Al-Sisi se muestra firme y avisa sobre una posible intervención militar egipcia en Libia

El presidente de Egipto, Abdel Fattah al-Sisi

PHOTO/REUTERS  –   El presidente de Egipto, Abdel Fattah al-Sisi

Abdel Fattah al-Sisi, presidente de Egipto, advirtió sobre la disposición del Ejército de su país para intervenir tanto dentro como fuera de sus fronteras, en clara alusión al conflicto que se desarrolla en la vecina Libia, donde se lleva a cabo una guerra civil entre el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA, por sus siglas en inglés), radicado en la capital Trípoli y representado por el primer ministro Fayez Sarraj, y el Ejército Nacional libio (LNA, por sus siglas en inglés), comandado por el mariscal Jalifa Haftar y asociado al otro Ejecutivo oriental de Tobruk.

El máximo dirigente norteafricano confirmó el sábado que el Ejército de su país es uno de los más fuertes de Oriente Medio y que es capaz de defender la seguridad tanto interna como externa de la nación. En un breve discurso dirigido a destacamentos militares en la región occidental próxima a la frontera con Libia, Al-Sisi instó a estar preparados “para llevar a cabo cualquier misión aquí dentro de nuestras fronteras o si es necesario fuera de nuestras fronteras”. “Cualquier intervención directa en Libia tendrá como objetivo asegurar la frontera y un alto el fuego”, aseveró el mandatario, quien añadió que “cualquier interferencia del lado egipcio en Libia ahora tiene legitimidad internacional, especialmente a medida que los países extranjeros continúan armando a las milicias extremistas”, y que “Sirte y Al-Jafra son una línea roja” que no se debe cruzar.

Miembros del Ejército egipcio junto a un tanque en un convoy militar
PHOTO/REUTERS – Miembros del Ejército egipcio junto a un tanque en un convoy militar

Egipto está claramente alineado con el LNA de Jalifa Haftar, mientras el GNA recibe el apoyo de Turquía, que interviene en Libia con el sustento de los fondos de Qatar, impidiendo el acceso a una solución política, alimentando el conflicto armando a las milicias del Gobierno de Fayez Sarraj y transfiriendo mercenarios y grupos terroristas para apoyarlo, con el objetivo de prolongar el enfrentamiento en un intento de hacerse fuerte en el Mediterráneo, donde busca extender su alargada sombra y hacerse con ricos recursos petrolíferos y de gas. De hecho, a finales del año pasado, el primer ministro Sarraj selló un acuerdo con Recep Tayyip Erdogan, presidente otomano, para asegurarse el respaldo militar del país euroasiático y de cara a repartir zonas económicas exclusivas para explotar recursos en el arco mediterráneo, algo que entró en conflicto con los intereses legítimos de naciones como Grecia y Chipre.

A este aviso de Abdel Fattah al-Sisi han respondido rápidamente grandes potencias de la esfera árabe como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Jordania para mostrarle su respaldo ante una acción bélica en territorio libio que puede amenazar la seguridad nacional egipcia.

El mariscal del LNA libio Jalifa Haftar
AFP/DIVISIÓN DE INFORMACIÓN DE GUERRA LNA – El mariscal del LNA libio Jalifa Haftar

Este bloque de Oriente Medio ofrece su apoyo en bloque al bando del LNA en el marco de la guerra contra el GNA, que recibe el citado sustento a su vez de Qatar y la Turquía de Recep Tayyip Erdogan, que entró con fuerza en escena destinando a sus Fuerzas Armadas y a mercenarios a sueldo pro-turcos procedentes de la guerra de Siria y relacionados con formaciones terroristas yihadistas, según han venido publicando diversos medios. El respaldo es total a Al-Sisi, quien el sábado afirmó que una intervención sería legítima para proteger su nación, limítrofe con Libia, y que su Ejército, uno de los mejor preparados de la región, está listo para afrontar cualquier eventualidad, como ya se ha apuntado.

En esta línea, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Arabia Saudí señaló en un comunicado oficial que “apoya” a Al-Sisi y afirmó que “Egipto tiene el derecho a defender sus fronteras y a su pueblo del extremismo y las milicias terroristas”. Agregó que “la seguridad de la República Árabe de Egipto es una parte integral de la seguridad del reino de Arabia Saudí y de toda la nación árabe”.

Fayez Sarraj, primer ministro del GNA
PHOTO/AFP – Fayez Sarraj, primer ministro del GNA

También, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Emiratos reseñó su apoyo a Egipto “en todas las medidas que adopte para proteger su seguridad y estabilidad de las consecuencias y desarrollos preocupantes en Libia”.

Además, el ministro de Asuntos Exteriores de Jordania, Ayman al-Safadi, se comunicó con su homólogo egipcio, Sameh Shoukry, para mostrarle su respaldo, como informó el Departamento de Exteriores de Jordania. Al-Safadi, según la nota oficial, manifestó el “apoyo total” de Jordania ante “cualquier amenaza a su seguridad y estabilidad procedente de Libia”.

El ministro de Exteriores egipcio ya indicó este domingo que un cambio de la situación establecida en los enclaves de Sirte y Al-Jafra (en el centro de Libia) significaría una situación “grave” que requeriría una “respuesta oportuna, con los medios adecuados”, aunque resaltó que una acción militar sería “la última solución”.

Combatientes leales al Gobierno Libio de Acuerdo Nacional (GNA) disparan granadas de mortero en medio de los enfrentamientos con las fuerzas rivales leales al mariscal Jalifa Haftar, cerca del aeropuerto internacional de Trípoli, la capital, el 3 de junio de 2020
PHOTO/AFP – Combatientes leales al Gobierno Libio de Acuerdo Nacional (GNA) disparan granadas de mortero en medio de los enfrentamientos con las fuerzas rivales leales al mariscal Jalifa Haftar, cerca del aeropuerto internacional de Trípoli, la capital, el 3 de junio de 2020

Arabia Saudí, Jordania y EAU elogiaron la propuesta egipcia de un alto el fuego inmediato en Libia y la retirada de mercenarios extranjeros que luchan en ambos bandos para lograr un proceso de paz entre las facciones libias que ponga fin a la guerra que se lleva desarrollando desde 2014 entre los diferentes polos de poder surgidos tras el derrocamiento y muerte de Muamar El Gadafi en 2011.

El Ministerio de Exteriores saudí hizo un llamamiento a la comunidad internacional para que “asuma sus responsabilidades” y garantice el apoyo a la iniciativa del presidente egipcio para llegar a una “solución integral que confirme la seguridad del territorio libio”.

La pasada propuesta presentada por Al-Sisi junto a Haftar en El Cairo consiguió el apoyo de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que apoya internacionalmente al GNA desde 2016, y de algunos aliados del mariscal, pero no del Ejecutivo de Trípoli, que en las últimas semanas lleva a cabo avances sobre el terreno frente a las fuerzas del mariscal. En este punto, está siendo clave el apoyo de Turquía a las fuerzas de Sarraj con su Ejército y las milicias dispuestas sobre el terreno, relacionadas con grupos islamistas radicales. Gracias a la ayuda dispuesta, el Gobierno tripolitano tuvo conquistas importantes en los últimos tiempos como las de Sorman y Sabratha y presentó dura oposición para hacerse con el antiguo aeropuerto capitalino, inhabilitado desde hace seis años.

Combatientes leales al Gobierno del Acuerdo Nacional (GNA) reconocido por Naciones Unidas abren fuego de tanques desde su posición en la zona de Al-Sawani al sur de la capital libia, Trípoli, durante los enfrentamientos con las fuerzas leales al mariscal Jalifa Haftar
AFP/MAHMUD TURKIA – Combatientes leales al Gobierno del Acuerdo Nacional (GNA) reconocido por Naciones Unidas abren fuego de tanques desde su posición en la zona de Al-Sawani al sur de la capital libia, Trípoli, durante los enfrentamientos con las fuerzas leales al mariscal Jalifa Haftar
Contactos entre Erdogan y Tamim bin Hamad al-Thani

Tras el anuncio hecho por Abdel Fattah al-Sisi, el movimiento de respuesta de turco-qatarí no se hizo esperar. Una vez conocida la advertencia del presidente del país del norte de África, Recep Tayyip Erdogan se puso en contacto con Tamim bin Hamad al-Thani, emir de Qatar, para requerir apoyo si se produce la intervención egipcia, como reseñaron las agencias oficiales de noticias qatarí y turca.

Ambos líderes acordaron desarrollar relaciones estratégicas entre los dos países; además, discutieron una serie de cuestiones regionales e internacionales de interés común.

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, derecha, y el emir de Qatar, el jeque Tamim bin Hamad al-Thani
PHOTO/Servicio de Prensa Presidencial vía AP – El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, derecha, y el emir de Qatar, el jeque Tamim bin Hamad al-Thani

Por su parte, el GNA, apoyado por Turquía y Qatar, calificó de “hostil” e “inaceptable” la actitud del presidente egipcio Al-Sisi y llamó a la comunidad internacional a “asumir su responsabilidad ante esta escalada”. El Gobierno de Acuerdo Nacional de Sarraj definió como una “declaración de guerra” las amenazas de Egipto de intervenir militarmente en el conflicto en ese país.

La amenaza egipcia de intervenir en el conflicto libio “es un acto hostil, una injerencia flagrante y el equivalente a una declaración de guerra”, apuntó el GNA en un comunicado oficial.

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América Latina, la región que más cayó en el ranking mundial de países pacíficos

La policía nicaragüense bloquea una calle durante el estallido de las protestas de julio de 2018 (REUTERS/Oswaldo Rivas)La policía nicaragüense bloquea una calle durante el estallido de las protestas de julio de 2018 (REUTERS/Oswaldo Rivas)

No fue un buen año para la paz mundial. Si bien los países que progresaron en comparación con 2019 se imponen por 81 a 80 a los que retrocedieron, la caída de los segundos superó largamente al alza de los primeros. En promedio, las 163 naciones incluidas en el Índice de Paz Global 2020 (IPG) sufrieron un deterioro del 0,34 por ciento.

Solo dos de las nueve regiones en las que se clasifica el estudio experimentaron mejoras en la comparación interanual: América del Norte y Eurasia. En todas las demás creció la violencia, en ninguna otra más que en América Latina, donde se produjo un notable aumento de la tasa de encarcelamiento y de las protestas violentas. De todos modos, sigue lejos de las áreas menos pacíficas del mundo, donde sobresalen Medio Oriente y el Norte de África, con Afganistán, Siria e Irak como los países más afectados.

El Global Peace Index califica cuán pacíficos son los países teniendo en cuenta diferentes variables, que se condensan en un índice final para cada una de las naciones evaluadas. El informe, publicado todos los años en la plataforma web Vision of Humanityes elaborado desde 2008 por el Institute for Economics & Peace (Instituto para la Economía y la Paz, IEP), un prestigioso think tank global surgido en Australia, con el que colaboran investigadores y expertos de todo el mundo.

El IPG se divide en tres dimensiones: Seguridad, Conflictos en curso y Militarización. En los primeros dos se registraron deterioros, y el tercero fue el único con avances. De los 23 indicadores en los que se dividen las tres dimensiones, 12 empeoraron, ocho mejoraron y tres se mantuvieron estables en relación al informe de 2019.

El declive de la paz mundial no comenzó este año. Es la tendencia dominante desde 2008, cuando comenzó a realizarse el índice, que acumula una caída promedio de 3,76% por país. En nueve de los 12 años transcurridos se detectaron descensos interanuales. El terrorismo aparece como un factor decisivo en este incremento, aunque en los últimos años disminuyó el número de muertes asociadas con ataques.

El fenómeno más reciente es el aumento de las protestas violentas, que durante el año pasado se registraron en 96 de los 163 países analizados. Entre 2011 y 2019, las revueltas callejeras crecieron 282%, y las huelgas generales, 821 por ciento. La pandemia —cuyos efectos sobre la paz solo se ven parcialmente en el informe de 2020— aplacó temporalmente esos conflictos, pero los investigadores del IEP creen que puede contribuir a que se potencien una vez que se empiecen a sentir las consecuencias económicas y sociales.

La paz en el mundo

Islandia se mantiene desde 2008 como la nación más pacífica del planeta, con un índice de 1,078. Con una población de apenas 364.000 habitantes, este país nórdico tiene también uno de los estándares de vida más altos del mundo, sin importar el criterio con el que se lo mida. No obstante, entre 2019 y 2020 subió 14 puntos —a mayor puntaje, menores niveles de paz—, en gran medida como consecuencia de un leve aumento de la la tasa de homicidios y del gasto militar.

Completan el top 5 Nueva Zelanda (1,198), Portugal (1,247), Austria (1,275) y Dinamarca (1,283). Es lógico que sean todos países pequeños, con poca población —el más poblado es Portugal, con 10,2 millones de habitantes—, y relativamente ricos. Terminan de encabezar el ranking Canadá (1,298), Singapur (1,321), República Checa (1,337), Japón (1,360) y Suiza (1,366).

No sorprende que seis de los diez países más pacíficos sean europeos, ya que es la región más próspera y estable del mundo. Sin embargo, también está sufriendo un deterioro en distintos indicadores y en 19 estados del continente se produjo un retroceso, frente a 16 que avanzaron.

Islandia, el país más pacífico del mundo (Shutterstock)Islandia, el país más pacífico del mundo (Shutterstock)

Por segundo año consecutivo, Afganistán es el país menos pacífico del mundo. Ocupa el puesto 163 del ranking con un índice de 3,644. “A pesar de la firma del acuerdo de paz entre los Estados Unidos y los talibanes en febrero de 2020, los ataques violentos continuaron solo días después de la firma. Además, siguen existiendo disputas internas sobre los resultados de las elecciones de septiembre de 2019, en las que Ashraf Ghani asumió la presidencia mientras que el candidato rival, Abdullah Abdullah, celebró su propia ceremonia de juramento. Afganistán también ha experimentado el mayor deterioro de la región debido al aumento de la tasa de homicidios, la creciente importación de armas, el aumento del número de refugiados y desplazados internos, y un menor compromiso con la financiación de las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas”, sostiene el informe del IGP.

Siguen de cerca a Afganistán, Siria (3,539), Irak (3,487), Sudán del Sur (3,447) y Yemen (3,411). Todos son incluidos dentro de la región conocida como MENA, sigla que en inglés refiere a la unión de Medio Oriente con el Norte de África, que es la menos pacífica del mundo desde hace tiempo. Completan la parte baja del ranking cuatro naciones africanas: Somalia (3,302), Libia (3,258), República Democrática del Congo (3,243) y República Centroafricana (3,237). A ellas se suma Rusia, que ocupa el puesto 154 a pesar de haber mejorado levemente su resultado el último año.

Si el análisis se enfoca en la comparación con 2019, el país que experimentó la mejora más importante es Azerbaiyán, que descontó 189 puntos y trepó 12 posiciones. Está 120º a nivel mundial, así que su situación está lejos de ser ideal. Pero el avance fue notable. El segundo mayor progreso lo tuvo Armenia, su vecino occidental, con el que mantiene una vieja disputa territorial. Escaló 15 lugares en la tabla, tres más, pero descontó 122 puntos, bastantes menos.

“Azerbaiyán y Armenia registraron la primera y la segunda mayores mejoras en materia de paz a nivel mundial, debido principalmente a la mejora de las relaciones entre ambos. El último gran conflicto abierto fue la ‘guerra de cuatro días’ de abril de 2016, en la que la disputa sobre la región geográfica de Nagorno-Karabaj se saldó con la muerte de unas 300 a 500 personas. El éxito del cese de hostilidades en 2017-2019 y la denominada ‘revolución de terciopelo’ en Armenia en 2018 han mejorado considerablemente las relaciones entre los dos países”, dice el informe.

En el extremo opuesto, ningún país retrocedió tanto como Benín. Esta nación de 11,4 millones de habitantes en África Occidental sumó 222 puntos y cayó 35 posiciones. En 2019 estaba en un lugar relativamente envidiable en relación a muchos de sus vecinos: ocupaba el puesto 71, con un índice de 1,960, que revelaba una importante dosis de estabilidad. Pero la radicalización del gobierno de Patrice Talon desató una crisis política de alcances imprevisibles.

“Los enfrentamientos esporádicos han continuado desde que se celebraron elecciones legislativas en abril de 2019, de las que se excluyó a los partidos de la oposición. El ex presidente Thomas Boni Yayi se exilió el año pasado después de haber sido mantenido bajo arresto domiciliario de facto por el actual líder de Benin, Patrice Talon. La ausencia de la oposición en la votación legislativa ha provocado disturbios, con violentas protestas en todo el país, incluso en la capital, Porto Novo, en el sur, y en Tchaourou y Kilibo, en el centro”.

Solo otros dos países experimentaron un retroceso comparable: Nicaragua y Venezuela. Son los dos ejemplos más claros y dramáticos de la erosión de la democracia y del aumento de la violencia en América Latina.

La paz en América Latina

El IPG divide a la región en dos. Por un lado, América Central y el Caribe. Por el otro, Sudamérica. Ambas sufrieron los mayores retrocesos entre 2019 y 2020. En la primera, la caída se explica principalmente por un deterioro en la dimensión Conflictos en curso. En la segunda, por un aumento de la militarización y un empeoramiento de la seguridad.

El país más pacífico de América Latina es Costa Rica. Ocupa el puesto 32 del ranking mundial, con un resultado acumulado de 1,691. A pesar de algunos indicadores negativos, como un aumento en la tasa de homicidios de 11,9 a 12,3 cada 100.000 habitantes, descontó 15 puntos y subió dos posiciones en comparación con 2019. Uno de los mayores desafíos para este país de casi 5 millones de habitantes fue recibir a entre 55.000 y 70.000 migrantes nicaragüenses, que huyeron de los conflictos internos.

El segundo más pacífico, muy cerca, es Uruguay, que está 35º, con 1.704. Luego siguen Chile, que está 45º (1,804), Panamá, que está 56º (1,875), y Argentina, que está 74º (1,978), y es el único de los cuatro grandes de la región que se ubica entre los menos violentos. Los otros tres están entre los cinco menos pacíficos: Colombia es el segundo (140º a nivel mundial, con 2,646), México es el tercero (137º, 2,572) y Brasil es el quinto (126º, 2,413).

El único que está realmente peor es Venezuela, que es el menos pacífico de la región y por poco no ingresa en las diez posiciones más bajas del mundo. Está 149 en la clasificación global y tiene un índice de 2,936. Entre 2019 y 2020 subió 206 puntos —tercer mayor retroceso del planeta— y cayó cuatro lugares en el ranking.

La única nación latinoamericana que dio más pasos hacia atrás que Venezuela es Nicaragua, que sumó 215 puntos y cayó 15 escalones en el ranking, ya que partía de un lugar bastante más alto. Ahora ocupa el puesto 135, con un índice de 2,553. La destrucción del estado de derecho por parte del gobierno de Daniel Ortega desde las protestas de 2018 hundieron al país en una espiral de violencia de la que no logra salir.

“El aumento de las muertes por conflictos internos, la probabilidad de delitos violentos y el deterioro en la escala de terror político han contribuido significativamente a esta disminución de la paz. Se estima que 70.000 personas huyeron de Nicaragua en 2019 como consecuencia de la persecución del gobierno. Ha habido un aumento de la actividad delictiva de los grupos paramilitares y se ha alegado que el Gobierno ha torturado a cientos de prisioneros políticos en respuesta a las protestas generalizadas de 2018”, sostiene el informe.

La policía antidisturbios hace guardia durante una protesta contra el régimen de Nicolás Maduro en Caracas, Venezuela, el 10 de abril de 2019 (REUTERS/Ivan Alvarado)La policía antidisturbios hace guardia durante una protesta contra el régimen de Nicolás Maduro en Caracas, Venezuela, el 10 de abril de 2019 (REUTERS/Ivan Alvarado)

El tercer mayor retroceso en la región lo protagoniza un país que, un años atrás, nadie habría esperado encontrar en esa posición. Se trata de Chile, que pasó de ser el más pacífico de América Latina, 28º a nivel mundial, a caer hasta el puesto 45, tras un aumento de 163 puntos. La razón fueron las mayores protestas desde el retorno de la democracia, que estallaron a mediados de octubre pasado y se extendieron durante meses en reclamo mayor igualdad. Si bien fueron multitudinarias y mayormente pacíficas, las movilizaciones se vieron afectadas por episodios de violencia y vandalismo, que fueron reprimidos por la Policía en muchos casos de manera desmedida, lo que dejó un saldo de al menos 25 personas muertas.

Pero no son todas malas noticias para la región. Tres países progresaron considerablemente durante el último año: Honduras descontó 73 puntos, el quinto mayor avance a nivel mundial, y subió cuatro puestos en el ranking; Paraguay recortó 65 puntos y subió 11 posiciones; y República Dominicana descontó 49 y escaló tres lugares en la clasificación global.

Honduras sigue siendo uno de los países menos pacíficos del mundo y la región: ocupa el puesto 119 y tiene un índice de 2,288. Pero por su pasado reciente de violencia estructural, estos avances resultan prometedores. “Honduras ha sufrido algunas de las tasas más altas de conflicto interno y violencia interpersonal en el mundo en la última década. Sin embargo, el nivel de conflicto ha disminuido constantemente en los últimos cinco años. A medida que las actividades de las bandas delictivas han comenzado a ceder, la tasa de homicidios ha caído constantemente y las muertes por conflictos internos se han reducido a cero. El indicador de la escala de terror político mejoró, lo que sugiere que la represión del gobierno ha disminuido ahora, y también hubo una reducción en el número de ataques terroristas y de muertes por terrorismo. Sin embargo (…) a pesar de estas mejoras, todavía hay muchas fuentes potenciales de conflicto y tensión dentro de Honduras”.

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La sombra de Daesh se cierne sobre Siria

Un miembro de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) hace guardia mientras acompaña a los soldados estadounidenses en el campo occidental de la ciudad siria nororiental de al-Malikiyah (Derik), durante una patrulla en las ciudades kurdas cercanas a la frontera con Turquía, el 7 de junio de 2020

AFP/DELIL SOULEIMAN  –   Un miembro de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) hace guardia mientras acompaña a los soldados estadounidenses en el campo occidental de la ciudad siria nororiental de al-Malikiyah (Derik), durante una patrulla en las ciudades kurdas cercanas a la frontera con Turquía, el 7 de junio de 2020

La historia de Daesh (el autodeterminado Estado Islámico) cambió por completo el 25 de octubre de 2019. Aquel día, Abu Bakr al Bagdadi, líder de esta organización terrorista perdió la vida durante una operación militar realizada por un comando de fuerzas especiales estadounidenses en una aldea del noroeste de Siria. La pandemia provocada por el nuevo coronavirus ha transformado el panorama geoestratégico relegando a los conflictos, que durante un tiempo ocuparon el centro del debate político y mediático, a un segundo plano. La lucha contra Daesh en Siria, Irak y otros lugares no ha sido una excepción, provocando el resurgimiento de esta organización terrorista en determinados territorios como en Siria, donde Daesh ha lanzado este domingo un nuevo ataque contra las fuerzas del Ejército Árabe Sirio (SAA) en la campiña de Deir Ezzor. 

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (SOHR, por sus siglas en inglés) ha apuntado que Daesh atacó las posiciones del Ejército sirio en la región de Badiya al-Mayadeen, provocando graves enfrentamientos en una zona ya devastada por el conflicto. Según este organismo, al menos ocho soldados del régimen han perdido la vida en este ataque, que se ha producido en la zona de Al-Mazare, una de las regiones con mayor concentración de fuerzas iraníes y milicias leales al régimen. Sin embargo, el SOHR ha  incidido en que “ni Daesh atacó las posiciones iraníes ni los iraníes apoyaron a las milicias del régimen para repeler el ataque”.

Daesh ha aprovechado la pandemia de la COVID-19 para aumentar su presencia en Siria e Irak, y excepcionalmente en Libia. Tras este ataque, las fuerzas de esta organización terrorista desaparecieron en el vasto desierto sirio, según ha informado el digital Al Masdar News. Ante la presencia de Daesh en esta región, el Ejército Sirio, el Ejército Iraquí (junto con Hashd Al-Shaabi) y las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) han iniciado una serie de operaciones para acabar con este grupo terrorista. 

Desde el 24 de marzo de 2019, el SOHR ha documentado el asesinato de al menos 570 soldados del régimen y de milicias leales al mismo de nacionalidades sirias y no sirias, incluidos al menos dos rusos, y 127 milicianos respaldados por Irán. Todos murieron en ataques, bombardeos y emboscadas perpetrados por Daesh, al oeste del Éufrates, en los desiertos de Deir Ezzor, Homs y Al-Suwaidaa.

En esta foto de archivo los civiles evacuados del asediado asentamiento de Daesh en Baghouz esperan en una zona de control de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), respaldadas por los Estados Unidos, en la provincia siria oriental de Deir Ezzor, el 5 de marzo de 2019
AFP/BULENT KILIC – En esta foto de archivo los civiles evacuados del asediado asentamiento de Daesh en Baghouz esperan en una zona de control de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), respaldadas por los Estados Unidos, en la provincia siria oriental de Deir Ezzor, el 5 de marzo de 2019

Este organismo – con sede en Londres y una red de informantes en suelo sirio—también ha registrado la muerte de al menos cuatro civiles que trabajaban en campos de gas y de once  pastores. Asimismo, el SOHR ha informado de la muerte de al menos 212 miembros de Daesh en estas mismas fechas en ataques o bombardeos. Tras tener lugar este ataque, Daesh ha lanzado otro contra las posiciones de las Fuerzas de Defensa Nacional (FND) respaldadas por el régimen en el desierto de Al-Bolil, en la zona rural de Deir Ezzor, provocando la muerte de tres personas.

En este escenario de inestabilidad marcado por una triple crisis (política, social y económica), el presidente sirio Bachar al-Asad – quien cuenta con el apoyo de Rusia e Irán — está avanzando en su objetivo de recuperar cada centímetro del territorio sirio, incluido la gobernación de Idlib, en el noroeste del país. En el último bastión de las fuerzas rebeldes, el grupo yihadista Tahrir al-Sham y el Ejército Libre Sirio (FSA), mantienen sus posiciones, respaldadas por las fuerzas militares turcas. Las hostilidades en esta región llevaron a Ankara y Moscú a firmar un documento que precisa los términos del cese de hostilidades.  En virtud de este acuerdo, las fuerzas armadas rusas y turcas comenzaron a realizar patrullas conjuntas a lo largo de la autopista que conecta Alepo con Damasco o la carretera que une Alepo con Lataquia.

Oficiales del ejército turco, a la derecha, hablan con un oficial del ejército ruso cerca de la ciudad turca de Idil, en la frontera entre Turquía y Siria, antes de realizar su tercera patrulla conjunta en el noreste de Siria, el viernes 8 de noviembre de 2019
PHOTO/ Turkish Defence Ministry via AP – Oficiales del ejército turco, a la derecha, hablan con un oficial del ejército ruso cerca de la ciudad turca de Idil, en la frontera entre Turquía y Siria, antes de realizar su tercera patrulla conjunta en el noreste de Siria, el viernes 8 de noviembre de 2019

Mientras tanto, el Ministerio de Asuntos Exteriores francés ha anunciado este lunes su intención de repatriar a diez niños hijos de yihadistas de nacionalidad francesa que se encontraban atrapados en los campamentos del noroeste del país. La agencia de noticias EFE ha destacado que la decisión de trasladarlos a Francia se justifica en “la situación de vulnerabilidad de estos niños y en el marco de las autorizaciones dadas por los responsables locales”.

El coronavirus es una amenaza para los acuerdos de cooperación internacionales, cruciales para luchar contra el Daesh, tanto en Siria, como en otras regiones como el Sahel, la cuenca del lago Chad o Afganistán. El secretario general adjunto de la Oficina de Lucha contra el Terrorismo de la ONU, Vladimir Voronkov, advirtió el pasado mes de febrero de que este grupo terrorista pretende “resurgir y recuperar relevancia global, tanto virtual como real, aspirando a restablecer su capacidad y reanudar sus operaciones internacionales de gran complejidad”. Pese a la pérdida de su último bastión en Siria en marzo del año pasado y la de su líder en octubre, Daesh – una organización caracterizada por su gran capacidad de resiliencia y su adaptación a los nuevos contextos — ha continuado intensificando su presencia en un país destruido por el conflicto. 

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