Un “samurai” para evitar una guerra entre Irán y EEUU

ABD3. TEHERÁN (IRÁN).- El presidente iraní Hassan Rouhani (i)...
El presidente iraní Hasan Rohani recibe al primer ministro japonés, Shinzo Abe, en el complejo Saad Abad, en Teherán. Abedin Taherkenareh EFE

El primer ministro japonés Shinzo Abe ya ha aterrizado en Irán. A media tarde, el ministro de Exteriores iraní, Mohamed Yavad Zarif, lo ha recibido a pie de pista en el aeropuerto teheraní de Mehrabad. Así ha comenzado una visita con muchas novedades: es la primera de un jefe de Ejecutivo nipón a Irán desde la Revolución de 1979, será una de las pocas en las que el visitante será recibido por el Guía Supremo iraní, Ali Jamenei, y el ilustre huésped no viene sólo por una mera formalidad; trae un mensaje de EEUU.

Por eso, el iraní de a pie no se mantiene ajeno. Consumida tras un año de sanciones salvajes y con cierto temor a un conflicto armado que empeore todavía más la frágil situación económica, parte de la población pone sus esperanzas en la posibilidad de que la visita llegada del país del Sol Naciente suponga un punto de inflexión. El diario reformista ‘Sazangégui’ publica este miércoles en portada una ilustración de Shinzo Abe caracterizado como un samurai. En la mano, un sugerente papel enrollado: ¿una misiva de Trump?

Por contra, el periódico ‘Farhijtegan’, de una línea dura notablemente reforzada desde que el presidente estadounidense corroboró su discurso (“EEUU no es de fiar”), retirándose del pacto atómico en 2017, optó por imprimir la foto de un inmenso hongo nuclear. “¿Cómo puede confiar en un criminal de guerra, Sr. Abe?”, le inquiere su editorial. La ausencia de hostilidad mediática hacia el nipón -alguien también de la confianza del inquilino de la Casa Blanca- casan con la buena sintonía que ambos países han mantenido durante décadas. Si bastará para calmar las aguas, aún es duda.

Está previsto que, tras verse con Yavad Zarif, Shinzo Abe se reúna con el presidente iraní Hasan Rohani, en el suntuoso palacio norteño de Sadabad. Durante el jueves, segundo y último día de encuentros oficiales, tendrá lugar la recepción con la persona que tiene la última palabra en todos los asuntos de Estado de Irán. Este momento será, tras un mes de tensiones regionales, el mayor esfuerzo de un tercer país por mediar en la actual crisis diplomática, militar y económica que protagonizan Irán y EEUU.

Pero, ¿qué tiene que decir Shinzo Abe? Las expectativas varían entre las más ambiciosas y las a duras penas prosaicas. La prensa japonesa sugiere que Abe, uno de los líderes más estables, al mando de la tercera mayor economía del mundo, busca sólo ganar puntos de imagen en el exterior de cara a la cumbre del G-20, que acogerá a finales de este mes. Por otra parte, recordando que Donald Trump le telefoneó poco antes de partir hacia Irán, algunos observadores señalan que podría traer una oferta suculenta.

“Lo que pueda hacer Abe depende de lo que Trump le haya encomendado”, opina, al medio ‘Bloomberg’, el profesor de Política Internacional de la Universidad Abierta de JapónKazuo Takahashi. “Si va a ser sólo un mensajero, se está poniendo en evidencia frente a la opinión pública mundial. No creo que adopte tal riesgo político, sin ideas con que tentar a los iraníes ofrecidas por los americanos”. Antes de partir hacia Teherán, Shinzo Abe se limitó a expresar su deseo de “jugar un rol” y “aligerar las tensiones”.

Los iraníes sí tienen un deseo, y es el mismo que han manifestado durante el último año, cada vez que Donald Trump -que retiró la firma de EEUU del pacto nuclear forjado por Obama en 2015, alegando que no satisfacía sus expectativas- ha insinuado su voluntad de negociar, siempre tras jugar al palo y la zanahoria: que, a fin de allanar el terreno para un diálogo, renuncie a las sanciones draconianas que han golpeado duramente su economía durante los últimos meses.

Según la agencia Reuters, funcionarios iraníes han dicho que Irán instará a Shinzo Abe a mediar, entre ellos y EEUU,para que Washington rebaje las sanciones a la importación de crudo iraní. “Como gesto de buena voluntad, América debería alzar las sanciones injustas al petróleo o extender las exenciones o suspenderlas”, explican a Reuters. La liberación temprana este martes de Nizar Zakka, condenado por Irán a diez años de cárcel por “espionaje” para EEUU, ha sido vista como un gesto iraní en esta línea.

Irán sabe que uno de los países más afectados por las sanciones estadounidenses a la compra de su crudo es Japón. El país oriental importa más del 88% de su crudo desde Oriente Próximo y ha sido un cliente tradicional de los iraníes. De hecho, la reintroducción de sanciones dio al traste con el viaje que Shinzo Abe tenía previsto hacer a la República Islámica en 2017, con fines puramente comerciales. Ahora, estabilizar la región importa para su economía. Pero las circunstancias imponen a Abe, además, la necesidad de realzar una talla diplomática que, advierten analistas, no ha dado anteriormente al lidiar con Rusia y Corea del Norte.

elmundo.es

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