Las fuerzas yemeníes atacan al suelo saudí para vengarse de los ataques de Riad

Además de cientos de muertos, de mayoría civil, la agresión saudí a Yemen ha ocasionado también “la mayor crisis humanitaria del mundo”, donde hay unos 22 millones de personas que necesitan ayuda para sobrevivir y varios otros millones que padecen hambruna, de acuerdo con el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

La precaria situación obligó a las fuerzas yemeníes a tomar acciones y responder la guerra librada en su contra que cuenta con el apoyo multilateral de EE.UU. y sus aliados regionales y occidentales.

El Ejército yemení ha advertido de que las unidades de Ansarolá tienen señalados otros 300 objetivos saudíes que pueden ser atacados con armas apropiadas, si el liderazgo lo decide. Yemen asegura que cuenta con sistemas de misiles balísticos capaces de golpear sus objetivos con precisión sin verse desafiados por los sistemas de defensa del enemigo.

ELESPIADIGITAL.COM

Los grandes medios de comunicación (manipulación) ignoran las matanzas de cristianos en Nigeria o las profanaciones de iglesias en Francia

Llevamos ya décadas oyendo la consigna robótica de que “la diversidad es nuestra fuerza”. No es cierto. No, no tiene nada que ver con el ‘prejuicio’. Es la naturaleza humana, que prefiere lo familiar a lo extraño y aspira a que ‘los suyos’ gobiernen su propia casa.

Una de los peajes inevitables que hay que pagar por ser periodista es que con aburrida frecuencia alguien que no tiene ni noción del negocio te trata de avergonzar (gremialmente) porque los medios dedican más atención al desastre A que al desastre B aunque el desastre B ha causado más bajas que el desastre A.

Se supone que los periodistas somos unos desalmados mercenarios por esto, aunque no sé si el crítico en cuestión no advierte que tratar de las matanzas ‘al peso’ no es en sí mismo el colmo de la empatía. Lo que no entiende es que la misión de los medios no están para valorar y medir tragedias y otorgar macabras medallas al colmo del horror, y que la mayor o menor importancia en espacio y ubicación que damos a una noticia está condicionada por el interés que tiene para el lector. Y que si le damos idéntica importancia a lo que sucede en Albacete que lo que pasa en Kuala Lumpur, ibamos a durar muy poco en el mercado.

Pero hay otra cosa, y es que los medios tienen un mensaje que vender, y ahí tengo que dar la razón a mi anónimo crítico, porque eso no tiene nada que ver con el interés del público, sino con vender una agenda política, pura y dura.

Por ejemplo, apuesto mis ingresos del último mes a que está usted, querido lector, al cabo de la calle de que un supremacista blanco en Nueva Zelanda ha entrado en un par de mezquitas y ha matado a tiros a casi cincuenta personas. Es probable que lo haya visto varias veces en la televisión, que lo haya leído en la prensa escrita, que incluso haya presenciado debates sobre el caso o leído análisis del mismo.

También estoy seguro de que la gran mayoría ha ignorado la matanza de más del doble de cristianos -120, en concreto- en Nigeria por parte de fundamentalistas islámicos. De hecho, me consta que los grandes medios han dado mucho menos espacio a la noticia. Y no, la razón no es el racismo, no es porque sean negros. Es porque son cristianos.

Las matanzas de cristianos, la persecución de cristianos, el acoso a los cristianos y la discriminación contra los cristianos son un quebradero de cabeza para el editor de un gran medio, porque estropea totalmente el relato que venden.

Los cristianos son los malos, los cristianos son los que persiguen, acosan y discriminan.

¿Cómo vamos a decir de golpe y porrazo que son desde hace mucho -desde que recuerdo, en realidad- el grupo religioso, incluso ideológico o indentitario, más perseguido y asesinado por serlo del mundo?

Nigeria es un caso en punta. Es un país muy poblado, está previsto que encabece la lista de los más poblados del mundo, y en él los cristianos mueren como chinches a manos de los musulmanes, sin que el gobierno, en manos de un musulmán, se lo tome demasiado en serio. Ni el resto del mundo, a decir verdad, que da la espalda a una realidad que, cambiando los protagonistas y poniéndolos en un país de nuestro entorno, sería portada durante varios días.

El Islam baja, avanza hacia abajo en África. La línea es el Sahel; arriba es todo Islam, y por debajo todavía predomina el cristianismo. Pero el número va en descenso, por masacres como esta, o como las protagonizadas por Boko Haram. Y, la verdad, no parece quitarle el sueño a ningún líder mundial ni va el caso a convertirse en bandera de ninguna de esas ONG de moda que salen en la tele casi como departamentos estatales subcontratados.

Pasa lo mismo en Mali y, en general, en toda esa línea. Solo matan de un lado; solo mueren del otro, así es la historia, y es la historia que nadie quiere contar, que a nadie de los que tienen verdadero poder les interesa contar.

Llevamos ya décadas oyendo la consigna robótica de que “la diversidad es nuestra fuerza”. Es estupendo, porque una la oye por todos lados pero solo consigue respuestas vagas o erráticas o el silencio sorprendido cuando pregunta: ¿por qué?

No es cierto. Obligar a convivir en el mismo espacio y con las mismas instituciones a dos grupos con culturas y visiones del mundo completamente distintas es una receta segura para el conflicto. No, no tiene nada que ver con el ‘prejuicio’ o el desconocimiento del ‘otro’, al revés: los odios más arraigados se dan entre comunidades que se conocen perfectamente, y por eso saben que pueden vivir conforme a la visión de los unos o de los otros, no cabe “la de los dos”. Lo saben los indios, lo saben los libaneses, lo saben en Israel/Palestina, lo saben los ex yugoslavos.

No tiene nada que ver con lo que deba ser, con campañas educativas, con viajar mucho, como dicen los cosmopaletos: es la naturaleza humana, que prefiere lo familiar a lo extraño y aspira a que ‘los suyos’ gobiernen su propia casa.

Pero es predicar en el desierto, porque nuestros mandarines son muy listos y tienen un plan, y creen que la naturaleza humana es plastilina en sus manos providenciales.

Profanan una docena de iglesias en Francia en la última semana

Una docena de iglesias han sido profanadas a lo largo de los últimos siete días en muy distintos puntos de Francia, víctimas del vandalismo anticristiano más palmario.

En Nimes (departamento del Gard), cerca de la frontera con España, la iglesia Notre-Dame des Enfants (Nuestra Señora de los Niños), ha sido profanada de manera particularmente odiosa: unos desconocidos pintaron una cruz con excrementos humanos, saquearon el altar mayor y el sagrario y robaron las hostias, que fueron descubiertas más tarde entre montones de basura.

Así mismo la iglesia de Notre-Dame en Dijon (departamento Côte-d’Or), en el este del país, sufrió el saqueo del altar mayor y las hostias fueron extraídas también del tabernáculo, esparcidas por el suelo y pisoteadas.

En Lavaur, en el departamento meridional del Tarn, la iglesia del pueblo fue asaltada por unos jóvenes en aparente estado de embriaguez. El brazo de una representación de Cristo crucificado fue «torcido» para hacer creer que hacía un gesto obsceno.

En la periferia de París, en el departamento de Yvelines, varias iglesias han sufrido degradaciones de diversa importancia, en Maisons-Laffitte, en Houilles.

Sin tener un origen religioso o cultural particular, las profanaciones de la última semana tienen un carácter anticristiano evidente. Ebrios de un odio feroz, los vándalos desean dar a sus actos una clara dimensión antirreligiosa. Durante los últimos meses, bandas antisemitas han profanado cementerios judíos, «firmando» sus acciones con cruces gamadas. En el caso de la profanación de las iglesias católicas, el vandalismo no está «firmado»: habla por sí solo: burlas atroces de la figura de Cristo en la cruz y profanación de altares mayores.

La jerarquía religiosa prefiere guardar púdico silencio. La Conferencia episcopal y varias personalidades se han limitado a subrayar esa amenaza anticristiana, esperando que la autoridad política y policial haga su trabajo. En ese marco, quizá tenga particular importancia el incendio de la iglesia de Saint-Sulpice, no lejos de la de Saint-Germain-des-Prés, dos emblemáticos monumentos nacionales.

La Policía está convencida del carácter criminal de esta acción, el pasado domingo, poco después de la misa de doce, con el templo ya vacío. Un sacerdote de la parroquia vio en días pasados a un individuo que prendía fuego a maderas en las inmediaciones, pero no dio importancia al incidente sin aparente trascedencia. La Policía busca al posible sospechoso.

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