Españoles en las ‘monterías humanas’ para cazar a los últimos del Daesh

Foto: Milicianos de la unidad yazidí de Haydar Shasho (primer plano), junto a un excapitán del Ejército español que se ha reenganchado varias veces en las YBS. (Ferran Barber)
Milicianos de la unidad yazidí de Haydar Shasho (primer plano), junto a un excapitán del Ejército español que se ha reenganchado varias veces en las YBS. (Ferran Barber)

¿Qué tienen en común un anarquista portugués, exveterano de la Legión francesa, y un terciario de los capuchinos valenciano conocido con el sobrenombre de Bahuz Sores, antiguo cabo del Grupo de Operaciones Especiales III, que se autodefine como cruzado? Por un lado, el que ambos juraron lealtad al nuevo paradigma ideológico de Apo Ochalan que sustenta todas las guerrillas kurdas de izquierda en las que han servido (el PKK y las YPG, entre otras). Y por otro, que han llegado a combatir hombro con hombro contra el Estado Islámico dentro de las YBS (Unidades de Resistencia de Sinyar), una milicia creada por los kurdos turcos e iraníes para defender a los yazidíes de Irak. Lo que la ideología y la guerra civil separó, lo unió el Daesh.

Los primeros voluntarios europeos comenzaron a llegar a Sinyar a partir de 2016, cuando todavía era noticia que una pequeña avalancha de occidentales se uniera, aquí y allá, a las fuerzas militares lideradas por los kurdos del norte de Siria (Rojava) para combatir al ISIS, junto a los norteamericanos. La mayoría de ellos regresaron a sus países tras servir seis meses en la guerrilla. Lo que es menos conocido es que un pequeño grupo de españoles ha perpetuado su compromiso con los kurdos y los yazidíes. Algunos vuelven regularmente y otros se han quedado para siempre patrullando las montañas de Sinyar.

Bahuz Sores, más conocido como Simón, patrulla por antiguas posiciones del Daesh en la ciudad yazidí de Irak, Sinyar City, destruida por los yihadistas y hoy reducida a cascotes. (F. B.)
Bahuz Sores, más conocido como Simón, patrulla por antiguas posiciones del Daesh en la ciudad yazidí de Irak, Sinyar City, destruida por los yihadistas y hoy reducida a cascotes. (F. B.)

Limpiar el desierto de islamistas y proteger a la población civil se ha convertido en el trabajo estable de estos reenganchados españoles, que han creado su hogar de las montañas iraquíes y que ya no encuentran su lugar en la península cuando regresan unos días, muy de Pascuas a Ramos. Nunca se terminaron de creer que Occidente hubiera dado por derrotado al Daesh tras expulsarlo de sus últimos bastiones. Y tenían razón. El ISIS sigue vivo. Claro que las reglas del juego se han modificado.

Hasta la caída de Baguz (Siria), en marzo de 2019, se le combatía como a un ejército regular de terroristas o cuerpo a cuerpo en escenarios urbanos, al tiempo que era preciso defenderse de sus ataques suicidas. Ahora debe pelearse contra un enemigo más insidioso organizado como ‘células durmientes’, una denominación amorfa tras la que se ocultan los restos islamistas del naufragio.

Cada vez que se activan, organizan incursiones asesinas contra los pequeños pueblos de Sinyar lo que explica, a su vez, que las fuerzas allí presentes, fratricidamente enemistadas en circunstancias normales, olviden sus diferencias por un segundo para darles caza. A esta especie de actos sociales de carácter militar, se les llama oficialmente ‘operaciones’, pero se asemejan más a monterías. Nos hemos unido a varios españoles para tomar parte en una de ellas.

Paramilitares kurdos y yazidíes se congregan junto a la fábrica de cemento de Sinyar para dar caza a un puñado de yihadistas del Daesh. (F. B.)
Paramilitares kurdos y yazidíes se congregan junto a la fábrica de cemento de Sinyar para dar caza a un puñado de yihadistas del Daesh. (F. B.)

“¿Que por qué seguimos aquí? Porque si nos fuéramos volverían a matar a los civiles de todas estas aldeas”, dice Bahuz Sores, un valenciano de 50 años, mientras conduce un ‘pick-up’ de Toyota por las apretadas curvas de la carretera secundaria que circunda el Este de la sierra de Sinyar, una región iraquí que varios bandos se disputan y que podría convertirse en breve en un nuevo campo de batalla. Solo unos minutos antes, han alertado por la radio de un ataque a una aldea perpetrado por varios yihadistas.

Sores es bien conocido en España por su primer ‘nom de guerre’, Simón de Monfort. A finales del pasado verano, presentó en Madrid un libro titulado Cruzado contra el Estado Islámico, que habla de un modo elocuente sobre las razones que le empujaron en su día a viajar a Irak. Para bien o para mal, él es culpable en parte de que amplios sectores de la extrema derecha apoyen sin tapujos a los kurdos de Siria e Irán, pese a que su proyecto es de carácter claramente socialista. Desde la página de Facebook que coadministra no ha tenido nunca inconveniente en defender al antaño estalinista Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) ni en admitir abiertamente que comparte muchos de sus valores.

En realidad, hace tiempo que nadie se sorprende, por ejemplo, de que la extrema derecha coincida con algunos partidos comunistas en defender el régimen de Assad o que apoye explícitamente a los kurdos en su lucha contra el Daesh. Incluso el presidente de Vox, Santiago Abascal, alabó la lucha antiautoritaria de un puñado de milicianas del PKK durante un viaje a Irak realizado en octubre de 2014, en el transcurso del cual visitó la base de Majmur de esa guerrilla kurda. Pretendió hacer creer en su cuenta de Twitter que las guerrilleras socialistas eran, en realidad, peshmerga de la dictadura kurdo-iraquí de la familia Barzani. Pero las fotografías le delataban. Se había retratado con las rojas.

Trump los llama “terroristas”

Lo que sí ha causado controversia es que, hace solo unos días, Donald Trump vinculara a estos voluntarios occidentales de las unidades kurdas con el movimiento Antifa. En definitiva, el presidente norteamericano ha hecho suyas las tesis de Erdogan y ha acusado a los kurdos de formar un totum revolutum junto al movimiento Antifa para defender su causa. No es un asunto baladí, porque Trump se ha mostrado partidario de ilegalizar el Antifa en su país e incluirlo en el listado de agrupaciones terroristas. En su opinión, sus miembros están detrás de los actos violentos desencadenados por el asesinato de George Floyd. A Trump se debe también la decisión de retirar el apoyo de los norteamericanos a los kurdos, decisión que abrió las puertas de Rojava a una nueva invasión turca.

En realidad, en torno a la etiqueta de Antifa (derivada de la forma alemana de ‘antifascista’), solo hay un heterogéneo conglomerado de activistas y grupos autónomos que esencialmente comparten la iconografía y su odio por la extrema derecha. Y ese es justamente el problema. Tan cierto es que una parte de los voluntarios españoles y de otros países que se unieron a los kurdos se definen como tales como que otra, igual o más significativa, son de extrema derecha. Tanto por Rojava como por la base de Sinyar donde siguen sirviendo varios españoles han pasado cruzados, simpatizantes de Democracia Nacional y la Falange y supremacistas blancos de distintas afiliaciones.

Un excapitán del Ejército español conocido como Baran abraza a un voluntario valenciano. (F. B.)
Un excapitán del Ejército español conocido como Baran abraza a un voluntario valenciano. (F. B.)

Lo que sí resulta incuestionable es que la milicia en la que sirve aún Bahuz Sores junto a varios españoles más (YBS) fue creada por el PKK, una organización incluida por España y la OTAN en el listado de organizaciones terroristas, lo que, en términos jurídicos, no significa que también lo sea, salvo a juicio de Turquía, con la que el Gobierno español del PSOE y Unidas Podemos acaba de suscribir un acuerdo para mantener las tropas que custodian los misiles Patriot en Incirlik. Desde esa base se ha prestado apoyo aéreo a las fuerzas turcas de infantería durante las dos operaciones militares (principios de 2018 y finales de 2019) llevadas a cabo por Ankara para ocupar el norte de Siria.

‘Bidonvilles’ yazidíes

Más allá de todos estos rifirrafes políticos en los que se ha enlodado Trump, de lo que no hay ninguna duda es de que la situación de los civiles es igual o peor que al principio del conflicto. El próximo mes de agosto se cumplirán seis años del genocidio de Sinyar y la mayoría de los yazidíes que tuvieron que salir huyendo aún malviven en misérrimos ‘bidonvilles’ de plástico y de chapa, acodados en las hondonadas de los valles que coronan las montañas; en los campos improvisados de desplazados que tenemos que rodear mientras nos dirigimos a una aldea conocida como Bab Al Jan para unirnos a la batida contra un número que aún desconocemos de yihadistas del Estado Islámico.

Se habla de un grupo de entre quince y veinte. Los vieron no muy lejos de la fábrica de cemento. Se dice que intentaron infiltrar alguna de esas diminutas aldeas yazidíes a las que incluso los mapas conocidos rehúsan dar un nombre. Que pretendían inmolarse es seguro. Sobre las colinas resecas que motean los villorrios del oriente de Sinyar vemos ascender para tomar posiciones a los convoyes de milicianos, una abigarrada multitud de partidas armadas con diferentes insignias y uniformes, o sin ninguna insignia o uniforme. Únicamente les une su deseo de dar caza a los sociópatas. No hallarán indulgencia los islamistas entre quienes les persiguen porque todos quieren ser los dueños de la bala que terminará por reventarle la cabeza a cuatro de ellos. Se dice que entre diez y quince más han logrado escapar.

Hay combatientes del Ejército regular de Irak; de varias brigadas de Al Hashd Al Sha’abi; de la milicia yazidí del mítico Haydar Shasho —a las que se han unido algunos peshmergas de los Barzani— además de guerrilleros llegados desde posiciones cercanas de las YBS, la milicia en la que sirven los españoles y sus camaradas europeos. En total, varios cientos de hombres desplegados en diferentes abanicos. Y entre ellos, los de la Península.

Todos esos grupos militares y paramilitares se disputan Sinyar, pero cada vez que la hidra del Daesh asoma una cabeza suelen aparcar sus diferencias para convertir las cacerías en un acto social de frío hermanamiento. Solo toman té juntos cuando hay que abatir a un islamista. Observados de lejos, se asemejan a un puñado de paisanos camino de una romería.

Milicianos yazidíes de Haydar Shasho baten los montes. (F. B.)
Milicianos yazidíes de Haydar Shasho baten los montes. (F. B.)

“Son tan despiadados como idiotas”, nos dice un miliciano sueco con ancestros yazidíes. “Hace algunos días hablé con uno que llevaba amarrada una cucharilla al brazo para poder comer ‘shormat’ [sopa] en su maldito paraíso [risas]”. Algunos días después, el escandinavo resultará gravemente herido, mientras combatía contra los turcos en Rojava. Hoy ya está recuperado.

Junto a Bahuz, el valenciano, viajan en el Toyota un hispano-alemán de origen canario conocido como Sidar y un portugués crecido en Francia que se aferra a su AK mientras cuenta los segundos para empezar a disparar contra cualquier cosa que se mueva. “No vine aquí para hacerme selfis”, dice el luso. Cada uno de los voluntarios se enroló en la milicia con su canción. No son mercenarios porque no venden su arma.

Nadie habla en Sinyar de sus diferencias ideológicas para preservar la necesaria camaradería. El agua y el aceite unidos por el odio a los nazi-islamistas. A los más jóvenes del grupo tan solo les alienta una vaga pulsión humanista; una borrosa convicción de que son parte de los buenos. Hay algo de aventura en vivir en condiciones inhumanas mientras los yihadistas acechan allá afuera.

El canario Sidar y el alemán Julian —en la actualidad, en paradero desconocido— atraviesan un 'check-point' iraquí en la trasera de un Toyota. (F. B.)
El canario Sidar y el alemán Julian —en la actualidad, en paradero desconocido— atraviesan un ‘check-point’ iraquí en la trasera de un Toyota. (F. B.)

Territorio comanche

El ISIS se ha reorganizado en las áreas rurales de la región de Anbar (en torno a la ciudad iraquí de Ramadi) o en una amplia franja de casi doscientos kilómetros de longitud, situada al sur de las montañas de Sinyar, salpicada de pequeñas aldeas árabes. Los yihadistas se camuflan a menudo como inocentes lugareños o viven esperando su oportunidad escondidos bajo la vegetación o en agujeros que excavan en las rocas.

El Ejército de Irak se ha declarado incapaz de controlar cada centímetro de ese desierto. Además, es un secreto a voces que muchos de los nativos siguen prestando apoyo a los terroristas bien por simpatía, bien por miedo. Es común entre las familias de estos pueblos árabes suníes entregar un hijo a los yihadistas a la manera de una especie de peaje.

En la caja del ‘pick-up’ que conduce Bahuz viajan otros dos milicianos occidentales. Se aferran fuertemente a los soportes de las lonas y al portón de carga para no salir despedidos en las curvas que el valenciano enfrenta haciendo chirriar las gomas. De tanto en tanto, se detienen al paso de otra comitiva de guerrilleros que acuden como ellos a la ‘montería’ para recabar información actualizada sobre las coordenadas de los asesinos.

Es común entre las familias de estos pueblos árabes suníes entregar un hijo a los yihadistas a la manera de una especie de peaje

Oficialmente, la YBS es una milicia autónoma creada por los yazidíes para protegerse de sus enemigos. Pero todo el mundo sabe que la guerrilla fue armada y es controlada, de facto, por milicianos kurdos procedentes de Irán y de Turquía. Es el PKK con un cambio de uniforme y una insignia diferente.

Los guerrilleros de las montañas de Turquía vinieron, en efecto, para ayudar a los yazidíes tras la huida de los peshmerga de Barzani a quienes habían confiado su defensa. A juzgar por el modo en que se han fortificado, no tienen la intención de irse, lo que explica que Ankara bombardee sus posiciones con frecuencia y escudriñe a diario con sus drones sus infraestructuras subterráneas, pese a que las YBS, junto a las YPG, eran también sobre el terreno los más estrechos aliados de Estados Unidos y la coalición, en la lucha contra el yihadismo antes de que Donald Trump decidiera retirarse del avispero sirio.

Muchos de los camaradas kurdos de armas de la unidad española pasan semanas bajo tierra, defendiendo esas posiciones militares conectadas por las galerías. Solo alguien educado bajo la espartana disciplina de la guerrilla podría soportar esa clase de vida. Los llamados ‘cadros’ de las YBS no pueden casarse, ni utilizar el móvil, ni mantener relaciones sexuales, ni mantener contacto alguno con los miembros de su familia. Son la versión contemporánea de los monjes-guerreros. Caminan a menudo durante la noche y duermen por el día. También los españoles pernoctan en los bosques para cuidarse de la aviación y los drones turcos. Hace unas semanas fulminaron desde el cielo a uno de sus comandantes.

Mojigatería socialista

Los que viven en Sinyar pueden sentirse afortunados porque al menos, no deben alimentarse de raíces y de bayas. Cada vez que las chicas de las YBJ con las que conviven —juntos, pero no revueltos— anuncian una visita, se apresuran a cubrirse hasta los brazos. Es un acto hilarante de mojigatería socialista. “No pueden tan siquiera vernos lavándonos la cara porque lo consideran ‘kedexé’ [la versión secular y guerrillera de ‘pecado’]”, dice Bahuz Sores.

De haber tenido lugar este intento de penetración del ISIS que ahora pretenden abortar en las proximidades de su posición, hubieran puesto en marcha un estudiado dispositivo. El propio valenciano hubiera conducido el vehículo del DSHK, una ametralladora pesada rusa de 23 milímetros que disparan las chicas kurdas del YBJ (la sección femenina de las YBS). Tanto Bahuz como Sores, un catalán de 21 años, hubieran dado cobertura al ‘doshka’ con una ametralladora BKC (conocida también como PK) y un RPG7, lanzacohetes portátil de origen soviético.

El canario Sidar y el alemán Julian —en la actualidad, en paradero desconocido— patrullan Sinyar en un vehículo de las YBS. (F. B.)
El canario Sidar y el alemán Julian —en la actualidad, en paradero desconocido— patrullan Sinyar en un vehículo de las YBS. (F. B.)

Los francotiradores Haki —portugués— y Kemal —vasco, de 45 años— hubieran acudido a combatir provistos de un artefacto de fabricación local conocida como Zagros, un Frankenstein de acero armado con fragmentos de otras armas. Baran —de 46 años, excapitán del Ejército español— hubiera combatido con el dragunoff; Sidar —el hispano-alemán de origen canario, de 23 años—, Berxwedan —sueco de 20 años— y Andook —el alemán, fallecido algo después de la ‘cacería’— se hubieran ocupado de la ametralladora BKC y los RPG7. Varios ‘hevales’ más [nombre con el que se designa en kurdo a los ‘camaradas’] hubieran ocupado puestos en las diferentes DSHK motorizadas o los Katiushas. Lo han hecho ya otras veces. Se saben el guion de carrerilla.

Pero la ‘montería’ de la fábrica de cemento les ha pillado con el pie cambiado. Los asesinos han sido detectados en la zona occidental de las montañas de Sinyar y los españoles tienen su base en el extremo oriental de la serranía. Se enteraron por la radio cuando estaban patrullando en las inmediaciones de Sinoni, de modo que el dispositivo de actuación se ha improvisado sobre la marcha. “Todo lo que tenemos son los ‘kalash’ y un subfusil alemán”, dice Sidar, el canario, mientras ascendemos por los montes de una aldea próxima a Golata, donde al menos dos de los terroristas han tirado de la anilla de sus chalecos hace algún rato.

Se fueron al infierno sin provocar ninguna baja. En nuestro camino hacia lo alto de la loma, Bahuz cruza unas palabras con el mando de una unidad de yazidíes de la Fuerza de Protección de Sinyar (HPE) que lidera Hayder Shasho. Los guerrilleros de las HPE serán los que al final abatirán a cuatro más de los quince o veinte yihadistas que intentaron infiltrarse en esta zona. Seis de ellos no volverán jamás a sus agujeros.

Fotos gore

No han transcurrido siquiera diez minutos y escuchamos las detonaciones de las balas que acabarán, literalmente, reventando sus cabezas. Habíamos estrechado el cerco sobre ellos hasta estrangular a uno de sus grupos. Hace solo cinco años que esos mismos asesinos sobre cuyos cuerpos ahora escupen las partidas que les han dado caza avanzaban hacia Sinyar para asesinar a los yazidíes, esclavizar a sus niños y mujeres y destruir sus poblaciones. “Son de naturaleza impura, peores que animales”, repetían los del Daesh mientras subastaban a las niñas yazidíes.

Las fotografías gore de los yihadistas finalmente alcanzados por los hombres del líder yazidí Haydar Shasho corrieron en minutos de móvil en móvil, por toda la serranía donde se habían desplegado las partidas. Había más de fiesta en la batida que de operación de guerra. Sus cráneos astillados quedaron convertidos en una especie de balón amorfo y sus cuerpos, reducidos a un amasijo de carne ennegrecida.

Peshmerga de Barzani. Estas tropas son irreconciliables enemigos de la unidad de la que los españoles forman parte. Solo se reúnen durante los operativos militares contra el Daesh. (F. B.)
Peshmerga de Barzani. Estas tropas son irreconciliables enemigos de la unidad de la que los españoles forman parte. Solo se reúnen durante los operativos militares contra el Daesh. (F. B.)

Lo que allí sucede es una guerra. El alemán Andook aún no lo sabía el día de la cacería, pero moriría algunas semanas después bajo las bombas lanzadas por Ankara contra Serekaniye (Siria). Tanto Julian, igualmente alemán, como un joven norteamericano fueron arrestados por la policía de los territorios autónomos kurdos del norte de Irak hace algo más de una semana cuando viajaban a Suleimanya para tomar el avión de vuelta a casa. A finales de febrero, fueron liberados. Al menos diez españoles han pasado por el ‘hotel’ de los Barzani.

Sehid namirin

Entre los caídos en la historia de esta unidad de voluntarios hay dos de la Península: el gallego Samuel Prada, abatido por los turcos en Afrin, y Ramón Llull, muerto durante una operación contra el Daesh en Deir ez-Zor. Otro médico español de las YBS —doctor Delil— fue accidentalmente alcanzado por una vieja mina de la época de Saddam. Tras recuperarse de sus graves heridas en el hospital militar Gómez Ulla, regresó de nuevo a Sinoni. Todos conocen en los montes de Sinyar a Delil. El ‘doctor Hispani’ ha salvado cientos de vidas.

En el momento de la cacería había seis españoles; ahora quedan tres. Muchos van y vienen. Pero la compañía de peninsulares contra el Daesh ha adquirido ya un carácter casi estable y permanente. En la YBS el español es la lengua franca, uno de los tres principales idiomas de intercambio.

Concluida la batida, hemos regresado hasta las ruinas de la antigua capital de estas tierras de mayoría yazidí. Sinyar City es una ciudad fantasma que quizá nadie reconstruya para que jamás se olvide este notable hito de la iniquidad humana. Ya no quedan yazidíes en la población que rindan pleitesía en sus templos cónicos al ángel restituido al que llaman Shaitan cuyas lágrimas secaron las llamas del infierno.

Julian, voluntario alemán de las YBS, en Sinyar City. (F. B.)
Julian, voluntario alemán de las YBS, en Sinyar City. (F. B.)

Quizá, después de todo, el ISIS sí ganara esta guerra”, nos diría al término de la batida el hoy ya muerto Andook. No muy lejos de una vieja iglesia de Sinyar reducida a cascotes donde alguien escribió “¡Viva Serok Apo!”, un muecín llama a la oración a los milicianos de Al Hashb Al Sha’abi que patrullan por la ciudad. En Sinyar City hay destacamentos de al menos tres bandos enfrentados. La convivencia es siempre tensa, un edificio frágil que a menudo se agrieta dejando sobre el suelo de un ‘checkpoint’ varios fiambres. Una trifulca originada por el arresto de dos españoles que intentaban alcanzar su posición en el frente se saldó hace algo más de un año con cuatro muertos iraquíes.

“Son todos del maldito Daesh”, dicen los kurdos mientras atravesamos a toda prisa una pequeña población de mayoría árabe situada a pocos kilómetros de la base de los españoles. Está a punto de caer la noche y es preciso abandonar los edificios del tabur para dormir a la intemperie. Los turcos suelen realizar sus razias aéreas por la noche. “No os inquietéis si escucháis sonidos de sartenes. Son los aldeanos yazidíes que protegen sus ganados de los ataques de las hienas y los lobos”, nos advierten. Un chacal aparecerá ahorcado junto a la entrada de la población a la mañana siguiente. Es un buen recordatorio de que no hay nada en ese desierto que no amenace tu vida.

elconfidencial.com

China abre otro frente con India

Pedro González
China e India

La meteórica ascensión de China hacia la cumbre de ser considerada como la gran superpotencia mundial, en disputa con Estados Unidos, añade un nuevo frente a los que ya tiene en curso. Las hostilidades se han vuelto a abrir, esta vez con otra gran potencia, India, con quien había mantenido hasta ahora un difícil statu quo desde la guerra que ambos sostuvieron en 1962. Aquel conflicto, de apenas un mes de enfrentamientos armados, se saldó con más de mil muertos por cada bando y la ocupación china de la meseta de Aksai Chin, al nordeste de Cachemira. Pero aquel armisticio siempre fue considerado como una humillación por India, que no ha cesado de reivindicar su soberanía sobre aquella zona del Himalaya, además de reclamar la posterior ocupación por parte de China de 38.000 kilómetros cuadrados del estado de Sikkim, y de rechazar las pretensiones de Pekín sobre otra franja de 90.000 kilómetros cuadrados del estado nororiental indio de Arunachal Pradesh.

El pretexto para las nuevas escaramuzas entre soldados de uno y otro país ha sido la pretensión india de convertir en carretera de gran capacidad una senda situada en el valle de Galwan, fronterizo justamente con la “ocupada” meseta de Aksai Chin. Los enfrentamientos comenzaron a palos y pedradas el pasado mes de mayo, pero los choques han pasado a mayores a mediados de junio, al reconocer India una veintena de muertos entre sus tropas, mientras que China admite también un número no precisado de bajas.

Hablamos de las dos grandes potencias de Asia, tanto demográficas como nucleares, que no han cejado en el último medio siglo de alimentar sus respectivos nacionalismos y sus correspondientes ambiciones hegemónicas. Esas descomunales dimensiones son las que provocan la inquietud de las cancillerías, y los correspondientes movimientos diplomáticos tendentes a sostener a una u otra potencia.

La creciente pugna chino-norteamericana ha llevado al presidente norteamericano, Donald Trump, a acercar posiciones y estrechar lazos con el primer ministro indio, Narendra Modi, quién a su vez también ha acentuado su enfrentamiento con Pakistán so pretexto de la supresión de la autonomía de la región de Cachemira. A su vez, el presidente chino, Xi Jinping, avala las reivindicaciones de Islamabad, a quién ya cedió una amplia franja de terreno fronterizo con Cachemira. El líder chino ha reforzado su comercio petrolero con Rusia e Irán, a modo de desafío hacia Estados Unidos.

Peleado con todos sus vecinos

Este recrudecimiento de las disputas fronterizas con India se une a las que China sostiene prácticamente con toda su vecindad al este y sur del país, desde Japón a Vietnam, además claro está de los últimos gestos y amenazas contra Hong Kong y la isla de Taiwán, que Pekín no ceja en reivindicar como partes del país y que deben ser plenamente asimiladas, de grado o por la fuerza.

La política china de diplomacia dulce parece ir dejando paso hacia un ostensible endurecimiento, algo inevitable por otra parte para quién intenta erigirse primero como la indiscutible superpotencia hegemónica de Asia. Redes de conexión y de poder como la Nueva Ruta de la Seda no empecen los empeños anexionistas. El formidable rearme militar de China en los últimos años, que no parece haber detenido la mortífera pandemia del coronavirus, se contempla como uno de los peldaños fundamentales de su expansionismo, negado una y otra vez por los portavoces de la diplomacia de Pekín, pero que la realidad, por ejemplo, de la construcción y consolidación de las islas artificiales en el mar meridional, dotadas de acantonamientos militares, bases navales y aeródromos parecen desmentir.

La pandemia, originada en la populosa ciudad de Wuhan, no ha detenido la estrategia china encaminada a su indiscutible dominio continental, rampa de lanzamiento de una hegemonía más amplia. No son pocos los análisis que predicen que el próximo gran conflicto de la humanidad estallará en Asia. El continente, en efecto, alberga a dos megapaíses, que a ellos dos solos les corresponde casi el 40% de la población mundial. Ambos, desde ópticas, sistemas y culturas muy distintas, aspiran a un destino histórico que tiene muchas posibilidades de encontrarse con un enfrentamiento mucho más amplio y brutal que el de unas sangrientas escaramuzas fronterizas.

atalayar.com

EEUU anunció recompensas de hasta USD 10 millones por Jesús Santrich e Iván Márquez, disidentes de las FARC y aliados de Maduro

Alias "Iván Márquez", frente a la computadora, y alias "Jesús Santrich", sentado a su lado con gafas oscuras, junto a combatientes de las FARCAlias “Iván Márquez”, frente a la computadora, y alias “Jesús Santrich”, sentado a su lado con gafas oscuras, junto a combatientes de las FARC

El Departamento de Estado norteamericano anunció que ofrecerá recompensas de hasta 10 millones de dólares por información que lleve al arresto de Seuxis Hernández-Solarte, también conocido como “Jesús Santrich”; y Luciano Marín Arango, conocido como “Iván Márquez”, disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y aliados del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.

“Ambos son antiguos líderes de las FARC que abandonaron el proceso de paz y tienen una larga historia de participación en actividades de tráfico de drogas, lo que resultó en sus acusaciones penales”, manifestó el secretario de Estado, Mike Pompeo, en un comunicado.

“Estados Unidos valora su asociación con Colombia. Continuaremos los fuertes esfuerzos de intercambio de información y desarrollo de capacidades de las fuerzas del orden público de Estados Unidos y Colombia, que son esenciales para interrumpir y desmantelar las organizaciones criminales transnacionales que operan en la región. También compartimos la preocupación de Colombia de que el régimen de Maduro está brindando apoyo a grupos armados ilegales de Colombia”, agregó.

Luego subrayó que estas recompensas se ofrecen bajo el “Programa de recompensas de narcóticos” (NRP, por sus siglas en inglés) del Departamento de Estado. “Más de 75 traficantes de narcóticos importantes han sido llevados ante la Justicia bajo el NRP desde que comenzó en 1986. El Departamento ha pagado más de 130 millones de dólares en recompensas por información que conduzca a esas detenciones”, recordó.

“Estas acciones demuestran el compromiso del Departamento (de Estado) de apoyar los esfuerzos de aplicación de la ley y todo un enfoque gubernamental para combatir el tráfico de drogas y el crimen organizado transnacional”, concluyó.

Iván Márquez y Jesús Santrich en Cuba (AFP)Iván Márquez y Jesús Santrich en Cuba (AFP)

La “nueva guerrilla” de Santrich y Márquez

La autoproclamada comandancia de las FARC-EP Segunda Marquetalia, la nueva guerrilla que conformaron Iván Márquez, Jesús Santrich y otros cabecillas de las desmovilizadas FARC, reapareció en enero pasado después de meses sin dar noticias ni emitir comunicaciones.

Los comandantes estarían separados en distintos puntos de la geografía del país, pero a principios de año, entre el 6 y 8 de enero, lograron reunirse en una zona cercana a la frontera venezolana para realizar una cumbre y emitir un pronunciamiento político. Es conocido el vínculo con el régimen de Maduro.

En la reunión, emitieron un texto denominado “Declaración Política”, en donde nuevamente recordaron que “el Gobierno (colombiano) no ha tenido voluntad para implementar el acuerdo pactado en La Habana”, lo cual reconocen como una de sus motivaciones para haber desertado del proceso de paz y retomado las armas.

Afirmaron que “en Colombia hay muchas cosas por enderezar y corregir, y por eso las movilizaciones sociales vendrán con todo en esta alborada del 2020, con paros, tomas de plazas y carreteras nacionales, y las cacerolas en las noches gritando su inconformidad”.

De esta manera, trataron de acercarse a los movimientos sociales que promovieron la huelga generalizada que vivió el país el año pasado. En este sentido, los rearmados halagaron especialmente “la lucha de los estudiantes contra la corrupción”.

En esa aparición, los liderados por Santrich y Márquez dijeron que estaban dispuestos “al propósito de la paz completa” y a formar parte de un “Gran Acuerdo Político Nacional que permita convenir las reformas y ajustes institucionales necesarios para atender los retos que la paz con justicia social está reclamando, y poner en marcha un nuevo marco de convivencia política y social”. Sin embargo, lejos de eso, continuaron con los enfrentamientos, como por ejemplo el que dejó seis soldados muertos esta semana.

infobae.com